En una reciente declaración que ha elevado la tensión en la región, el máximo jefe de la policía nacional del régimen iraní, Ahmad-Reza Radan, lanzó una dura advertencia contra los ciudadanos que participan en movilizaciones contra el gobierno de Teherán. El alto mando vinculó directamente a los manifestantes con los intereses de potencias extranjeras como Estados Unidos e Israel, advirtiendo que ya no serán considerados civiles en protesta, sino objetivos militares.
Durante una transmisión de la emisora estatal IRIB, el funcionario fue enfático en señalar que cualquier respaldo a las agendas de los adversarios de la república islámica tendrá consecuencias severas. Radan declaró textualmente lo siguiente:
“Si alguien se presenta a favor de los deseos del enemigo, ya no lo veremos simplemente como un manifestante, lo veremos como un enemigo”
El jefe policial profundizó en su amenaza asegurando que la respuesta institucional será equiparable a un conflicto bélico: “Y les haremos lo mismo que a un enemigo. Los trataremos como tratamos a nuestros enemigos”. Según Radan, el despliegue de seguridad es total, afirmando que las fuerzas del orden “están listas, con las manos en el gatillo, preparadas para defender su revolución”.
Escalada de tensiones y respuesta militar
Por su parte, la cúpula militar de la nación también ha manifestado su postura. Abolfazl Shekarchi, portavoz de las fuerzas armadas iraníes, adelantó que el país tomará represalias por los bombardeos ejecutados por fuerzas estadounidenses e israelíes en sectores residenciales. Shekarchi hizo un llamado a las naciones vecinas y a la comunidad musulmana para que identifiquen “los escondites de Estados Unidos y el sionismo”, con el fin de aumentar la eficacia de los proyectiles iraníes y evitar daños a los civiles, a quienes acusó de ser usados como escudos humanos.

Este clima de hostilidad surge tras la intensa represión de las marchas antigubernamentales registradas entre diciembre y enero, las cuales fueron motivadas por una severa crisis social y económica. En su momento, el régimen calificó estas expresiones como “disturbios”, y Radan instó a los participantes a entregarse para evitar las consecuencias legales más graves.
Discrepancias en las cifras de víctimas
Existe una profunda brecha entre los datos oficiales y los reportes de organismos internacionales respecto al costo humano de la represión:
- El régimen de Irán ha admitido formalmente el fallecimiento de más de 3.000 personas, incluyendo a civiles y miembros de las fuerzas de seguridad, atribuyendo los hechos a actos de terrorismo externo.
- En contraste, la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con base en territorio estadounidense, ha documentado más de 7.000 muertes, señalando que la mayoría corresponde a manifestantes.
- HRANA estima además que la cifra de detenciones supera las 50.000 personas.
En el contexto internacional, el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, manifestó en su momento su respaldo a los grupos opositores iraníes, aunque posteriormente priorizó sus advertencias sobre el desarrollo nuclear de Teherán. Los enfrentamientos directos se intensificaron el 28 de febrero, cuando Washington y Jerusalén efectuaron ataques contra objetivos en Irán, generando una cadena de represalias contra bases en el Golfo y territorio israelí.

Nuevas estrategias de resistencia
Analistas de seguridad han observado un cambio en la táctica de los ciudadanos que se oponen al régimen del ayatollah Ali Khamenei. Los informes indican que las protestas en la capital han dejado de ser masivas y estáticas para convertirse en reuniones dispersas, de corta duración y altamente fluidas. Este método busca evadir la fuerte vigilancia de las fuerzas de seguridad, que incluyen el uso de drones y un monitoreo constante de los puntos de reunión tradicionales.
Poco antes de su deceso, Khamenei se refirió al malestar social imperante en diversas ciudades, reconociendo que las dificultades económicas derivadas de las sanciones son reales. “Los comerciantes protestan contra esta situación y eso es completamente justo”, mencionó el líder supremo.
No obstante, la apertura al diálogo tuvo un límite claro. A pesar de reconocer la validez de los reclamos económicos, el ayatollah fue tajante respecto a quienes desafían el orden establecido, sentenciando que no habría clemencia para los alborotadores: “A esos hay que ponerlos en su sitio”.
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