Al arrancar el mes de marzo, Perú se enfrentó a una contingencia inesperada: la ruptura del ducto de gas de Camisea reportada durante la primera jornada del mes. Este incidente técnico forzó a la administración estatal a implementar un racionamiento de gas natural y GLP por un periodo estimado de 14 días.
Esta disposición ha tenido repercusiones inmediatas en diversos eslabones de la economía, afectando la cadena productiva, el sector transporte, la generación de electricidad y la distribución de combustibles a nivel nacional. Mientras se cuantifican los daños financieros, una interrogante domina el debate entre especialistas y el sector privado: ¿está la nación ante un riesgo inminente de estanflación?
Comprendiendo el concepto de estanflación
La respuesta corta, según expertos, es afirmativa. La estanflación se define como una coyuntura económica donde la actividad productiva se detiene o retrocede, al mismo tiempo que se registra una aceleración en la inflación, incluso si esto ocurre solo durante un mes. Así lo detalla Juan Carlos Odar, economista y líder de la firma Phase Consultores.
Aunque no existe un consenso internacional sobre la duración mínima que debe tener este fenómeno, su esencia radica en la coexistencia de ambos factores negativos. De acuerdo con el especialista:
“No hay una referencia precisa de tiempo, simplemente ocurre cuando la economía deja de crecer y, a la vez, los precios suben”.
El incidente del gas se suma a una serie de variables preexistentes que podrían estancar el crecimiento peruano mientras los costos de vida se elevan. “El riesgo de que Perú entre en un periodo de estanflación es relativamente alto, aunque no esperamos que sea duradero”, precisó Odar.
El impacto de Camisea en las cifras macroeconómicas
El fallo en la infraestructura de Camisea representa uno de los choques de oferta más severos para el país en este 2026. El flujo de gas constituye aproximadamente el 1% del Producto Bruto Interno (PBI) de la nación. Si la paralización alcanza las dos semanas previstas, la producción nacional perdería de forma directa medio punto porcentual de su valor.
Sin embargo, el daño se propaga hacia otros sectores vitales como la manufactura, el comercio, la educación y los servicios de alimentación. El análisis de Juan Carlos Odar sugiere que
“estamos hablando de un impacto negativo en la producción de marzo que supera el 2% del PBI, considerando el efecto directo e indirecto”
.

Previo a esta emergencia, las proyecciones de crecimiento para el tercer mes del año eran favorables, con metas de hasta el 2%. No obstante, el revés en el suministro obliga a recalcular las cifras, lo que podría derivar en un crecimiento nulo o incluso en una contracción económica. El director de Phase Consultores advierte que si la crisis supera los 15 días, el riesgo de cerrar marzo con un PBI negativo es real.
El especialista diferencia este escenario de un choque de demanda. Un choque de oferta, como el actual, ocurre por eventos fortuitos —similar a un sismo que corta vías de comunicación— que anulan la capacidad de producción. Por el contrario, un choque de demanda depende del poder de compra de la población. Ante la crisis de oferta de gas, el Banco Central de Reserva (BCR) tiene herramientas limitadas, pues la solución depende exclusivamente de la reparación técnica del ducto.
Factores externos y presión sobre los precios
La situación interna se ve agravada por un entorno internacional volátil. El costo del petróleo ha registrado incrementos debido a las tensiones políticas relacionadas con Irán y los conflictos bélicos en el Medio Oriente, lo que encarece la importación de derivados energéticos.
En el ámbito local, los productos alimenticios también enfrentan alzas. Durante la temporada de verano, es habitual el aumento de precio en rubros como el limón, la cebolla y la arveja, pero este año la situación empeora por los efectos climáticos en la zona norte del territorio peruano.
“Parte de la inflación de estos meses es estacional, pero ahora se ha juntado con los choques de oferta por combustibles y alimentos”, indica el economista.

Expectativas del sector empresarial e inflación
La presión sobre los precios es evidente. Tras registrar una inflación del 1,7% en enero y de 2,2% en febrero, se prevé que marzo confirme una tendencia alcista. Según las estimaciones de Odar, la inflación de este mes será superior a las anteriores, aunque es probable que se mantenga por debajo del umbral del 3%.
Este incremento es el resultado de la escasez temporal de insumos básicos y el encarecimiento global de los bienes. A esto se suma un clima de incertidumbre empresarial; los datos de febrero revelaron una caída en la confianza en casi todos los sectores productivos, con la única excepción de la contratación de personal, que mostró una mejoría marginal.

Consecuencias en el mercado laboral
Respecto al empleo, el impacto inicial no sería masivo. Las empresas tienden a implementar estrategias de mitigación, como el adelanto de periodos vacacionales, para evitar despidos directos en el corto plazo. No obstante, el riesgo recae en el incremento del subempleo y la caída de ingresos en el sector informal, especialmente para aquellos que utilizan el gas como herramienta principal de trabajo.
“No es que haya un impacto masivo en el empleo, pero sí puede haber más subempleo o reducción de ingresos, sobre todo en quienes dependen directamente del gas para operar”, puntualiza el experto.
Proyecciones para el cierre del trimestre
La magnitud definitiva de esta crisis se revelará en las próximas semanas. Un hito importante será la publicación de las cifras oficiales de crecimiento de enero de 2026, programada para la próxima semana. Este dato servirá como termómetro para evaluar el vigor de la economía al inicio del año.
Aunque Perú finalizó el año 2025 con una expansión económica del 3,4%, la combinación de factores externos y la crisis de Camisea ponen en duda la sostenibilidad de ese ritmo de crecimiento en 2026. La celeridad en la reparación del ducto será determinante para evitar que el impacto negativo de marzo condicione el desempeño financiero de todo el año.
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