Un equipo internacional de investigadores, pertenecientes al Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y a la Universidad Eötvös Loránd de Hungría, ha realizado un hallazgo significativo en el este de Hungría. En el marco de excavaciones en dos cementerios que datan de hace aproximadamente 7.000 años, se localizaron un total de 125 esqueletos. Lo más sorprendente de este descubrimiento es la tumba de una mujer cuyos restos fueron sepultados con objetos tradicionalmente vinculados a lo masculino, lo que abre el debate sobre la existencia de roles de género flexibles durante la Edad de Piedra.
El sitio arqueológico, conocido como Polgár-Csöszhalom, se sitúa cronológicamente entre los años 4.800 y 4.650 a.C.. En este complejo funerario, los especialistas identificaron que, si bien la mayoría de los individuos seguía patrones de entierro convencionales, dos varones y cinco mujeres fueron sepultados bajo las costumbres asignadas al sexo opuesto. Este fenómeno sugiere a los arqueólogos que las estructuras sociales de la época no imponían una norma rígida que vinculara estrictamente el sexo biológico con el desempeño de roles sociales.
Análisis científico y prácticas funerarias
Para llegar a estas conclusiones, se empleó una doble metodología exhaustiva. Primero, se analizaron las microlesiones óseas que revelan patrones de actividad física intensa, tales como:
- Microtraumatismos en las zonas de inserción muscular.
- Deterioro en las vértebras producto de esfuerzos físicos severos.
- Señales de posturas repetitivas, como el arrodillamiento prolongado.
En segundo lugar, se estudiaron minuciosamente los rituales mortuorios, evaluando la disposición de los cuerpos y la presencia de objetos depositados en las tumbas. Los detalles de este estudio han sido divulgados en la prestigiosa revista American Journal of Biological Anthropology.
Fluidez social en el Neolítico
De acuerdo con reportes de National Geographic, la distinción sexual en este estudio se basó en el análisis de los huesos y los ajuares funerarios. Por lo general, los restos masculinos presentaban un alargamiento en el brazo derecho, indicativo de labores físicas demandantes como el lanzamiento de objetos o el tallado de madera y piedra.

En contraste, muchas mujeres mostraban una hiperextensión en los dedos de los pies, síntoma de haber pasado periodos prolongados arrodilladas, probablemente realizando tareas como la molienda de granos. Habitualmente, los hombres eran colocados sobre su costado derecho acompañados de herramientas de piedra pulida, mientras que las mujeres yacían sobre su costado izquierdo junto a cinturones con cuentas de concha.
No obstante, el grupo liderado por Sebástien Villote, del CNRS, halló excepciones notables en Polgár-Csöszhalom. El caso más destacado es el de una mujer adulta de edad avanzada enterrada con herramientas de piedra que usualmente portaban los varones. Sus restos óseos también evidenciaban marcas de haber realizado trabajos físicos pesados, típicos de la población masculina de dicho lugar.
Llamado a la prudencia científica
A pesar de la contundencia de las pruebas, los autores del estudio enfatizan que
“es necesario actuar con cautela”
antes de emitir interpretaciones definitivas. Sin embargo, los resultados reflejan que en la aldea de Csőszhalom existía una organización donde los roles, aunque presentes, se manifestaban de forma fluida y estaban determinados por diversos factores interconectados.
Finalmente, la investigación resalta que estas expresiones de género en rituales ya se daban en el Neolítico temprano, entre el 6500 y 5500 a.C. en Europa central. Los expertos concluyen que las variaciones en las prácticas funerarias eran sutiles y cambiaban según la región, lo que demuestra que la sociedad permitía cierta variabilidad individual en la prehistoria.
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