En un movimiento estratégico para estabilizar las relaciones bilaterales, los principales responsables de la política económica de Estados Unidos y China han programado una reunión clave en París para los próximos 15 y 16 de marzo. Según información proporcionada por el Departamento del Tesoro estadounidense, este encuentro técnico tendrá lugar apenas dos semanas antes de la trascendental cumbre que sostendrán el presidente Donald Trump y el mandatario chino Xi Jinping.
La delegación norteamericana estará liderada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien mantendrá conversaciones directas con el viceprimer ministro chino, He Lifeng. En la mesa de diálogo también participará Jamieson Greer, representante de Comercio de Estados Unidos. Bessent enfatizó la relevancia del vínculo entre los mandatarios al señalar que:
“gracias a los lazos de respeto mutuo entre el presidente Trump y el presidente Xi, el diálogo económico y comercial entre Estados Unidos y China avanza”
.
Por su parte, Greer ha manifestado que la actual administración en Washington mantiene su firme intención de alcanzar un escenario de “equidad y estabilidad” en el intercambio comercial. Un punto crítico en la agenda será la verificación del cumplimiento de los compromisos asumidos por Beijing, incluyendo la reanudación de las importaciones de soja estadounidense, un sector que se vio afectado por las tensiones comerciales del año previo.
Preparativos para la visita presidencial
Las deliberaciones en la capital francesa son vistas como el preámbulo necesario para el viaje oficial de Donald Trump a territorio chino. Aunque el gobierno de Estados Unidos ha fijado el calendario de la visita entre el 31 de marzo y el 2 de abril, las autoridades en Beijing todavía no han oficializado dichas fechas, manteniendo su cautela diplomática habitual.
El analista y académico de la Universidad Fudan, Wu Xinbo, sugiere que el objetivo primordial en París es cimentar logros concretos en materia económica que puedan ser presentados como éxitos durante la futura cumbre. Este acercamiento ocurre tras un periodo de gran volatilidad en los vínculos financieros entre las dos potencias, acentuado por el retorno de Trump a la Casa Blanca.

Conflictos arancelarios e investigaciones en curso
A pesar del diálogo, persisten focos de tensión. Recientemente, Jamieson Greer anunció el inicio de procesos investigativos sobre el exceso de capacidad productiva industrial, apuntando directamente a China y otros socios clave. Estas acciones podrían derivar en nuevas sanciones arancelarias, una postura que el gobierno chino no tardó en calificar como una “manipulación política” el pasado jueves.
Es importante recordar que durante el transcurso de 2025, ambas naciones se vieron envueltas en una agresiva escalada de aranceles que alcanzaron cifras de tres dígitos, afectando severamente el flujo de mercancías. Aquella parálisis comercial solo encontró un respiro en octubre pasado, cuando se pactó una tregua temporal en el marco de una reunión celebrada en Corea del Sur.
Desde el sector empresarial, Sean Stein, presidente del Consejo Empresarial Estados Unidos-China, ve en la visita de Trump una ventana para solucionar problemas estructurales del entorno de negocios en el gigante asiático. No obstante, Stein advirtió que la delegación de ejecutivos estadounidenses aún no ha sido convocada formalmente, instando a que se incluya a representantes del sector privado en la comitiva lo antes posible.
Sobre este punto, el profesor Wu indicó que la presencia de líderes corporativos dependerá de los resultados obtenidos en las mesas de trabajo en Europa. Mientras tanto, el canciller chino, Wang Yi, mostró una visión optimista sobre el rumbo de la relación:
“este año es realmente un gran año para las relaciones entre China y Estados Unidos”
. El diplomático añadió que, si bien las potencias
“no pueden cambiarse el uno al otro”
, existe la posibilidad real de que logren
“modificar la forma en que interactúan”
.
Finalmente, el secretario Bessent reafirmó en sus declaraciones el compromiso de “obtener resultados que beneficien a los agricultores, trabajadores y empresas estadounidenses”, cerrando así un ciclo de preparativos que mantiene en vilo a los mercados internacionales.
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