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Enfermedades raras en Ecuador: visibilización, prevención y el respaldo que necesitan las familias

En Ecuador, miles de familias conviven con una realidad poco visible pero profundamente compleja: las enfermedades raras. Aunque cada una de estas condiciones afecta a un número reducido de personas, en conjunto representan un desafío significativo para el bienestar físico, emocional y económico de quienes las enfrentan.

De acuerdo con organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), Orphanet (portal de información europeo sobre enfermedades raras) y EURORDIS (Enfermedades Raras Europa), se estima que existen entre 6.000 y 8.000 enfermedades raras identificadas a nivel mundial. En conjunto, afectan entre el 3,5% y el 5,9% de la población global, lo que equivale a aproximadamente 300 millones de personas. Cerca del 72% tienen origen genético y alrededor del 70% comienzan en la infancia, lo que evidencia la necesidad de diagnóstico correcto oportuno y acompañamiento especializado desde etapas tempranas de vida.

Diagnóstico tardío: una de las principales barreras

Uno de los mayores desafíos es el diagnóstico oportuno. Según EURORDIS, en promedio, una persona con una enfermedad rara puede tardar entre 4 y 5 años en recibir un diagnóstico correcto, e incluso en algunos casos el proceso puede extenderse por más tiempo.

Según la Dra. María Mercedes Ganán, Directora de Inteligencia Clínica de Ecuasanitas en Ecuador, esta realidad puede verse agravada por la limitada información disponible y la baja sospecha clínica en etapas iniciales. La falta de detección temprana genera complicaciones que, con intervención oportuna, podrían manejarse de mejor manera y con mejores resultados clínicos. “Aunque no todas las enfermedades raras pueden prevenirse, un seguimiento médico oportuno e integral permite actuar de manera más eficiente y ofrecer alternativas de manejo que mejoren la calidad de vida de la persona”, explica.

Impacto físico, emocional y económico en las familias

Las enfermedades raras no solo afectan a la persona, sino a todo su entorno. Organismos internacionales han advertido que estas condiciones suelen generar una carga económica y social significativa debido a la necesidad de tratamientos prolongados, medicamentos especializados y rehabilitación permanente, generando gastos en servicios médicos.

A ello se suma el impacto emocional: ansiedad, incertidumbre ante el diagnóstico, el pronóstico, y cambios drásticos en la dinámica familiar. Padres que reorganizan su vida laboral e inclusive se ven obligados a dejar su empleo, cuidadores permanentes y reducción de ingresos son escenarios frecuentes cuando no existe un respaldo estructurado.

Prevención y planificación: herramientas clave

Si bien muchas enfermedades raras tienen un componente genético que no puede evitarse, es posible implementar estrategias que reduzcan complicaciones y mejoren el bienestar integral de la persona” comenta Ganán.

Entre las principales acciones recomendadas por la especialista se encuentran:

  • Controles médicos periódicos y seguimiento continuo ante síntomas y signos aparentemente menores.
  • Evaluaciones especializadas ante signos de alerta persistentes.
  • Acceso a pruebas de laboratorio y estudios diagnósticos oportunos.
  • Educación familiar para el manejo adecuado de la condición y las medidas que coadyuvan al tratamiento médico.

“El sector privado cumple un papel complementario al facilitar acceso a consultas de especialidad y subespecialidad, estudios diagnósticos, hospitalización, medicamentos, terapia física y seguimiento continuo.

Promover una cultura de chequeos regulares como lo hacemos desde Ecuasanitas puede marcar una diferencia significativa cuando hablamos de enfermedades raras. Mientras más pronto se identifique una condición, mayores son las posibilidades de establecer un plan de manejo adecuado que disminuya complicaciones futuras”, concluye la Dra. Ganán.

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