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El contrabando y el tráfico de armas empujan a Ecuador al «TOP 5» mundial de criminalidad

El Índice Global de Crimen Organizado 2025 evidencia un deterioro en el contexto de seguridad: Ecuador ha escalado posiciones hasta convertirse en la quinta nación con mayor criminalidad en el mundo, alcanzando un puntaje crítico de 7.48 (0.41 más que en el informe anterior). Este deterioro, lejos de ser un fenómeno aislado, responde a una maquinaria delincuencial que se ha diversificado y sofisticado, en contraste con una institucionalidad y una respuesta gubernamental que, según el informe, han sufrido un grave debilitamiento.

 

Entre los hallazgos más reveladores se encuentra el vínculo casi invisible pero crítico que conecta el bolsillo de los ciudadanos con la violencia criminal: el auge del comercio ilícito. El informe es contundente al señalar que el mercado ilegal de cigarrillos y de productos sujetos a impuestos especiales ha alcanzado un «pico histórico» en el país, convirtiéndose en la mayor parte del mercado de consumo actual. Según señala el informe, mercancías provenientes de Asia, Paraguay y Colombia se abren paso por los puertos del país y por pasos informales.

 

Pero el dato más alarmante no es comercial, sino de seguridad. El reporte señala que organizaciones de estilo mafioso -como Los Choneros, Los Lobos y Los Tiguerones- han diversificado sus portafolios criminales, incorporando el contrabando en la expansión de sus operaciones ilegales.  Ya no solo trafican con drogas,  ahora controlan la importación de mercancías ilícitas. En ese contexto, el informe menciona que, a partir de diversos estudios, se confirma que las ganancias generadas por cada venta ilegal apoyan directamente el financiamiento de los grupos de delincuencia organizada y, en consecuencia, actividades como el narcotráfico y las operaciones de lavado de activos.

 

El comercio ilícito crece y el tráfico de armas también. Si bien no se establece una correlación directa, el informe destaca que la liquidez diaria que genera el contrabando en mercados informales permite a estas estructuras robustecer sus capacidades económicas y, por defecto, financiar el armamento de alto calibre que hoy aterroriza a la ciudadanía. Comprar productos de contrabando se ha convertido, de alguna manera, en un mecanismo de financiación de las operaciones de las bandas criminales.

 

Este avance criminal ocurre en un contexto de grave debilitamiento estatal. De acuerdo con el informe, factores como la corrupción en el sistema judicial, aduanas y fuerzas de seguridad han permitido que los puertos de Guayaquil y Manta funcionen como nodos logísticos tanto para la salida de cocaína como para la entrada de contrabando y armamento. En ese sentido, el índice reporta una caída drástica en la resiliencia del Estado ecuatoriano, ubicándolo en el puesto 114 a nivel mundial en capacidad de respuesta. Entre los indicadores críticos se encuentran también liderazgo político (3.5) y sistema judicial (3), ambos con una caída de un punto con respecto al informe de 2023.

 

Las cifras del  Índice 2025 dejan claro que el contrabando ya no es un delito menor, sino uno de los motores financieros que sostienen la operatividad de las bandas criminales en Ecuador. Bajo esa premisa, combatir la inseguridad con éxito, implica una acción desde el Estado orientada a atacar con la misma fuerza el tráfico de mercancías que el de drogas; de lo contrario, las estructuras delictivas seguirán gozando de la liquidez necesaria para armarse y desestabilizar al país. Cortar el flujo del comercio ilícito es, hoy más que nunca, una medida de seguridad nacional urgente e impostergable.

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