En diciembre de 2025, el reconocido cineasta y actor Eduardo Casanova decidió compartir públicamente su diagnóstico de VIH. A través de sus plataformas digitales, el artista puso fin a un periodo de reserva personal:
“Hoy rompo este silencio tan desagradable y doloroso después de muchísimos años. Un silencio que guardamos y sufrimos muchísimas de las personas con VIH. Lo hago por mí, pero deseo que esto pueda ayudar a más gente”
, manifestó en aquel momento.
Este anuncio se vinculaba directamente con la producción de Sidosa, un documental autobiográfico que verá la luz el próximo 23 de abril. Este lunes, durante el encuentro VIH, comunicación y arte frente al estigma coordinado por el Ministerio de Sanidad, Casanova recordó el instante en que decidió hablar abiertamente. No obstante, subrayó que no fue el precursor en este tipo de testimonios:
“Antes que yo lo han hecho muchísimas travestis en televisión, que no hay que olvidar, y lo han hecho muchas personas. Entiendo que lo mío tenga más difusión, pero no soy el único, por suerte”
, puntualizó.
La motivación de Casanova para visibilizar su condición radica en la dificultad de lidiar con la percepción social. Según sus palabras,
“vivir con VIH a la vez que sufres el estigma y la violencia sistemática de la sociedad es algo que es inviable”
. Aunque inicialmente fue un paso personal, con el tiempo ha comprendido que su franqueza puede servir de apoyo para otros ciudadanos.
El director también hizo hincapié en que su capacidad para hablar del tema proviene de una situación privilegiada.
“Puedo pagarme una psicóloga y un psiquiatra que me ayudan a dar ese paso. Tal vez, muchas personas con VIH no son capaces de dar ese paso no solo por el estigma, sino porque no tienen ese apoyo psicológico que, por desgracia, a día de hoy la sanidad no cubre”
, denunció ante la audiencia.
El papel de la cultura frente al virus
Eduardo Casanova celebró que el VIH retorne al foco del debate público, algo que, bajo su perspectiva, no ocurría con tal intensidad desde los momentos más críticos de la pandemia. Su compromiso con la causa se fortaleció con Silencio, una miniserie producida por la organización Apoyo Positivo centrada en la discriminación asociada al virus. Dicha obra, dirigida por él, tuvo su presentación en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña.

Con el estreno de su documental Sidosa el 23 de abril, Casanova busca que la conversación social no se detenga. El artista sostiene que
“lo único que ha puesto el VIH de nuevo en el centro del debate es el cine, la cultura, el arte, la comunicación”
.
A pesar de reconocer la eficiencia de los servicios de salud españoles, el director aclaró que el desafío no es médico, sino social:
“Es muy importante hablar del avance científico y que España sea un país que da una respuesta muy buena a las problemáticas del VIH, pero lo que me hace sufrir y no me hace tener una vida plena no es tener que aguantar los dos pinchazos antirretrovirales inyectables. Eso me fastidia, pero lo que me hace tener una vida complicada, a mí y a otras muchas personas, es el estigma y la violencia que sufrimos”
, concluyó.
Realidad y desafíos del VIH en España

Desde que el hospital Vall d’Hebron atendió al primer paciente, España ha contabilizado un total de 90.669 casos de sida, lamentando la pérdida de 61.215 personas. Si bien la tasa de mortalidad alcanzó su punto más alto en 1995 y ha descendido desde entonces, en el año 2023 todavía se reportaron 301 fallecimientos vinculados a esta patología.
Uno de los problemas más persistentes es el diagnóstico tardío. Durante el año 2024 se identificaron 412 nuevos casos de sida, a pesar de que en el país existen pruebas gratuitas y confidenciales. Las estadísticas indican que el 51,1% de los diagnósticos se realizan cuando la infección ya está avanzada. Esta situación se agrava en grupos vulnerables, como las personas migrantes en situación irregular, quienes enfrentan barreras para acceder a los tratamientos.
Finalmente, una investigación realizada por el Ministerio de Sanidad, la Universidad de Alcalá y CESIDA, revela que el 63,2% de los individuos con VIH en España ha sido víctima de discriminación. Este rechazo se manifiesta no solo en el ámbito afectivo o familiar, sino también en centros de salud, oficinas gubernamentales y el entorno laboral. Por este motivo, el 95% de los afectados prefiere ocultar su diagnóstico, y apenas un 11,2% decide comunicarlo de manera abierta.
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