Resulta inusual que un ministro de Defensa de una potencia del G7 decida trasladarse en vuelos comerciales, prescindiendo de su escolta y acompañado por su familia hacia un punto de alta volatilidad bélica sin el conocimiento previo de su propio gabinete. No obstante, esta es la situación que protagonizó Guido Crosetto. Mientras el pasado sábado se ejecutaban ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán, el responsable de la seguridad nacional italiana permanecía en Dubái en lo que calificó inicialmente como un viaje de carácter privado. Este suceso ha fracturado la confianza interna en la administración de Giorgia Meloni.
Cronología de un viaje accidentado
El viernes 28 de febrero, Guido Crosetto, figura clave del gabinete y cofundador de Hermanos de Italia, partió hacia los Emiratos Árabes Unidos. Según sus declaraciones, el traslado se realizó en una aerolínea comercial por motivos que mezclaban el descanso familiar con supuestos “compromisos institucionales”. La situación dio un giro drástico cuando Irán respondió a las ofensivas atacando diversas zonas del Golfo Pérsico, lo que forzó el cierre del espacio aéreo en Dubái, una terminal que gestiona hasta 2.500 vuelos diarios.

De este modo, el máximo líder de las Fuerzas Armadas de Italia terminó bloqueado en territorio extranjero durante una crisis geopolítica de magnitud global, sin equipo de asesores ni protección oficial. Durante el desarrollo de los ataques el día sábado, el funcionario tuvo que participar de forma remota en un gabinete de crisis en Roma. Una imagen filtrada desde el Palacio Chigi evidenció que el ministro se comunicaba mediante un iPhone mientras sus colegas se encontraban resguardados en el búnker de la presidencia italiana.
Contradicciones en la versión oficial
Tras el incidente, las explicaciones brindadas por el entorno de Crosetto han sido variadas y, a menudo, contrapuestas. Inicialmente, se presentó el viaje como una decisión privada e imprevista. Posteriormente, se alegó que el objetivo era poner a salvo a su familia. Sin embargo, en una comparecencia ante las comisiones de Exteriores del Senado y la Cámara, el ministro reconoció que sostuvo encuentros de alto nivel, incluyendo una reunión con Mohammed bin Mubarak bin Fadhel Al Mazrouei, su homólogo emiratí.
Diversos análisis señalan que el relato de Crosetto presenta vacíos significativos. Se cuestiona por qué, si el ministro preveía un peligro inminente para su familia, el gobierno no emitió alertas para el resto de los ciudadanos italianos en la zona. Asimismo, resulta anómalo que una misión institucional se realice sin el acompañamiento de colaboradores habituales en un contexto de guerra.

Otra de las inconsistencias detectadas radica en el transporte utilizado para su retorno. Aunque Crosetto justificó el uso de un avión militar para regresar a Roma con el fin de no “exponer a otros a peligros”, su llegada a Dubái se había dado en un vuelo de línea junto a unos 300 civiles.
“Tal vez me equivoqué al quedarme, pido disculpas, pero estaban mis dos hijos y quería estar con ellos”
Con estas palabras, el ministro intentó aplacar las críticas durante su tensa exposición ante las autoridades de Defensa y Exteriores, asegurando que se mantuvo operativo en todo momento. Su regreso definitivo a la capital italiana se concretó el domingo, tras ser escoltado por fuerzas emiratíes hasta Muscat, en Omán, donde abordó una aeronave de la Aeronáutica Militar.
¿Diplomacia paralela o intereses industriales?
Algunos observadores internacionales sugieren que la versión de las vacaciones podría ser una cobertura. Dubái funciona frecuentemente como un epicentro de negociaciones discretas entre Occidente y Oriente Medio. Llama la atención que, simultáneamente, Adrian Cozma, vicepresidente de la Cámara de Rumanía y experto en temas de seguridad, también se encontrara en la ciudad alegando motivos familiares.
Existe la hipótesis de que se tratara de una reunión estratégica para discutir el suministro de sistemas de defensa antiaérea por parte de Italia hacia los países del Golfo. Cabe recordar que Guido Crosetto posee un historial vinculado a la industria armamentística, habiendo presidido la AIAD (patronal de defensa) y asesorado a gigantes como Leonardo y Fincantieri.
Desde esta perspectiva, su estancia en el Golfo podría interpretarse como una gestión comercial estratégica. Según trascendió, las monarquías de la región han solicitado formalmente a Roma tecnología antidrones y defensa aérea para protegerse de posibles ataques por parte de Teherán.
Impacto en el Gobierno y reacción de la oposición

En el ámbito político interno, el malestar es evidente. El ministro de Asuntos Exteriores, Tajani, reconoció públicamente que no estaba al tanto de la ubicación de su colega de Defensa. Esta falta de comunicación revela tensiones con Alfredo Mantovano, jefe de los servicios secretos, con quien Crosetto mantiene una relación compleja. Si los servicios de inteligencia conocían el viaje y no informaron a la presidencia, el Gobierno enfrenta una falla de seguridad nacional; de lo contrario, el ministro habría actuado por cuenta propia.
A pesar de que Giorgia Meloni ha sostenido que el funcionario “nunca dejó de trabajar”, la incomodidad persiste por la ausencia de protocolos de seguridad oficiales durante el viaje. Por su parte, los líderes de la oposición, Giuseppe Conte (M5S) y Elly Schlein (PD), han calificado lo ocurrido como “imbarazzante” (vergonzoso) y han solicitado la dimisión inmediata del ministro.
Finalmente, las facciones opositoras han remitido una misiva conjunta solicitando que la propia Meloni comparezca ante el Parlamento para esclarecer la postura oficial del país, petición que hasta el momento no ha recibido respuesta por parte del Palacio Chigi.
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