Las pequeñas elecciones del día a día, como tomar el mismo camino hacia el trabajo o adquirir los mismos artículos en el supermercado, podrían parecer actos sin importancia. No obstante, una reciente investigación de la Universidad Técnica de Dresde (TUD), situada en Alemania, ha determinado que la repetición de hábitos influye más en las decisiones humanas que la reflexión consciente. Este estudio, que fue divulgado a través de la revista Communications Psychology, desafía la creencia convencional de que las personas evalúan minuciosamente las alternativas antes de cada elección.
El grupo de expertos, bajo la dirección de Stefan Kiebel, catedrático de Neurociencia Cognitiva Computacional en la TUD, y el investigador principal Ben Wagner, examinó la conducta de más de 700 individuos mediante tareas de carácter experimental y el uso de bases de datos previas. El estudio plantea que, en múltiples escenarios, los sujetos tienden a reiterar acciones que ya han realizado previamente, incluso si el entorno se transforma o si surgen alternativas que son objetivamente superiores.
“Nuestro estudio muestra que muchas ‘preferencias irracionales’ no surgen necesariamente de comparar valores, sino de la tendencia a repetir lo que antes se eligió en un contexto determinado”
Esta tendencia a la repetición, según explicó Wagner, termina por configurar las resoluciones futuras de los individuos, sin importar que las condiciones externas hayan variado.
El refugio en lo conocido

Más que un proceso basado en la racionalidad pura, la toma de decisiones en la cotidianidad funciona como un atajo cognitivo. Evocar acciones pasadas se transforma en un sistema que orienta la siguiente elección, evitando así un análisis exhaustivo de las ventajas y desventajas de cada opción. De acuerdo con el investigador Ben Wagner, lo más impactante de los resultados fue observar cómo la simple reiteración es capaz de modificar las preferencias personales.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos emplearon modelos computacionales de alta complejidad con el fin de aislar este comportamiento. Se logró confirmar que las alternativas seleccionadas con mayor asiduidad no solo terminan siendo las favoritas, sino que se perciben como mejores opciones, a pesar de que existan otras posibilidades equivalentes o incluso de mayor calidad.
Inercia en las rutinas e irracionalidad
Los hallazgos de la TUD permiten comprender con mayor claridad por qué el ser humano se aferra a rutinas y costumbres, abarcando desde los hábitos de consumo hasta las acciones mínimas de la vida diaria, aunque estas no siempre sean las más eficientes. La historia de las acciones previas genera una inercia cognitiva que empuja a las personas hacia lo familiar, complicando la adopción de cambios incluso frente a nuevas y mejores oportunidades.

Este fenómeno de sesgo por repetición tiende a fortalecerse en contextos de incertidumbre. Cuando la información disponible es poco clara o ambigua, la inclinación a optar por lo ya conocido funciona como un anclaje mental que otorga estabilidad a las decisiones tomadas.
La investigación, titulada originalmente “La repetición de acciones sesga la elección en la toma de decisiones dependiente del contexto”, no solo es relevante para la psicología y la economía conductual. También proporciona herramientas fundamentales para la creación de políticas públicas y el diseño de entornos que busquen transformar conductas sociales. Los autores resaltaron que entender cómo la repetición configura el criterio podría ser clave para fomentar hábitos saludables o sostenibles.
“La pura repetición puede llevar a que una opción siga siendo la preferida incluso cuando existen alternativas superiores”
Este efecto explica la razón por la cual modificar una costumbre establecida demanda tanto sacrificio, incluso en situaciones donde el beneficio del cambio es totalmente evidente para el individuo.
El cerebro frente a la costumbre

Desde una perspectiva biológica, los investigadores plantean que estos patrones de comportamiento están conectados con regiones del cerebro vinculadas a la formación de hábitos y la memoria procedimental, destacando el papel de los ganglios basales. De este modo, la repetición no solo sirve para agilizar la vida diaria, sino que también consolida conductas que, si bien pueden ser útiles, resultan sumamente difíciles de transformar si llegan a ser nocivas.
Este descubrimiento pone en tela de juicio los esquemas tradicionales que consideran cada decisión como un evento autónomo e independiente. La aplicación de estos sesgos en el desarrollo de inteligencia artificial o en estrategias de salud mental podría potenciar la efectividad de los programas diseñados para orientar las elecciones humanas hacia mejores resultados.
Finalmente, el estudio de la Universidad Técnica de Dresde concluye que la fuerza de la costumbre puede ser un factor mucho más determinante que la lógica al momento de actuar. Reconocer este mecanismo es un paso vital para quienes intentan abandonar rutinas perjudiciales o simplemente desean entender la raíz de sus elecciones diarias.
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