Una coincidencia literaria en una tienda de libros de segunda mano fue el detonante para una de las duplas creativas más relevantes del cine independiente contemporáneo. La unión entre el actor Timothée Chalamet y el cineasta Josh Safdie se gestó a partir de un descubrimiento fortuito que hoy se materializa en el proyecto cinematográfico titulado Marty Supreme, una obra que busca retratar el realismo más puro.
La semilla de esta colaboración se plantó originalmente en el año 2017, específicamente durante el evento posterior al estreno de la película Good Time en la ciudad de Manhattan. En aquel encuentro, Safdie quedó cautivado por la presencia escénica de Chalamet, a quien decidió bautizar bajo el apodo de “Timmy Supreme”. Lo que inició como un comentario espontáneo terminó por sellar un compromiso profesional basado en el interés mutuo por capturar la esencia de Nueva York sin recurrir a ornamentos innecesarios.
El impulso definitivo llegó de la mano de Sara Rossein, productora del filme y esposa de Safdie, quien localizó fortuitamente la biografía del destacado jugador de tenis de mesa Marty Reisman en una librería de usados. Este texto sirvió como base para un extenso proceso de desarrollo de seis años, en el cual participaron Safdie, Ronald Bronstein y el propio Chalamet. Juntos dieron forma a Marty Mauser, el eje central de Marty Supreme, transformando una simple anécdota literaria en un análisis sobre el éxito, las caídas y la búsqueda de la posteridad.
Un proceso creativo marcado por la espontaneidad
El esquema de trabajo propuesto por Safdie se aleja de las estructuras tradicionales, apostando por un riesgo constante en el set de grabación. El director prefiere que sus intérpretes eviten la rigidez de un texto preestablecido, algo que el mismo Chalamet ha destacado al mencionar que el cineasta
“Quiere que te salgas del guion”
.
Para el director, el valor del séptimo arte reside principalmente en lo imprevisto. Safdie sostiene una filosofía clara respecto a su estilo de dirección: “Me gusta dejar espacio para ver qué surge”. Gracias a este nivel de libertad creativa y confianza mutua, el rodaje se convirtió en un terreno fértil donde la identidad del protagonista y la del actor se entrelazan para lograr una representación auténtica del drama humano.
Nueva York como eje de la narrativa emocional
La gran metrópoli de Nueva York no funciona únicamente como una locación física, sino como un motor que impulsa toda la carga emocional de la historia. Durante el proceso, Chalamet recordó sus vivencias de juventud recorriendo sitios emblemáticos como Midtown Comics, mientras que Safdie aportó sus propias memorias de infancia transitando entre Queens y Manhattan tras la ruptura de sus padres.

Esta conexión personal y compartida con la urbe permite que los personajes de la película posean una vitalidad que parece extraída directamente de la realidad cotidiana, pero con una fuerza cinematográfica excepcional.
La apuesta por el riesgo y la intuición en Marty Supreme
El proyecto Marty Supreme es el resultado final de una amalgama entre la casualidad, la intuición y la valentía artística. Safdie define su labor con una frase contundente:
“el cine consiste en perseguir vidas que no existen hasta hacerlas palpables”
.
Por su parte, para Timothée Chalamet, el objetivo principal en este filme radica en “capturar esos instantes fugaces que revelan la esencia de una persona”. Lo que comenzó con un hallazgo azaroso en un estante de libros viejos ha culminado en una propuesta cinematográfica radical que intenta latir al mismo ritmo que la ciudad que la inspiró.
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