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Cannabis contra el hígado graso: CBD y CBG mejoran salud metabólica

Una reciente investigación científica ha determinado que ciertos compuestos no psicoactivos de la planta de cannabis, específicamente el cannabidiol (CBD) y el cannabigerol (CBG), poseen la capacidad de disminuir de forma notable la acumulación de grasa en el hígado. Este hallazgo sugiere una prometedora alternativa terapéutica de origen vegetal para combatir la enfermedad de hígado graso, considerada hoy en día como la patología hepática crónica con mayor incidencia a escala global.

El equipo responsable de este avance está liderado por el catedrático Joseph Tam, junto a la doctora Liad Hinden y la investigadora de doctorado Radka Kočvarová, todos pertenecientes a la prestigiosa Facultad de Medicina de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Los resultados del estudio, que han sido difundidos a través del British Journal of Pharmacology, demuestran que tanto el CBD como el CBG intervienen en un proceso de reestructuración metabólica dentro del hígado. En las pruebas efectuadas en modelos animales, ambas sustancias consiguieron estabilizar los niveles de azúcar en la sangre y perfeccionar la manera en que el organismo procesa la glucosa.

El estudio fue liderado por Joseph Tam (en la foto), Liad Hinden y Radka Kočvarová en la Universidad Hebrea de Jerusalén (gentileza Tom Barnea)

La investigación arrojó datos específicos sobre la efectividad de cada compuesto. Se observó que el CBG redujo la masa grasa del cuerpo y potenció la sensibilidad a la insulina con mayor fuerza que el CBD. Asimismo, el CBG demostró ser particularmente eficaz en la disminución de los niveles de colesterol total y el colesterol LDL (conocido como colesterol malo), áreas donde el CBD presentó resultados más moderados.

El profesor Joseph Tam enfatizó la relevancia del mecanismo biológico hallado durante las pruebas:

“Nuestros hallazgos identifican una nueva vía mediante la cual el CBD y el CBG mejoran la energía hepática y la función lisosomal. Esta doble remodelación metabólica contribuye a un mejor manejo de los lípidos hepáticos y señala a estos compuestos como agentes terapéuticos prometedores para la MASLD (esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica)

Entendiendo la patología del hígado graso

El 75% de las personas con sobrepeso y el 90% con obesidad grave pueden desarrollar hígado graso (Imagen Ilustrativa Infobae)

La denominada enfermedad del hígado graso, o esteatosis hepática, consiste en un conjunto de condiciones caracterizadas por el almacenamiento excesivo de grasa en las células del hígado.

De acuerdo con precisiones de la Cleveland Clinic de los Estados Unidos, el término esteatosis se utiliza para describir esta acumulación lipídica. Aunque un órgano sano posee pequeñas cantidades de grasa, se considera un problema de salud grave cuando este contenido sobrepasa el 5 % del peso total del hígado.

Esta condición puede clasificarse según su origen en alcohólica o no alcohólica. Esta última variante es la más diagnosticada en la actualidad y mantiene un vínculo directo con factores como la obesidad, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico.

Datos proporcionados por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH) indican que cerca del 75 % de los individuos con sobrepeso y hasta el 90 % de quienes tienen obesidad severa podrían padecer esta afección. Un factor de riesgo adicional es que la mayoría de los afectados ignora su condición, ya que la sintomatología suele manifestarse únicamente cuando la enfermedad ha progresado a estados críticos.

Según la Cleveland Clinic, cuando los síntomas se hacen presentes, incluyen habitualmente fatiga extrema y dolor o pesadez en la zona superior derecha del abdomen. No obstante, gran parte de los pacientes detecta el problema cuando ya existe una cirrosis hepática.

En etapas avanzadas, los síntomas pueden agravarse con:

  • Náuseas y pérdida de apetito.
  • Pérdida de peso sin motivo aparente.
  • Ictericia (tonalidad amarillenta en ojos y piel).
  • Edema o hinchazón en las piernas y acumulación de líquido abdominal.
  • Hemorragias en el sistema digestivo.

De no recibir un tratamiento oportuno, un hígado con esteatosis puede derivar en una insuficiencia orgánica, cáncer de hígado o incluso tumores en otras partes del cuerpo.

Equipo de investigación de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Crédito Toma Barnea

Funcionamiento del mecanismo descubierto

Para llegar a estas conclusiones, los científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén emplearon tecnología de punta que permitió confirmar que el CBD y el CBG no solo limitan la grasa, sino que transforman el funcionamiento energético del órgano. Esto ocurre al elevar los niveles de fosfocreatina, una sustancia que sirve como reserva energética de emergencia para el hígado, especialmente ante dietas con alto contenido de grasas. Previamente, se desconocía que el hígado utilizara este sistema de energía.

Adicionalmente, el equipo de Tam descubrió que estos cannabinoides reactivan las catepsinas. Estas son enzimas vitales para los lisosomas, que actúan como el sistema de limpieza y reciclaje de las células. Al potenciar estas «unidades de limpieza», el hígado logra descomponer y eliminar excedentes de grasa y otros residuos tóxicos de forma más ágil.

Un problema de salud mundial

La enfermedad MASLD se ha posicionado como el trastorno del hígado más extendido en el mundo, afectando aproximadamente a un tercio de la población adulta global. Su prevalencia está íntimamente ligada al incremento de la hipertensión arterial y la obesidad. El tratamiento es complejo debido a la dificultad de los pacientes para cambiar sus hábitos de vida y la escasez de fármacos específicos aprobados.

Durante los experimentos, el uso de CBD y CBG permitió reducir los triglicéridos y las ceramidas, lípidos responsables de inflamar el hígado y generar resistencia a la insulina. Aunque el CBG mostró una superioridad marcada en ciertos indicadores, ambos compuestos demostraron beneficios claros.

El equipo investigador concluye que estos resultados sientan las bases para terapias basadas en plantas que optimicen el manejo de la energía celular. Sin embargo, recalcan que es fundamental realizar más estudios clínicos antes de que estos hallazgos puedan aplicarse formalmente en pacientes humanos.

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