Galápagos es sinónimo de biodiversidad única, océanos cristalinos y vida silvestre extraordinaria. Sin embargo, detrás de esta riqueza natural existe una realidad poco conocida: el agua dulce en las islas es uno de los recursos más escasos y estratégicos para la sostenibilidad del archipiélago.
A diferencia del Ecuador continental, Galápagos no cuenta con ríos permanentes ni grandes fuentes superficiales de agua. Su origen volcánico y su composición geológica hacen que el agua de lluvia, principal fuente natural, se filtre rápidamente en el subsuelo o se mezcle con agua salina, además el crecimiento poblacional y turístico incrementa la demanda hídrica.
Según el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos (CGREG), gran parte del agua para consumo humano en islas como Santa Cruz, San Cristóbal e Isabela proviene de:
- Plantas desalinizadoras, que transforman agua de mar en agua potable mediante procesos de ósmosis inversa.
- Acuíferos subterráneos, susceptibles a intrusión salina.
- Captación de agua lluvia en zonas altas.
No obstante la desalinización implica altos costos energéticos y operativos. Esto convierte al agua en un recurso no solo escaso, sino también económicamente sensible para el territorio.
En el marco del Día Mundial del Agua, Ichthion, a través de su programa Galapagos Guardians hace un llamado a la reflexión sobre este recurso natural “Para nosotros es clave visibilizar esta realidad en nuestras islas, garantizar su sostenibilidad requiere planificación hídrica, inversión en tecnología eficiente, educación ambiental y corresponsabilidad entre autoridades, sector privado, comunidad local y visitantes” afirma Andrea Lema, Directora País de Ichthion.
La calidad del agua en Galápagos también está ligada a la gestión adecuada de residuos. Cuando estos —especialmente plásticos— no se gestionan adecuadamente, pueden fragmentarse en microplásticos y dispersarse en el entorno. En las islas, los desechos mal gestionados pueden infiltrarse en el suelo volcánico poroso, aumentando el riesgo de afectar acuíferos subterráneos, que ya son vulnerables a la intrusión salina. Sustancias químicas asociadas a ciertos plásticos también pueden liberarse con el tiempo, comprometiendo la calidad del agua.
¿Qué se puede hacer?
La prevención de la contaminación es más eficiente y sostenible que intentar corregirla posteriormente. La gestión adecuada de residuos es una acción estratégica para proteger la calidad del agua que consumen los habitantes y visitantes del archipiélago, pero además hay acciones diarias que se pueden realizar para preservar este recurso valioso:
- Reducir el uso de plásticos, especialmente los de un solo uso.
- Separar correctamente los desechos tanto en el Ecuador continental, así como en el archipiélago.
- Utilizar el agua de forma responsable con duchas cortas, cierre de grifos mientras no se usan y reparación inmediata de fugas.
- Fortalecer soluciones que intercepten residuos antes de que lleguen al océano.
“Cada residuo que se evita, se separa correctamente, o se recicla, representa una acción concreta para reducir la presión sobre fuentes hídricas altamente vulnerables. La protección del agua es una responsabilidad compartida: requiere decisiones conscientes desde la ciudadanía, compromiso real del sector productivo y políticas públicas sólidas que acompañen y regulen estos esfuerzos. Solo desde esta corresponsabilidad podremos resguardar sistemas frágiles y garantizar la conservación de un recurso esencial como el agua” añade Lema.
El Día del Agua nos recuerda que este recurso no es infinito, y que en territorios frágiles como Galápagos su valor es aún mayor. Cuidarlo hoy, desde nuestras acciones individuales hasta las decisiones colectivas, es garantizar la vida, la biodiversidad y el futuro sostenible del archipiélago.