Durante las primeras horas del pasado sábado, una operación militar conjunta ejecutada por Estados Unidos e Israel tuvo como objetivo Teherán, la capital iraní. Esta acción bélica representa la segunda intervención de características similares en un periodo inferior a doce meses, siguiendo el rastro de la maniobra de junio de 2025 que buscaba mermar las capacidades nucleares y defensivas de Irán. Este nuevo episodio ha puesto nuevamente en el foco de la inestabilidad internacional al Estrecho de Ormuz, considerado uno de los pasos marítimos más determinantes del globo. Pese a que no se ha oficializado un bloqueo del canal, el riesgo latente y la falta de seguridad en la región amenazan con desestabilizar los mercados energéticos, con repercusiones directas para España.
Informes del sector indican que, debido a la escalada de hostilidades, al menos 150 buques cisterna permanecen varados en las proximidades del estrecho. Esta parálisis logística ya ha provocado que el petróleo Brent experimente un incremento del 10%, situándose en los 100 dólares por barril. Los analistas prevén que esta tendencia alcista se intensifique a partir del próximo lunes con la apertura formal de las transacciones en los mercados financieros.
El valor estratégico del paso de Ormuz
Con una anchura de apenas 30 kilómetros en su punto más estrecho, este canal situado entre Irán y Omán funciona como la arteria principal del suministro energético mundial. Datos de la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA) señalan que por esta vía transitan diariamente cerca de 20 millones de barriles de crudo. Se trata de una ruta indispensable para las exportaciones de naciones clave como:
- Arabia Saudí
- Emiratos Árabes Unidos
- Irak
- Kuwait
La crisis no se limita únicamente al petróleo. El gas natural licuado (GNL) también se encuentra bajo una grave amenaza. Qatar, responsable de aproximadamente el 20% del consumo mundial de GNL, depende de la seguridad de este corredor para abastecer a sus clientes en Europa y Asia. Cualquier interrupción prolongada en la navegación de este punto geográfico desencadenaría un incremento en los costos de producción y un efecto dominó que afectaría la totalidad del comercio internacional.
Efectos colaterales en la economía española
Aunque España no adquiere petróleo directamente de fuentes iraníes, la estructura interconectada del mercado energético impide que el país quede al margen de la crisis. Las fluctuaciones en Oriente Próximo impactan inevitablemente en los precios finales que pagan los consumidores locales por los derivados del crudo.
De mantenerse el bloqueo o la inseguridad en el Estrecho de Ormuz, se anticipa un encarecimiento notable en el precio de la gasolina y el diésel, lo que generaría una presión inflacionaria sobre el resto de bienes y servicios.
Este escenario impactaría de forma severa al transporte terrestre y aéreo, además de elevar la factura eléctrica nacional, dada la dependencia del gas y el petróleo para la generación de energía. Dentro del ámbito empresarial, la situación presenta dos caras. Por un lado, compañías petroleras como Repsol podrían ver incrementados sus márgenes por el alza de precios. Por otro lado, sectores vinculados a la movilidad y el turismo enfrentarían dificultades operativas.
El comportamiento del Ibex-35 el pasado viernes 27 de febrero reflejó este nerviosismo de la siguiente manera:
- Repsol: Cerró con una ligera subida del 0,21%.
- Indra: Se mantuvo sin cambios significativos.
- IAG: Registró una caída del 7,83%, a pesar de haber reportado resultados anuales positivos.
- Empresas como Meliá y Aena también se encuentran bajo vigilancia por el encarecimiento del combustible.
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