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Alarma mundial por bloqueo en Ormuz: Petróleo llega a niveles críticos

La estabilidad energética global enfrenta su mayor desafío histórico. El mercado petrolero atraviesa una interrupción de suministros sin precedentes, ofreciendo poco alivio a una economía mundial que ya soporta un incremento del 40% en el costo del crudo desde que se desató el conflicto con Irán.

Tras los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, diversos actores del mercado petrolero apostaron a que el cierre del estrecho de Ormuz —considerado históricamente como el escenario más catastrófico para el comercio global— sería solo una interrupción momentánea. No obstante, han transcurrido dos semanas y los operadores ahora ajustan sus proyecciones ante una parálisis mucho más extensa que drena el suministro global día tras día.

En sus primeras declaraciones oficiales como el nuevo líder máximo de Irán, Mojtaba Khamenei aseguró esta semana que su nación tiene la firme intención de mantener bloqueado el paso por el estrecho. De forma paralela, el mandatario estadounidense, Donald Trump, manifestó a través de sus redes sociales que su prioridad absoluta es evitar que el régimen iraní obtenga armas nucleares, restando importancia al impacto de los altos precios del crudo, incluso cuando su administración encabeza una liberación masiva y sin precedentes de reservas de emergencia a escala global.

La desconfianza entre los armadores navales ha crecido exponencialmente, provocando que la gran mayoría evite navegar por el estrecho de Ormuz. Esta cautela se ha intensificado tras una semana violenta en la que varios buques mercantes sufrieron ataques, resultando en la desaparición de tres miembros de una tripulación. A esto se suman reportes —aunque negados por fuentes de Estados Unidos— sobre el presunto despliegue de minas marinas por parte de Irán en este punto estratégico. Ante el peligro inminente, Noruega, potencia clave en el transporte marítimo, ha emitido una orden estricta para que su flota se mantenga fuera de la zona de conflicto.

“Comprendemos que la situación ha empeorado y que ahora experimentamos un mayor grado de inseguridad. Las condiciones siguen siendo muy peligrosas para el transporte marítimo comercial”, declaró Alf Tore Sorheim, director de asuntos marítimos del país nórdico.

Los futuros del petróleo Brent experimentaron mayores oscilaciones en dos días de marzo de esta semana que en años anteriores, reflejando el impacto del bloqueo de Ormuz. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para la administración de Donald Trump, la decisión de permitir que el bloqueo en Ormuz persista representa un riesgo político significativo. El precio de la gasolina ha alcanzado los niveles más altos registrados durante su mandato, un factor crítico considerando la cercanía de las elecciones de mitad de mandato programadas para finales de este año.

Los analistas coinciden en que, si las hostilidades cesaran y se garantizara la seguridad en la navegación, millones de barriles de petróleo inundarían nuevamente los mercados internacionales, lo que provocaría una caída inmediata en los precios de los combustibles. Sin embargo, por ahora, los inversores navegan en un mar de volatilidad extrema.

Muestra de esta inestabilidad fue lo ocurrido en un periodo de solo 48 horas esta semana: los precios escalaron hasta los 120 dólares por barril para luego desplomarse cerca de los 80 dólares. Este movimiento representa una oscilación más violenta que la registrada en los últimos tres años combinados. Actualmente, los futuros del crudo Brent se mantienen oscilando cerca de la barrera de los 100 dólares.

Impacto severo en la oferta internacional

La crisis escala en magnitud cada jornada. Los países productores situados en el Medio Oriente ya han tenido que paralizar la extracción de más de 6 millones de barriles diarios de petróleo crudo.

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), el bloqueo actual constituye la interrupción de suministro más grave de la que se tenga registro. La organización advierte que las refinerías están disminuyendo sus niveles de producción, una tendencia que podría tardar varias semanas en revertirse por completo.

Un gráfico de barras ilustra los recortes máximos actuales en la producción de petróleo de Arabia Saudita, EAU, Kuwait e Irak debido al bloqueo de Ormuz, comparándolos con la producción de febrero. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ante este panorama, las naciones consumidoras, bajo el liderazgo de Washington, iniciaron una estrategia agresiva para contener los precios. El plan contempla la liberación de 400 millones de barriles provenientes de las reservas estratégicas distribuidas por todo el mundo.

En paralelo, algunos gobiernos están optando por políticas de corte proteccionista, imponiendo aranceles y restricciones a la exportación para asegurar el abastecimiento interno. Incluso, funcionarios del gobierno estadounidense han evaluado la posibilidad de intervenir de manera directa en los mercados de futuros, aunque ciertos sectores de la administración han tratado de minimizar la viabilidad de esta medida.

Pese a estos esfuerzos, las autoridades energéticas advierten que estas acciones son meramente paliativas frente a un cierre total de Ormuz, y las herramientas para estabilizar los costos se agotan con rapidez.

Las proyecciones de la AIE para este mes son alarmantes: se estima que el bloqueo afectará el tránsito de más de 600 millones de barriles de crudo y derivados, además de comprometer la producción de 250 millones de barriles en la región de Medio Oriente.

Buques cisterna navegan en el Golfo Pérsico, cerca del Estrecho de Ormuz, vistos desde el norte de Ras al-Khaimah, cerca de la frontera con la región de Musandam de Omán, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en los Emiratos Árabes Unidos, 11 de marzo de 2026. REUTERS/Stringer

“Cada día que el estrecho permanece cerrado, estamos reduciendo cada vez más la producción en fase inicial. Deberíamos estar en niveles mucho más altos. Existe temor a una intervención política estadounidense, pero Estados Unidos también se está quedando sin opciones”, señaló Amrita Sen, cofundadora de la firma Energy Aspects.

En este contexto, Arabia Saudita, como principal exportador regional, está desplegando toda su capacidad logística para mantener el flujo de petróleo hacia las refinerías globales. Saudi Aramco ha informado que su oleoducto transnacional, que conecta con la costa del Mar Rojo, operará pronto a su máxima capacidad operativa.

Esta infraestructura alternativa permitiría la exportación de aproximadamente 5 millones de barriles diarios. Actualmente, una impresionante flota de superpetroleros se despliega desde el Mar Rojo hasta Singapur para movilizar este cargamento.

Este despliegue representa un hito logístico sin precedentes. El mercado observa con atención la capacidad saudí para restablecer el flujo total, mientras que las exportaciones actuales se sitúan en 2,9 millones de barriles por día. Es muy probable que esta ruta alternativa deba mantenerse activa por un largo periodo.

La seguridad en la zona sigue siendo precaria. Recientemente, siete embarcaciones sufrieron ataques en el Golfo Pérsico y áreas circundantes, incluyendo un buque que fue interceptado justo cuando intentaba salir del estrecho de Ormuz.

Mientras el gobierno del Reino Unido afirma que los indicios sobre el minado de la vía por parte de Irán son “cada vez más claros”, el secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, mantiene una postura más cautelosa, señalando que todavía no existen pruebas definitivas de tales maniobras por parte de Teherán.

La limitación de las reservas estratégicas

El éxito en la contención de los precios dependerá de la celeridad con la que se liberen las reservas de emergencia. En 2022, un programa similar permitió a Estados Unidos inyectar 900.000 barriles diarios durante un trimestre, un ritmo que, según el secretario de Energía Chris Weight, generó ciertas tensiones operativas.

Persiste la duda sobre la capacidad de respuesta de naciones asiáticas como Japón, cuyos compradores enfrentan actualmente una de las necesidades de suministro más urgentes a nivel global. En última instancia, los expertos advierten que las reservas no son una solución permanente.

“La liberación de reservas estratégicas de petróleo es, en esencia, un tratamiento sintomático. No resuelve el problema de fondo: el cierre del estrecho de Ormuz. Y, por el momento, no hay indicios de que vaya a reabrirse pronto”, concluyó Arne Lohmann Rasmussen, analista jefe de A/S Global Risk Management.

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