La práctica de caminar hacia atrás, técnicamente denominada como marcha retro, ha ganado una notoriedad considerable tanto en los círculos deportivos de alto rendimiento como en la rutina diaria de personas que buscan mejorar su salud. Aunque pueda parecer una novedad contemporánea, sus orígenes se remontan a las tradiciones de la antigua China, donde se vinculaba con el bienestar integral del cuerpo y la mente.
A lo largo de los años, este método fue adoptado por preparadores físicos y atletas de élite para perfeccionar la agilidad, la estabilidad y la capacidad de reacción ante giros bruscos. En la actualidad, esta tendencia es frecuente en centros de acondicionamiento físico, practicándose tanto en superficies libres como en máquinas de correr, llegando incluso a motivar retos deportivos de gran escala.
Hitos y aplicaciones en el deporte
Un caso emblemático de esta disciplina es el de Loren Zitomersky, quien en el año 2018 alcanzó la meta del Maratón de Boston desplazándose únicamente hacia atrás, con el objetivo de recaudar fondos destinados a investigar la epilepsia. En el ámbito profesional, el fútbol es otro escenario donde esta técnica es vital; se estima que los árbitros pueden llegar a realizar movimientos en reversa durante el 16% de la duración de un encuentro para no perder de vista el juego.
Impacto positivo en la fisiología humana
La ciencia médica ha volcado su atención hacia los múltiples beneficios de este ejercicio. Al invertir el sentido de la marcha, se estimulan grupos musculares que suelen tener poca actividad en la caminata convencional, tales como los cuádriceps y los músculos flexores de la cadera.
Nicole Haas, especialista clínica en ortopedia con base en Colorado, subraya que
“El mayor beneficio es la capacidad de modificar la carga mecánica del cuerpo y desafiar el cerebro y el sistema de equilibrio con una tarea novedosa”
. Según Haas, este cambio en el patrón de movimiento genera un estímulo diferenciado en tendones y articulaciones.

En el campo de la kinesiología, la doctora Janet Dufek de la Universidad de Nevada ha dedicado más de 20 años al estudio de la locomoción inversa. Sus investigaciones confirman que esta actividad incrementa la flexibilidad en la zona lumbar e isquiotibiales, disminuye las molestias en la espalda baja y optimiza la estabilidad del tronco. Estas ventajas la convierten en una herramienta terapéutica ideal para pacientes con osteoartritis o lesiones crónicas de rodilla.
Además, para quienes buscan optimizar la quema energética, datos del Colegio Americano de Medicina del Deporte revelan que caminar hacia atrás permite quemar un 40% más de calorías por minuto que la marcha hacia adelante, lo que lo vuelve un ejercicio sumamente eficiente para el control del peso.

Fortalecimiento cognitivo y mental
Más allá de lo muscular, el cerebro también recibe un entrenamiento intenso. Ashwini Nadkarni, docente de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard, sostiene que esta práctica puede “mejorar el funcionamiento ejecutivo” al demandar un nivel superior de concentración, percepción del espacio y coordinación motriz.
Evidencia científica sugiere que sesiones de 10 a 15 minutos, realizadas entre tres y cuatro veces por semana, resultan en mejoras significativas del equilibrio. Otros hallazgos vinculan la marcha retro con una memoria a corto plazo más aguda y una mayor rapidez en los tiempos de respuesta ante estímulos externos.
Recomendaciones para una práctica segura
Para integrar la marcha retro en la rutina diaria, los expertos sugieren un enfoque progresivo. Grayson Wickham, fisioterapeuta profesional, aconseja “caminar hacia atrás durante cinco minutos varias veces por semana” como punto de partida. Una opción equilibrada es realizar una caminata de 20 minutos, dedicando al menos 5 de ellos al sentido inverso.
Por su parte, Daine McKibben Rice, de la clínica Validus Sports Injury, propone ejercicios de mayor intensidad:
“Intenta usar un trineo con un cinturón sujeto y simplemente camina hacia atrás durante 10 a 15 yardas y no te decepcionarás”
.

Si se utiliza una cinta de correr, es fundamental iniciar a velocidades bajas y utilizar los pasamanos de apoyo hasta desarrollar la confianza necesaria. Sin embargo, para Wickham, realizarlo en exteriores es preferible, ya que “la cinta de correr no es tan natural”.
La seguridad es la prioridad absoluta. Janet Dufek enfatiza la importancia de asegurar que el espacio sea seguro y, de ser posible, contar con un acompañante para evitar accidentes. Se recomienda buscar terrenos nivelados y sin obstáculos, como el césped de los parques. Finalmente, instituciones como la Universidad McGill de Montreal advierten que personas de la tercera edad o con movilidad reducida deben realizar estos ejercicios bajo supervisión profesional estricta para mitigar el riesgo de caídas.
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