Para comprender la compleja realidad que atraviesa actualmente Medio Oriente, es imperativo abandonar la premisa de que el mundo islámico funciona como un bloque monolítico. El coronel (R) Omar Locatelli, destacado analista, director de la Editorial Universitaria del Ejército Argentino y especialista en la región, explica que, si bien árabes y persas están unidos por la fe, sus cimientos históricos, idiomas y objetivos políticos muestran identidades que suelen encontrarse en veredas opuestas.
El también docente de la Escuela de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas establece un claro paralelismo entre ambos grupos. Por un lado, describe al mundo árabe como una sociedad históricamente cimentada en clanes y estructuras tribales que hoy apuesta por alianzas estratégicas con Occidente. En contraparte, sitúa a Irán como el sucesor de una herencia estatal milenaria que, a partir de la Revolución de 1979, ha tomado una bandera de confrontación ideológica.
“Esta no es solo una disputa teológica entre sunitas y chiitas (las dos corrientes mayoritarias del islam); es una lucha por la hegemonía regional que utiliza la religión para estructurar alianzas, conflictos y el destino de una de las zonas más sensibles del planeta”
Esta pugna de poder utiliza las diferencias culturales y religiosas para moldear el escenario bélico contemporáneo, donde las tensiones del pasado siguen marcando el ritmo de la geopolítica actual.
Raíces históricas y estructuras sociales
Al analizar las diferencias fundamentales, Locatelli resalta que la estructura social de base es determinante. Irán (Persia) posee una tradición estatal que proviene de los antiguos imperios aqueménida y sasánida. Esta herencia les ha permitido consolidar un aparato militar y burocrático de gran solidez, capaz de ejecutar planes estratégicos a muy largo plazo.
Por el contrario, el entorno árabe se ha organizado históricamente a través de tribus y clanes. Según el experto, esta característica dificultó la formación de estados nación modernos tras los procesos de descolonización, resultando frecuentemente en la instauración de regímenes militares o monarquías para garantizar la unidad territorial.
En cuanto al ámbito religioso, en estas naciones no existe una división clara entre la Iglesia y el Estado, como ocurre en los sistemas occidentales. El Corán se establece como la fuente primordial del derecho, organizando la moral y la justicia como una extensión de la voluntad divina, lo que otorga a la religión un peso total sobre la política institucional.
Pragmatismo frente a resistencia revolucionaria
En el campo de la política exterior, las diferencias se agudizan. El bloque árabe, liderado principalmente por Arabia Saudita, se inclina hacia el pragmatismo y la cooperación con potencias occidentales. Utilizan herramientas de soft power, como el ambicioso plan “Visión 2030”, con el fin de modernizar su imagen global y diversificar sus ingresos económicos.
En la otra vereda, Irán fundamenta su identidad política en la oposición al “imperialismo occidental” y en la difusión de su doctrina revolucionaria, presentándose como un baluarte de autarquía y resistencia regional.
Esta rivalidad entre la mayoría árabe sunita y el liderazgo persa chiita se materializa en las denominadas “guerras subsidiarias”. Estos conflictos indirectos se desarrollan en escenarios críticos como Siria, Yemen y Líbano, donde cada movimiento debe ser interpretado como una pieza en el tablero por la dominación de la región. El analista subraya que no se puede hablar de un islam homogéneo, sino de identidades en constante fricción.
La vigencia del pasado imperial y el rol del idioma
Al ser consultado sobre si se trata de una lucha religiosa o geopolítica, Locatelli sostiene que ambas son inseparables. Aunque la ruptura doctrinal tiene siglos de antigüedad y se remonta a la sucesión del profeta Mahoma, hoy funciona como el armazón que sostiene la competencia entre Irán y Arabia Saudita.
Sobre la solidez del estado iraní frente a sus vecinos, el analista reitera que la clave es su milenaria organización administrativa. Mientras que muchos estados árabes luchan contra lealtades fragmentadas por su origen tribal, Irán mantiene una visión de largo alcance heredada de sus ancestros imperiales.
Respecto a las reformas sociales en países como Arabia Saudita —como permitir la conducción vehicular a las mujeres—, el especialista advierte que responden más a una estrategia de imagen internacional que a una democratización real. Estas naciones mantienen estructuras autoritarias y visiones conservadoras del islam a pesar de su apertura económica.
Finalmente, el idioma surge como un pilar de identidad. El árabe es el vehículo del Corán y la lengua de la península, pero el farsi es el elemento que une a los iraníes con su gloria previa al islam. Esta distinción lingüística no es solo comunicativa, sino que define quiénes son y de dónde provienen en un entorno donde el pasado siempre está presente.
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