La vertiginosa subida en la cotización del oro, que ha reportado un incremento del 74% durante el último año y un impresionante 201% en el transcurso de los últimos cinco años, ha transformado al metal en la alternativa predilecta para múltiples inversionistas por encima del mercado bursátil. Este escenario ha reabierto el análisis sobre qué proporción debería ocupar este activo dentro de los portafolios destinados a la jubilación.
Dicho comportamiento responde directamente a la naturaleza del oro como un activo de refugio, cuyo rendimiento sólido contrasta con la marcada inestabilidad que se percibe actualmente en las bolsas de valores. No obstante, especialistas en planificación financiera han advertido que el oro tiene limitaciones históricas y que cualquier decisión para aumentar su presencia en una cartera de inversión debe ser sometida a un escrutinio detallado.
Para enero de 2026, el valor del metal precioso tocó un techo histórico al situarse cerca de los USD 5.560 por onza. Tras alcanzar este hito, el precio registró fluctuaciones importantes y, para el 6 de marzo, se ubicó por debajo de los USD 5.200.
Este ciclo alcista se ha relacionado con factores como las tensiones comerciales internacionales, una reducción en la demanda del dólar a nivel global y un interés persistente de los bancos centrales y grandes inversionistas por acumular reservas físicas. A pesar de estas condiciones, el mercado mostró signos de inestabilidad durante el primer trimestre de 2026.

El rendimiento del oro frente a la renta variable
Aunque el oro se utiliza frecuentemente como una herramienta de protección contra la inflación y los periodos de incertidumbre, su rendimiento a largo plazo no siempre ha aventajado a otros activos. El planificador financiero certificado de Shelton, Connecticut, Jeff Farrar, aclaró al respecto:
“Históricamente, el S&P 500 ha superado al oro”
. Sin embargo, el experto matizó que
“desde la crisis del COVID, esto ya no ha sido así, sobre todo en los últimos 12 a 18 meses”
.
El atractivo del metal amarillo radica en su oferta limitada, su durabilidad y la imposibilidad de fabricarlo de forma artificial, características que le otorgan inmunidad frente a la devaluación monetaria y las crisis financieras. Por estas razones, diversos economistas lo definen estrictamente como un “resguardo de valor”.
Según la visión de Stephen Kates, analista financiero, este activo
“es un diversificador y tiende a una baja correlación con las acciones y bonos”
. No obstante, el especialista hizo una observación crítica: al realizar el ajuste por inflación, el valor del oro al cierre de 2024 era prácticamente el mismo que ostentaba a principios de la década de 1980.
Los analistas también resaltan que el precio es sumamente sensible al nerviosismo de los mercados. Eventos recientes demuestran que, incluso en contextos de conflicto bélico o tensiones geopolíticas, el metal puede experimentar retrocesos. Además, la reciente caída en los precios se ha vinculado al fortalecimiento de la moneda estadounidense y al hecho de que el activo ya había alcanzado niveles de sobrecompra en periodos anteriores.

Estrategias para incluir oro en fondos de retiro
La prudencia es la recomendación principal de los asesores financieros. Melissa Cox, especialista en planificación en Dallas, sugirió:
“Hablo de un 2 a 5% de la cartera. No es una cantidad grande”
. En esta misma línea, Farrar coincidió en que la exposición al metal precioso debería mantenerse siempre en un rango de un solo dígito dentro de una estrategia de inversión diversificada.
Existen diversos mecanismos para ingresar a este mercado, pero se recomienda a los ahorristas priorizar los instrumentos diseñados para el retiro:
- ETF de oro (fondos cotizados): Una de las rutas más sencillas, como el SPDR Gold Shares (GLD). Permiten invertir en oro físico custodiado en bóvedas de alta seguridad mediante intermediarios financieros, eliminando problemas de almacenamiento y autenticidad con bajos costos operativos.
- Fondos mutuos mineros: Como el Fidelity Select Gold Portfolio, que invierte en corporaciones de exploración y procesamiento. Sin embargo, se advierte que estos son
“activos de papel ligados al comportamiento bursátil, no oro real”
, lo que significa que pueden sufrir caídas si el mercado de valores colapsa.
- Cuentas IRA de Oro: Es una opción para quienes buscan posesión directa física, aunque presentan retos logísticos. Kates indicó que
“no es tan fácil de abrir, porque no es posible obtener una IRA de sólo oro en las grandes firmas de inversión”
. Estas cuentas conllevan comisiones anuales de entre el 1 y 3%, lo que puede resultar hasta 10 veces más costoso que un ETF.

Consideraciones tributarias y riesgos
El aspecto fiscal es un punto determinante que los inversores suelen pasar por alto. Jeff Farrar enfatizó que el Servicio de Impuestos Internos de los Estados Unidos (IRS) categoriza al oro como un objeto de colección. Esto implica que la liquidación de estas inversiones fuera de cuentas con beneficios fiscales específicos puede acarrear impuestos sobre ganancias de capital de hasta el 28%, una tasa significativamente más alta que la aplicada a las acciones convencionales.
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