La grave crisis humanitaria que atraviesa Líbano se ha intensificado drásticamente tras la reciente ofensiva militar en diversas regiones del país. Ante la magnitud de los ataques aéreos, las autoridades han procedido con la habilitación de 171 refugios, los cuales actualmente brindan protección a aproximadamente 29.000 personas desplazadas de sus hogares. Hanine el Sayed, ministra de Asuntos Sociales, confirmó que esta infraestructura busca garantizar resguardo y asistencia esencial a quienes han sido forzados a abandonar zonas residenciales debido a la campaña contra posiciones de Hezbolá.
De acuerdo con el balance más reciente proporcionado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), la cifra de víctimas mortales ha ascendido a 52 fallecidos. Asimismo, los reportes oficiales indican que el número de heridos se sitúa en 154 personas, reflejando el impacto directo de los bombardeos sobre la población civil y diversas áreas del territorio libanés.
Intensificación de la ofensiva militar
La operación, que ha sido descrita por el Ejército de Israel como una “campaña ofensiva”, ha centrado gran parte de su fuego en los suburbios del sur de Beirut. No obstante, las acciones bélicas no se limitaron a la capital, impactando también de forma severa en el distrito de Tiro y otros puntos estratégicos. Según información de las Fuerzas de Defensa de Israel, se realizaron ataques contra un total de setenta objetivos vinculados a Hezbolá, entre los que se incluyeron sistemas de lanzamiento de proyectiles y depósitos de armamento.
Este incremento de la violencia ocurre en un contexto de fragilidad diplomática, específicamente bajo el marco del alto el fuego declarado en noviembre de 2024. Dicho acuerdo establecía la retirada de las fuerzas combatientes del sur del Líbano; sin embargo, la presencia de cinco puestos militares israelíes en territorio libanés ha generado fuertes reproches por parte del gobierno de Beirut y del grupo chií, quienes exigen la salida inmediata de todas las tropas extranjeras.
“campaña ofensiva”
Controversia sobre el cumplimiento del cese al fuego
A pesar de las cláusulas establecidas en el pacto de cese de hostilidades, Israel ha defendido la continuidad de sus operativos. El argumento del Estado israelí se basa en que sus acciones son una respuesta directa a las actividades de Hezbolá y que, bajo su interpretación, estas maniobras no constituyen una violación de los términos acordados. Por el contrario, tanto las autoridades de Líbano como la Organización de las Naciones Unidas han manifestado su profundo desacuerdo, condenando la ofensiva y señalando la vulneración de la soberanía territorial.
El deterioro de la seguridad ha sido documentado no solo a través de las cifras de la UNGRD, sino también mediante el seguimiento de organizaciones internacionales preocupadas por el bienestar de los civiles. Con más de cincuenta fallecidos y un centenar y medio de heridos registrados en las últimas horas, la protesta internacional se ha vuelto constante, exigiendo una pausa en las hostilidades para evitar un colapso humanitario total.
Respuesta institucional y despliegue de ayuda
La ministra Hanine el Sayed hizo hincapié en el trabajo coordinado entre diversas instituciones para sostener los centros de acogida. Estas instalaciones, distribuidas en puntos clave, intentan cubrir las necesidades básicas de los miles de desplazados que huyen de las zonas más golpeadas. El informe de las fuerzas militares israelíes reitera que su foco principal son las capacidades operativas del grupo chií, insistiendo en que la identificación de amenazas directas justifica la intervención en áreas urbanas.
Finalmente, las Naciones Unidas han instado a ambas naciones a respetar los compromisos de noviembre de 2024 para mitigar el costo humano de este enfrentamiento. Mientras Líbano y Hezbolá mantienen su postura sobre la ilegalidad de los puestos militares israelíes en su suelo, la comunidad internacional enfatiza la urgencia de establecer corredores humanitarios y encontrar una salida política que detenga el flujo de víctimas y la destrucción de la infraestructura esencial en la región.
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