Tras recuperar su libertad, el gendarme argentino Nahuel Gallo ofreció un crudo relato sobre las vivencias de los extranjeros recluidos en el centro penitenciario venezolano El Rodeo I. El uniformado señaló que, actualmente, al menos 24 personas de diversas nacionalidades se encuentran privadas de la libertad en dicha cárcel, a la espera de que se resuelva su estatus legal. Durante su intervención, Gallo enfatizó el estado de aislamiento y la carencia de atención básica que padecen estos detenidos, haciendo un llamado urgente a la prensa y a los organismos internacionales para que intervengan en el caso.
Condiciones de reclusión y denuncia de tortura
El Cabo Primero, quien fuera arrestado en diciembre de 2024 y recientemente liberado, detalló ante los medios argentinos que el ambiente en El Rodeo I constituye una forma de “tortura psicológica”. En su comparecencia pública, el gendarme contó con el respaldo de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva; el canciller Pablo Quirno; y el jefe de la Gendarmería Nacional, Claudio Brilloni. Estas autoridades ratificaron que Gallo se mantiene en servicio activo y que está recibiendo el apoyo institucional necesario.
Sobre su estancia en el penal, el cabo primero fue contundente al expresar sus sensaciones personales y el trasfondo de su encierro:
“El Rodeo I no es un lugar muy bueno. Es un lugar de bastante tortura psicológica y no muy grato para contarlo en estos momentos”.
Gallo manifestó que, hasta el último instante de su cautiverio, percibió que su detención servía a intereses diplomáticos, funcionando como una “ficha de cambio” en el tablero político. Aunque evitó profundizar en las atrocidades que presenció por no sentirse mentalmente preparado para ello, confirmó que su estado de salud general es estable y que su enfoque actual es la recuperación personal.
Un escenario de tensión internacional
El testimonio de Nahuel Gallo también arrojó luz sobre el complejo panorama geopolítico que rodea estas detenciones. Según el gendarme, Venezuela vive una “supuesta transición” donde los arrestos de extranjeros no solo responden a motivos políticos internos, sino que reflejan conflictos externos, haciendo mención específica a las tensiones existentes con Irán. Ante esta situación, insistió en que es vital visibilizar el caso de los extranjeros que aún aguardan su liberación.
Respecto a la rutina dentro de El Rodeo I, Gallo describió un régimen de estricta incomunicación, sin acceso a llamadas telefónicas ni visitas familiares. El uniformado compartió lo difícil que resulta enfrentar acusaciones de delitos que no se cometieron:
“No es fácil estar incomunicado, no es fácil haber perdido la libertad injustamente, no es fácil que te acusen de delitos”.
Pese a la hostilidad del entorno, mencionó haber recibido solidaridad de algunos reclusos venezolanos. No obstante, aclaró que no sentirá una libertad plena mientras otros presos políticos continúen tras las rejas.
Llamado a la comunidad internacional
La denuncia del gendarme concluyó con una petición formal a las organizaciones de derechos humanos y entes globales:
“Quiero pedirle, solicitarle a los medios internacionales, a las ONG, a todas las organizaciones internacionales que no se olviden del Rodeo I y todos los centros penales que hay en Venezuela porque no solamente el Rodeo I tiene presos políticos. No podemos mirar para otro lado”.
Por su parte, el director nacional de la Gendarmería, Claudio Brilloni, reafirmó que la institución ha brindado soporte psicológico y asistencia a la familia de Gallo desde el inicio del conflicto en diciembre de 2024, garantizando que el funcionario seguirá desempeñando sus labores en la fuerza.
Antecedentes de la detención
El arresto de Nahuel Gallo ocurrió en la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela. Según su versión, su único objetivo era reencontrarse con su cónyuge e hija. Sin embargo, la administración de Nicolás Maduro desestimó esta explicación, vinculándolo con una presunta red de terrorismo y conspiración. Este incidente se produjo en un marco de extrema volatilidad política, coincidiendo con reportes de un ataque estadounidense en la capital venezolana durante el mes de enero, el cual habría dejado un saldo de varias decenas de víctimas mortales.
Finalmente, el caso de Gallo ha servido para reactivar las alarmas sobre la situación de derechos humanos en el país vecino, instando a que los medios de comunicación y las ONG mantengan su atención sobre los centros de reclusión venezolanos para evitar que estos atropellos queden en la impunidad.
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