Para muchos individuos, la tarea de establecer límites en sus vínculos afectivos resulta una labor sumamente compleja. Factores como el temor a los enfrentamientos, el deseo de no causar molestias o el miedo a que el lazo se rompa terminan relegando las necesidades propias a un plano secundario. Frecuentemente, el intento de poner una barrera ocurre únicamente cuando ya se ha acumulado una carga significativa de insatisfacción, lo que deriva en que el mensaje se transmita desde la ira, logrando que el receptor lo perciba como una agresión y reaccione con hostilidad.
El especialista en salud mental Fran Sánchez ha compartido, mediante su plataforma de TikTok bajo el usuario @minddtalk, un método práctico para marcar límites de manera asertiva y cordial, evitando así los roces innecesarios. El psicólogo enfatiza que el éxito de esta acción no reside solamente en lo que se requiere, sino primordialmente en la forma de comunicarlo.
“Muchas veces marcamos límites desde la imposición”
Es común que las personas utilicen expresiones demandantes tales como “tienes que tratarme así”, “tienes que involucrarte más” o “tienes que hacer esto”. Sánchez apunta que este lenguaje suele ser el resultado de un estado previo de agotamiento o frustración acumulada ante una conducta persistente.
Esta modalidad de expresar prioridades individuales suele activar un mecanismo de defensa inmediata en el otro. A pesar de que la solicitud sea razonable, el matiz de orden o crítica es interpretado como un ataque directo o una restricción a la libertad personal.
“La otra persona puede entender lo que quieres decir, pero la forma en que lo recibe hace que se bloquee o se cierre”
, puntualiza el profesional.

Para ejemplificar esta dinámica, Sánchez utiliza un escenario recurrente en las relaciones sentimentales: la demanda de tiempo de calidad compartido. Si bien una falta de tiempo esporádica puede no ser un problema, la situación se vuelve crítica cuando, de manera constante, uno de los miembros prioriza otras actividades por encima de la pareja.
En esta instancia surge el choque. El psicólogo observa que la molestia acumulada suele explotar en frases directas y agresivas: “Estoy harto, tienes que prestarme más atención; si no, esta relación no tiene sentido”. Aunque se trate de un requerimiento válido, al presentarse como una imposición, se incrementan las chances de iniciar una pelea.
Los límites: un acto de cuidado y no de control
La propuesta del especialista radica en cambiar la estructura del discurso, enfocándose en la necesidad individual en lugar de la exigencia externa. En vez de dar una instrucción, se sugiere describir la vivencia personal y lo que se requiere para mantener el bienestar dentro del vínculo:
“Para mí es muy importante tener cierta regularidad en el tiempo de calidad que paso con mi pareja. No podría estar en una relación donde esto no sucediera porque lo pasaría mal. ¿Crees que podemos encontrar alguna solución para que esto cambie?”

Mediante este estilo comunicativo, se logra trasladar el mismo límite pero eliminando la imposición. Esto permite que la contraparte evalúe si tiene el deseo o la capacidad de construir una relación bajo esos términos. Para el psicólogo, este matiz es vital: expresar estas prioridades no busca el control del otro, sino transparentar lo que se necesita para que la unión prospere.
Si el receptor del mensaje no muestra disposición para ajustar su conducta o negociar un término medio, esto no invalida la necesidad planteada. A menudo, esto simplemente revela una incompatibilidad profunda entre los individuos. En última instancia, estas necesidades personales no buscan ganar una pelea, sino preservar el vínculo sin descuidar la propia salud emocional.
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