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¿Por qué peleamos más con quien amamos? La explicación psicológica

Para una gran parte de la sociedad, los vínculos afectivos representan uno de los pilares fundamentales de la existencia. Según datos oficiales recientes sobre la percepción social de este sentimiento, el 71,2% de las personas considera que contar con una relación amorosa es un factor determinante para alcanzar una vida plena y satisfactoria.

En la jerarquía de valores personales, el amor se posiciona como el cuarto elemento de mayor relevancia con un respaldo del 91,5%. Esta cifra lo ubica solo por debajo de la salud (99,1%), la familia (97,8%) y la amistad (94%). Aunque el afecto puede manifestarse de diversas maneras, el 59% de los consultados asocia este concepto directamente con el lazo que se construye dentro de una pareja.

Actualmente, aproximadamente el 70% de los ciudadanos mantiene una relación sentimental, destacando que la modalidad predominante es el matrimonio religioso con un 38,5%. Muchas de estas uniones demuestran gran estabilidad, llegando a superar los 20 años de convivencia. No obstante, a pesar del afecto mutuo, las fricciones constantes son habituales. Sobre este fenómeno, la psicóloga Silvia Severino señala una realidad paradójica: “cuanto más amamos a una persona, más tendemos a discutir con ella o a tratarla mal”.

La fragilidad de la identidad en el amor

De acuerdo con el análisis de Severino, este comportamiento no responde necesariamente a una falta de control o mal temperamento. La especialista sostiene que en los vínculos de gran importancia no solo afloran sentimientos positivos, sino también las zonas más vulnerables de cada individuo.

“Las relaciones importantes no solo se activan los sentimientos, sino las partes más frágiles de nuestra identidad”

afirma la experta, subrayando que

“El amor no toca lo que brilla en ti, toca también lo que temes y lo que aún no has resuelto”

.

La psicóloga puntualiza que, cuando un tercero adquiere un rol significativo en nuestra vida, es habitual que el individuo perciba una amenaza interna a sus mecanismos de defensa.

“Y cuando las defensas se activan, la primera reacción no es la dulzura, es la protección. Por eso discutes más con quien amas”

, explica Silvia Severino.

La paradoja de la reactividad emocional

Una mujer discute con su novia. (Adobe Stock)

Esta vulnerabilidad inherente al amor provoca que las dinámicas de pareja se vuelvan complejas en comparación con el trato hacia desconocidos. La experta aclara que es sencillo mostrarse comprensivo con alguien ajeno, pero con el ser amado la situación cambia drásticamente:

“Con un extraño es fácil ser comprensivo, con tu pareja no, porque su silencio te desestabiliza y su distancia te hace sentir vulnerable”

.

Este escenario configura lo que Severino denomina la paradoja amorosa, donde la proximidad intensifica la sensibilidad y, de no existir una gestión adecuada, se transforma en una respuesta defensiva constante.

“La cercanía aumenta la sensibilidad y, si no sabes gestionarla, se vuelve reactividad. No estás atacando al otro, te estás defendiendo de lo que esa persona despierta en ti. Hasta que reconozcas qué herida te está tocando, creerás que el problema es el otro, pero no es así”

, concluye la especialista.

Estadísticas y tendencias del romance actual

A pesar de la complejidad de la convivencia, la búsqueda de pareja sigue vigente. Un 30% de la población se encuentra sin compromiso sentimental, y de este grupo, cuatro de cada diez personas manifiestan el deseo de enamorarse o se encuentran en una búsqueda activa. Para el colectivo general, el concepto de amor en pareja está intrínsecamente ligado a la felicidad (95%), la estabilidad (92,6%) y el compromiso (94,7%).

En cuanto a las dinámicas de estas uniones, el 93,6% de los encuestados percibe la relación como un vínculo entre iguales. Otros factores determinantes son la pasión (86,3%) y la intensidad (74,1%). Finalmente, el modelo de relación monógama y tradicional sigue siendo el preferido por el 96,9% de los que tienen pareja, siendo frecuente encontrar periodos de convivencia de entre 11 y 20 años en el 18,3% de los casos analizados.

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