En un análisis profundo sobre los vínculos familiares, la doctora Lucía Crivelli, especialista en neuropsicología, examinó cómo el lugar que ocupa cada hermano al nacer influye directamente en su carácter. Según detalló la experta, existe una base teórica relevante desarrollada por Frank Sulloway en la década de los 90, la cual sugiere patrones específicos de comportamiento según el orden de llegada al núcleo familiar.
“Una teoría que surge en los años 90, de Frank Sulloway, plantea que el primer hijo suele ser mucho más responsable, cumple más con los mandatos familiares, tiende a ser más conservador y respeta el statu quo. El hijo menor, en cambio, es mucho más sociable, amigable, tiende a ser más disruptivo e innovador”
Durante un diálogo con los comunicadores Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, la doctora Crivelli precisó que el rol del hijo del medio suele ser muy particular. Al respecto, indicó que este perfil
“suele ser el mediador, el conciliador, el diplomático que busca acuerdos en la familia, pero también puede sentirse invisible”
No obstante, la especialista fue enfática al aclarar que estas tendencias no son definitivas ni inalterables. La dinámica de una familia es considerablemente más compleja de lo que sugiere la biología pura, ya que existen múltiples factores externos. Entre estas variables de crianza se encuentran el sexo de los descendientes, el número total de hermanos y la metodología particular con la que los progenitores ejercen su paternidad o maternidad.
Los riesgos de las etiquetas y la profecía autocumplida
La doctora Crivelli explicó que, aunque la teoría de Sulloway goza de popularidad por su conexión con la evolución darwiniana, es fundamental no encasillar a los niños en roles rígidos.
“Estas etiquetas pueden ser muy peligrosas. Cuando uno le dice a un hijo menor que es un tiro al aire, finalmente termina siendo más irresponsable. Eso se llama profecía autocumplida: son creencias falsas que generan conductas que finalmente las validan”
Al analizar datos masivos provenientes de estudios con muestras de entre cuatro mil y seis mil individuos, se han observado matices importantes. Por ejemplo, los hijos únicos y los primogénitos suelen compartir ciertos rasgos distintivos, debido a que la experiencia de recibir atención exclusiva durante los primeros años de vida deja una huella profunda. Es común que estos sientan que poseen una inteligencia superior, aunque Crivelli aclaró que, en términos de coeficiente intelectual real, no existen diferencias comprobadas entre hermanos.
Por otro lado, la neuropsicóloga destacó que
“los hijos menores desarrollan más recursos sociales porque nacen en un ambiente donde tienen que negociar, pelear por su lugar y convencer. El menor tiene muchos más recursos sociales y aprende a moverse más rápido en la familia”
Estructuras familiares modernas y cambios en el carácter

El análisis también abordó la realidad de las familias ensambladas y los nuevos modelos de convivencia. En estos contextos, el rol de ‘hijo mayor’ puede ser asumido por diferentes integrantes, lo que demuestra que la personalidad no es algo estático ni estrictamente biológico, sino una construcción que se desarrolla a lo largo de toda la existencia.
Para la doctora Crivelli, el cambio sigue siendo una posibilidad incluso después de etapas formativas como la adolescencia. Mencionó los denominados ‘big five’ o los cinco grandes rasgos de la personalidad:
- Apertura a la experiencia
- Responsabilidad
- Extraversión
- Neuroticismo
- Amabilidad
Todos los seres humanos poseen estos factores en proporciones variables que se moldean con el tiempo.
Adicionalmente, se señaló que la personalidad puede experimentar giros debido a crisis vitales, vivencias traumáticas o sucesos de gran relevancia. En este sentido, el estilo de crianza es determinante: mientras que los padres democráticos (cálidos pero con límites claros) suelen formar hijos seguros, los padres autoritarios pueden desencadenar conductas de rebeldía.
La evolución del rol parental y el poder de las palabras
La doctora describió una evolución natural en la forma en que los padres educan a sus hijos. Usualmente, con el primer hijo se vuelca toda la energía y se aplican límites más estrictos. Con el paso del tiempo y la llegada de los siguientes hermanos, los padres tienden a volverse más flexibles, delegando en parte la transmisión de valores al hermano mayor. Es una realidad que ningún hijo comparte exactamente los mismos padres que su hermano, ya que la familia es un sistema en constante transformación.
Finalmente, Lucía Crivelli concluyó con una advertencia para los cuidadores:
“El mensaje más importante es tener cuidado con las etiquetas. No debemos encasillar a nuestros hijos. El poder de las palabras es enorme y puede condicionar el desarrollo de la personalidad”
Fuente: Fuente