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Piedra bezoar: El místico amuleto animal que vale una fortuna

Dentro del universo literario de Harry Potter, específicamente en el primer tomo, el profesor Severus Snape describe durante una de sus lecciones de Pociones que

“un bezoar es una piedra extraída del estómago de una cabra y te salvará de la mayoría de los venenos

.

Sin embargo, esta pieza no es un simple recurso de ficción creado por J. K. Rowling. Se trata de un objeto real, sumamente apreciado por expertos en taxidermia, cazadores y coleccionistas. La denominada piedra bezoar es considerada hoy un trofeo, aunque durante siglos fue vista como un amuleto con capacidades curativas y mágicas sorprendentes.

¿Qué es realmente una piedra bezoar?

De acuerdo con las investigaciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales, estas piedras son en realidad acumulaciones de elementos no digeridos que se alojan en el sistema digestivo (estómago o intestinos) de diversos mamíferos, tales como el corzo o el rebeco. No obstante, también pueden encontrarse en ciertos peces y reptiles. Estas formaciones se originan a partir de un núcleo central compuesto por fibras vegetales, cabellos o restos de piedras pequeñas, sobre el cual se depositan capas sucesivas de material orgánico.

Dos piedras de bezoar que se encuentran actualmente en el Museo de Historia del Arte de Viena. (Montaje Infobae con imágenes de Vassil/Wikimedia Commons y Vikidim/Wikimedia Commons)

El resultado es un objeto de forma esférica, cuya apariencia recuerda a la de una perla. Sus características físicas, como el peso y la tonalidad, están intrínsecamente ligadas a la dieta del ejemplar, el órgano donde se alojó y la especie del animal. Debido a que no siempre se desarrollan y pueden pasar desapercibidas en una revisión superficial, su rareza ha disparado su valor comercial a lo largo de la historia, llegando a integrarse incluso en piezas de alta joyería.

Historia de un antídoto legendario

La etimología de la palabra bezoar se remonta al persa antiguo, donde su significado se traduce como “antídoto”, “contraveneno” o “defensor contra el veneno”. Los registros del Museo de Ciencias Naturales señalan que en el antiguo Imperio persa se creía firmemente que estas piezas poseían facultades místicas para repeler el mal. Según los textos históricos,

“además de proteger contra los envenenamientos, también tendrían efecto sobre el estado de ánimo de quienes las utilizaban”

.

Hacia el siglo VIII, la literatura médica de origen árabe ya documentaba su uso terapéutico. No obstante, el conocimiento sobre este remedio llegaría a Europa recién en el siglo XII, periodo en el cual la peste devastaba a la población y los médicos comenzaron a emplear esta medicina importada de los árabes para intentar frenar la enfermedad.

En el continente americano, las culturas amerindias otorgaban a estas piedras un rol de talismán para garantizar el éxito en la cacería y la protección de los rebaños. Con la colonización española, el mito de las propiedades curativas de los bezoares se consolidó en la región. Las fuentes de estas piedras variaban según la geografía:

  • Asia y África: Se obtenían principalmente de la gacela de las Indias, el puercoespín y la cabra montés.
  • América: Se extraían de la llama, el guanaco y la vicuña.

Piedra bezoar artificial. (Wikimedia Commons)

El mercado de los bezoares y el fin de su uso médico

La alta demanda convirtió a la piedra bezoar en una mercancía de lujo. Un caso notable registrado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales menciona a un comerciante en Ámsterdam que pretendía vender un bezoar de puercoespín, del tamaño de un huevo de paloma, por la suma de 2.000 escudos.

Este clima de fascinación y superstición llevó a que monarcas y figuras de la nobleza coleccionaran estos especímenes, utilizándolos como amuletos de buena suerte o protección contra intentos de asesinato por envenenamiento. Sin embargo, su elevado costo propició la aparición de falsificaciones peligrosas que incluían compuestos químicos letales.

“Posiblemente, este hecho influyó en su decadencia y en que a partir de 1800 dejaran de utilizarse”

, indican los expertos del museo, refiriéndose a que las imitaciones contenían mercurio, antimonio y cinabrio, sustancias altamente tóxicas para el ser humano.

De la medicina al coleccionismo moderno

En la actualidad, aunque ya no se emplean con fines medicinales, el interés por estas piezas no ha desaparecido. Para los cazadores contemporáneos, hallar una piedra bezoar en un corzo o un rebeco silvestre representa obtener un trofeo de gran exclusividad debido a su escasez.

En el mercado especializado, el precio de estas formaciones puede rondar los 300 euros por cada 100 gramos cuando provienen de ganado vacuno. No obstante, las piezas extraídas de animales silvestres alcanzan valores superiores. Aunque el misticismo del pasado se ha desvanecido, la piedra bezoar sobrevive como un objeto de culto gracias a su historia, misterio y singularidad biológica.

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