En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer (8M), el Centro Nacional de las Artes llevó a cabo una agenda cultural de alto impacto que tuvo como eje central el retorno a las tablas de la primera actriz Vicky Hernández. La artista encabezó la obra teatral La escena invertida, en un evento que también integró ocho conversatorios con figuras femeninas de relevancia nacional, un concierto de bullerengue y dos talleres formativos.
La programación de los conversatorios contó con la participación de destacadas creadoras e intelectuales como Heidi Abderhalden Cortés, Andrea Bonilla Ospina, Teresita Gómez, Nidia Góngora, María Adelaida Palacio Duque, Bertha Quintero, Ana Veydó y Patricia Ariza Flórez. Durante estos encuentros, se profundizaron sus trayectorias artísticas, búsquedas estéticas y el legado que han dejado en la memoria cultural de la nación.
Éxito en la Sala Fanny Mikey
Las presentaciones de La escena invertida se desarrollaron específicamente los días 5, 6 y 7 de marzo en la emblemática Sala Fanny Mikey. Esta pieza teatral, que tuvo su estreno original en agosto de 2025, le otorgó a Vicky Hernández el prestigioso Premio Bravo a Mejor Actriz de Teatro. Bajo la dirección de Jorge Zabaraín, la obra explora un drama íntimo sobre el vínculo entre madre e hijo, contando con la participación del actor Johan Velandia junto a Hernández.

La agenda del 8M también incluyó la presentación musical del grupo Anónimas & Resilientes, portadoras de las voces del bullerengue de la región Caribe, reafirmando el papel de las mujeres en la construcción artística del país. Aprovechando este regreso triunfal al teatro, la actriz concedió una entrevista profunda al videopódcast La Habitación Invisible de City TV, donde recordó episodios fundamentales de su vida, incluyendo su traumático exilio en España debido a amenazas contra su vida.
La dualidad entre la carrera y la familia
Durante la entrevista, la actriz reflexionó sobre los sacrificios que implicó su carrera profesional frente a su rol familiar.
“Con ellos [sus hijos] he tenido una deuda y es que yo dediqué mucho tiempo a mi trabajo, pero no porque sea el teatro. Si hubiera sido verdulera, arquitecta, médico, habría sido lo mismo. Usted no puede hacer un trabajo bien hecho si usted no se dedica. Así sea ser barrendera. Si usted quiere barrer bien, usted tiene que poner interés, atención, tiempo, dedicación”
, explicó, señalando que estas ausencias fueron, en su momento, inevitables.
Hernández también analizó la calidad del tiempo compartido con sus hijos frente a la simple presencia física.
“A lo mejor ser ama de casa y estar 24 horas pendiente de los hijos no garantiza que usted esté con ellos y que los sepa atender. Yo conozco y tengo amigas y amigos que toda la vida han criado a sus hijos y no tienen ni idea ni quiénes son sus hijos, ni qué hacen, ni dónde están, que no tienen vínculos. Yo traté, no lo logré, es otra cosa, pero yo traté de que el tiempo que le dedicaba a mis hijos fuera de calidad. Y yo era una mujer que trabajaba muchísimo, sobre todo un momento en televisión en que yo tenía cinco programas de televisión. Era una cosa absurda. Pero yo sabía si comían, si no comían, si hacían la tarea”
, puntualizó la actriz.
El drama del exilio forzado
Uno de los momentos más críticos narrados fue su estadía de nueve meses en España, un exilio precipitado que la obligó a dejar a sus dos hijos en Colombia (uno en Cali y otro en Bogotá) debido a la peligrosidad del conflicto armado y el narcotráfico de la época.

Para entonces, Hernández era reconocida por su papel de Amparo Berrío de Tuta en la serie Romeo y Buseta. Las amenazas de muerte surgieron tras su aparición en un comercial de la Unión Patriótica, partido político fundado en 1985 tras los Acuerdos de La Uribe entre el gobierno de Belisario Betancur y las guerrillas de las Farc y el ELN.
La actriz rememoró que se enteró de la situación por su esposo de aquel entonces, Gerardo Calero, justo después de una función de la obra Hay que deshacer la casa.
“Ponemos el radio y me pasa el, los periódicos en primera plana, Carlos Vives y yo en el vespertino, en El Espacio, en letras rojas: ‘¡Amenazados de muerte!’ (…) Fue cuando mataron a Héctor Abad, a Betancur [Taborda]. En tres días, habían matado ocho de esa lista“
, relató con dureza.
El impacto emocional de abandonar su hogar fue devastador.
“Uno no puede aceptar eso. Una infinita rabia. ¿Quién me saca de mi casa, de mi país, de mis hijos, de mi trabajo? ¿Quién? ¿Por qué? Entonces, es negar, es no entender, es no creer. Y era terrible. Fue espantoso. Yo salía a la calle y veía a un niño de la edad de mi hijo. Me sentaba en un andén y lloraba. Tenía mucha rabia. Y odiaba España, y odiaba a los españoles, y odiaba la comida, y odiaba todo”
, confesó. Finalmente, regresó a Colombia tras nueve meses para protagonizar la telenovela La Posada como Martica, por invitación de José Pepe Sánchez y Jennifer Steffens.
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