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‘La buena hija’ aborda la violencia vicaria en el Festival de Málaga

Durante la etapa de preproducción de “La buena hija”, la directora Júlia de Paz y su equipo realizaron un exhaustivo proceso de casting que involucró a más de 500 niñas. De esta búsqueda surgió Kiara Arancibia, quien fue seleccionada por su capacidad para encarnar a Carmela, una joven que atraviesa una crisis de identidad y que mantiene sus emociones bajo una superficie de contención. En el marco del 29 Festival de Málaga, donde la cinta compite por la Biznaga de Oro, la cineasta detalló que su objetivo era encontrar una protagonista que rompiera con los cánones de feminidad tradicionales para mostrar una complejidad psicológica profunda. Por su parte, la actriz Kiara Arancibia señaló que su preparación fue fundamental para interpretar el universo de una menor de 12 años que descubre realidades familiares dolorosas tras la separación de sus padres.

El eje narrativo y los vínculos familiares

La trama de “La buena hija” se centra en la vida de Carmela, quien se ve obligada a mudarse con su abuela tras la ruptura matrimonial de sus progenitores. En este nuevo entorno, la niña expresa un fuerte anhelo por convivir con su padre, un artista plástico al que idolatra. No obstante, la influencia de este hombre trasciende el deseo infantil y afecta de manera determinante a las tres generaciones de mujeres de la familia —la abuela, la madre y la hija—, forzando a cada una a confrontar su posición y su porvenir dentro de un núcleo marcado por tensiones ocultas.

La presentación oficial del largometraje tuvo lugar en el emblemático cine Albéniz, contando con la asistencia de la directora Júlia de Paz, la coguionista Nuria Dunjó y los protagonistas Kiara Arancibia, Janet Novás y Julián Villagrán. Durante el evento, de Paz describió la obra como un tránsito emocional que va “del amor al desamor con el padre, y del desamor al amor hacia la madre”, puntualizando que el foco de la historia reside en cómo la pequeña Carmela comienza a descorrer el velo sobre la verdadera naturaleza de su progenitor, repitiendo de algún modo el ciclo que vivió su madre años atrás.

Una perspectiva sobre la violencia invisible

Uno de los pilares fundamentales del guion es la representación de la violencia familiar, un elemento que la narrativa decide omitir deliberadamente en los primeros compases para que el espectador experimente el descubrimiento al mismo ritmo que la protagonista. Nuria Dunjó, coautora del texto, explicó que evitaron la explicitud gratuita para reflejar fielmente cómo los niños perciben y procesan la información en contextos reales de abuso o manipulación.

“La apuesta fue que el público también pudiera empatizar con el personaje del padre. Ponerle en esa incomodidad de casi entender por qué hace las cosas y no hacer nada maniqueo ni decirle qué es lo que tiene que sentir”

Con estas palabras, el actor Julián Villagrán resumió el desafío de interpretar al padre, un rol que le exigió evitar estereotipos de villanía y navegar por la inseguridad para generar una sensación de incomodidad en la audiencia, permitiendo que no existan juicios simplistas de entrada.

Investigación y compromiso social

El proyecto, que nace como una extensión del cortometraje homónimo de la propia Júlia de Paz, es el resultado de una investigación documental que se prolongó entre cinco y seis años. Las guionistas mantuvieron entrevistas con sobrevivientes de violencia machista, trabajadores sociales, abogados, jueces y hombres con condenas firmes. A través de este trabajo, detectaron una preocupante falta de escucha hacia los menores que son víctimas directas o indirectas de estas dinámicas, lo que se convirtió en el motor principal para construir el punto de vista de la película.

Respecto a la elección de Kiara Arancibia, la directora reiteró que buscaba una presencia que pudiera transmitir la represión de sentimientos de manera natural. El diseño de producción y la dirección de fotografía se alinean para seguir de cerca a Carmela, otorgando voz a los niños que suelen ser testigos silenciados en los conflictos domésticos. Sobre la urgencia de tratar estos temas, Júlia de Paz fue tajante al mencionar la realidad estadística actual:

“Este año llevamos 18 feminicidios y dos niños asesinados”

Esta declaración subraya la intención de la película de visibilizar la violencia vicaria, aquella que utiliza a los hijos para herir a las madres, y denunciar cómo el sistema a menudo ignora las necesidades emocionales y la protección de los más pequeños.

Un regreso triunfal a Málaga

La participación de Janet Novás y Julián Villagrán en el reparto aporta matices esenciales para comprender los conflictos entre generaciones que plantea el filme. Esta producción marca el retorno de Júlia de Paz al certamen malagueño tras el éxito de su ópera prima, “Ama”, en 2021. Con “La buena hija”, la directora reafirma su compromiso con un cine socialmente consciente, que no solo busca entretener, sino también invitar a una reflexión profunda sobre los límites de lo que consideramos violencia en la intimidad del hogar y la importancia de validar la perspectiva de la infancia.

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