El reciente colapso de una edificación en el centro de Guayaquil nos recuerda que detrás de cada estructura hay historias, familias y negocios construidos con años de esfuerzo. Más allá de las causas técnicas que deberán esclarecerse, estos hechos nos invitan a reflexionar sobre cómo estamos protegiendo nuestro patrimonio y nuestra tranquilidad.
En ciudades con infraestructura antigua y ubicadas en zonas de riesgo sísmico como Ecuador, la prevención no es una opción lejana. Cuando ocurre un evento así, el impacto no es solo material: para una familia puede significar perder su hogar; para un emprendedor, detener completamente su actividad y enfrentar una incertidumbre económica inmediata. “Cuando sucede una situación como esta, el problema no es solo estructural, es humano y económico. Las personas necesitan estabilidad y respaldo para poder rehacer su vida o reactivar su negocio; sin planificación, el impacto puede ser mucho más difícil de superar”, señala Walter Solórzano, Gerente de Operaciones e Indemnizaciones de Generali Ecuador. La pregunta no busca alarmar, sino generar conciencia: ¿estamos preparados para enfrentar un imprevisto de esta magnitud?
Sin caer en el miedo, existen acciones concretas que pueden marcar la diferencia.
Para familias y propietarios:
- Realizar revisiones periódicas del estado estructural del inmueble, especialmente en edificaciones antiguas.
- Conocer el reglamento de propiedad horizontal y entender qué cubren las áreas comunes y qué corresponde a cada propietario.
- Mantener documentación actualizada del inmueble y un inventario básico de bienes.
- Contar con un fondo de emergencia o mecanismos de respaldo financiero.
- Definir un plan familiar ante contingencias, con contactos y puntos de encuentro claros.
Para negocios y emprendedores:
- Ejecutar inspecciones técnicas periódicas del local, incluyendo sistemas eléctricos y de seguridad.
- Implementar y socializar protocolos de evacuación y prevención con el personal.
- Desarrollar un plan de continuidad del negocio que contemple alternativas para operar ante una paralización temporal.
- Diversificar canales de venta o atención para reducir la dependencia exclusiva del punto físico.
- Evaluar herramientas de protección financiera que permitan enfrentar daños materiales o interrupciones sin comprometer la estabilidad del negocio.
Prepararse no significa vivir con temor, sino tomar decisiones informadas para proteger el esfuerzo de toda una vida. La resiliencia se construye con anticipación, información y responsabilidad compartida.