Con apenas 22 años al momento de iniciar el rodaje de su primera obra, la joven cineasta Sol Iglesias ha logrado un hito importante al llegar al Festival de Cine de Málaga con su largometraje titulado “Los nadadores”. Esta producción destaca por ser la única representación argentina seleccionada para participar en el certamen este año.
Durante un encuentro exclusivo, Iglesias compartió los detalles de cómo este grupo de jóvenes realizadores consiguió retratar una versión inquietante de una capital argentina sumida en el caos, marcada por un fenómeno climático extremo, el desamparo y la gestión independiente para llevar su propuesta a una de las plataformas más relevantes del cine en español.
Una visión distópica de Buenos Aires
La propuesta cinematográfica de Iglesias introduce una Buenos Aires apocalíptica, sumergida en un verano interminable de 368 días sin rastro de noches, donde un grupo de amigos se encuentra atrapado. La directora describió la premisa de la siguiente manera:
“La película está situada en el día 368 de verano en una Buenos Aires apocalíptica donde hace tres días no llega la noche. Es una ciudad que quedó como abandonada porque toda la gente que pudo se exilió de esta ciudad por la ola de calor masiva, cortes de luz, calor extremo y un grupo de amigos que queda varado en esta ciudad sin tener a dónde ir, que deciden empezar a meterse en mansiones de gente adinerada que se fue del país para poder atravesar la ola de calor y meterse en las piletas al menos. Y nada, y es como una cosa medio, medio celestial que después se devela como un infierno también”.
El filme se produjo bajo condiciones de presupuesto limitado y un notable compromiso grupal. Sol Iglesias recordó el esfuerzo detrás de cámaras: “Muchísima gente trabajando y dándole muchísimo amor a la película. Y nada, fue muy saber que íbamos a tener que buscar financiamiento por todos los lados que pudiésemos, más que nada para la postproducción y salir a buscarlo por mercados”.

Presencia internacional y compromiso social
Sobre el impacto de participar en Málaga con su primer largometraje, la directora admitió que la experiencia es sumamente gratificante. “Es muy especial, la verdad, que el festival nos haga el espacio, que nos incluya, que involucre a una peli tan pequeña, más en este momento, que la verdad es que siento que es un momento muy particular en el que nuestro cine necesita ser visto”, señaló Iglesias, enfatizando la importancia de recibir apoyo internacional para que las obras puedan, eventualmente, conectar con el público en su propio país.
La alfombra roja del evento también sirvió como plataforma de activismo. Iglesias vistió una pieza de la diseñadora Cecilia Giménez que portaba el mensaje “Patagonia Arde”. El diseño incluía una composición fotográfica de Jade Sívori, profesional de la Patagonia, que documenta la crisis de incendios que afecta a esa región. Según la directora, la visibilidad del festival era el escenario ideal para concienciar sobre esta problemática ambiental.
En cuanto a la dimensión sociopolítica de su labor, la cineasta fue tajante al afirmar que “el arte es algo profundamente político, y que cualquier expresión artística es política porque está rodeada de una circunstancia”. Para ella, es ineludible que los artistas utilicen sus obras y plataformas para reflexionar sobre el contexto y el país que los rodea.
La nueva generación del cine nacional
“Los nadadores” es el resultado del trabajo de un equipo generacionalmente joven. La directora explicó que todos tenían 22 años al momento de filmar, tras un arduo proceso que involucró entre dos y tres años de edición bajo un esquema de producción independiente.
Aunque en el festival coincidieron otras obras regionales destacadas, como proyectos con Natalia Oreiro o documentales sobre Fabián Bielinsky, el hecho de que una ópera prima fuera la única selección argentina fue subrayado por Iglesias: “Es tremendo que esté teniendo un buen recibimiento”.
Finalmente, la realizadora reiteró su compromiso ético con la creación artística. “Me parece que uno, como artista, tiene el deber de hablar sobre las cosas que le importan, sobre las cosas que le preocupan del mundo”, concluyó, señalando que era imperativo aprovechar estos espacios de exposición para visibilizar realidades críticas como los incendios forestales y otras crisis actuales.
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