La presencia de las pantallas es hoy una realidad ineludible que ha permeado todas las esferas del cotidiano: desde la formación académica y el ámbito laboral hasta el entretenimiento y el tejido de los vínculos sociales. Esta integración tecnológica también ha transformado la crianza. Es cada vez más común observar a jóvenes sumergidos en el scroll infinito de plataformas digitales, infantes utilizando tabletas en establecimientos de comida o incluso lactantes en sus coches de paseo, cuya atención se dirige a dispositivos electrónicos en lugar de interactuar con su entorno físico.
Esta exposición excesiva a estímulos sensoriales constantes está alterando de forma visible la capacidad de concentración y atención en la población general. Sin embargo, estas repercusiones son particularmente críticas en niños y adolescentes, quienes atraviesan etapas fundamentales de su desarrollo neurológico y psicológico.
Sin caer en posturas que satanicen la tecnología —reconociendo su valor como recurso educativo y social—, la doctora Beatriz Martínez subraya la urgencia de analizar sus peligros sin ignorar su utilidad en el mundo contemporáneo. Con motivo del lanzamiento de su obra titulada Manual de supervivencia para padres en la era digital (Espasa, 2026), la experta en psiquiatría infantil y de la adolescencia profundiza sobre cómo las familias pueden gestionar el uso de dispositivos desde la consciencia, eliminando el sentimiento de culpa y fomentando una comunicación abierta sobre las amenazas latentes.

El debate sobre el primer dispositivo móvil
Una de las interrogantes más complejas que enfrentan los progenitores hoy en día es:
“¿Cuándo voy a tener un móvil?”
Según explica la especialista, es vital diferenciar entre un teléfono básico (destinado únicamente a llamadas) y un smartphone. El primero puede entregarse cuando el menor inicia su autonomía fuera del hogar, usualmente al comenzar la secundaria, cerca de los 12 años.
No obstante, el panorama cambia drásticamente con los teléfonos inteligentes. Martínez señala que la evidencia científica internacional vincula la entrega de estos dispositivos antes de los 15 años con indicadores negativos de salud mental, tales como ansiedad, depresión e ideación suicida. Por ello, considera que otorgar acceso total a internet mediante un smartphone antes de esa edad no resulta prudente.
La transformación del consumo de entretenimiento
La saturación de estímulos está reconfigurando incluso la forma en que los jóvenes disfrutan de su tiempo libre. La doctora menciona un ejemplo reciente citado por el actor Matt Damon, quien explicaba que las plataformas de streaming ahora adaptan sus guiones bajo la premisa de que el espectador estará utilizando su teléfono simultáneamente. Esto deriva en tramas más reiterativas y explicativas para evitar que el usuario pierda el hilo.
Como consecuencia, muchos adolescentes experimentan aburrimiento ante ritmos narrativos tradicionales.
“Es que esta serie es muy lenta”
, suelen comentar en consulta, optando por consumir contenidos a velocidades de 1.5x o 2.0x. Esta aceleración hace que actividades como la lectura o el cine clásico les resulten poco atractivas.

Estrategias para padres frente a la tecnología
Ante la falta de tiempo y los retos de la conciliación laboral, muchos padres recurren a los dispositivos como una herramienta de distracción. La doctora Martínez busca aliviar la carga de culpa de los cuidadores, pero invita a la reflexión profunda:
“Aunque parezca el recurso más fácil, que no sea la pantalla el único que tengamos”
. Propone retomar alternativas tradicionales como el dibujo, los juegos de cartas o de mesa en situaciones de espera o salidas sociales.
En caso de permitir el uso de tecnología, la experta recomienda:
- Priorizar contenidos de larga duración sobre videos cortos de alta estimulación.
- Asegurar la supervisión de un adulto cercano para mitigar riesgos.
- Evitar que el uso de dispositivos se convierta en una práctica rutinaria.
Gestión de la frustración y límites
El retiro de los dispositivos suele desencadenar episodios de ira en los niños. La psiquiatra sostiene que los padres actuales, provenientes de una educación menos enfocada en lo emocional, a menudo temen el sufrimiento de sus hijos. Sin embargo, recalca que aprender a tolerar la frustración es un proceso necesario y saludable.

Martínez enfatiza que las rabietas deben ser acompañadas emocionalmente, entendiendo que las emociones se disipan si no se alimentan.
“Es mejor que el primer ‘no’ de tu vida te lo dé tu madre o tu padre, que te tiene un cariño y un amor incondicional, que no un extraño cuando seas adulto”
, afirma, destacando que el diálogo adaptado a la edad del menor permite alcanzar acuerdos efectivos y concienciar sobre cómo la tecnología afecta incluso su calidad de sueño.
El ejemplo de los adultos y la barrera comunicativa
La conducta de los padres es el principal referente.
“Si tú te pasas horas usando pantallas, es difícil que tu hijo esté jugando con puzzles”
, advierte la especialista. El sobreconsumo digital por parte de los adultos no solo modela hábitos negativos, sino que levanta una barrera que impide la comunicación efectiva dentro del núcleo familiar, desperdiciando oportunidades de conexión genuina.

Peligros ocultos y el valor positivo de la red
Es imperativo que los padres se familiaricen con conceptos como ciberacoso, sextorsión, grooming y deepfakes. Hablar de estos riesgos, tal como se hace con la educación sexual o la prevención de drogas, es fundamental para desmitificar la culpa y permitir que los jóvenes busquen ayuda si se enfrentan a situaciones adversas en la red.
No obstante, la doctora Martínez también destaca los beneficios de la tecnología cuando se usa correctamente:
- Oportunidades educativas: Acceso a museos virtuales o realidad aumentada en el aula.
- Apoyo social: Comunidades en plataformas como Discord que sirven de refugio para adolescentes con intereses específicos o miembros del colectivo LGTBI que no encuentran apoyo en su entorno físico.
El entorno digital debe tratarse de forma similar al espacio público: una transición progresiva de la supervisión total a la navegación autónoma.

Regulaciones y pensamiento crítico
Respecto a la propuesta de restringir el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años, la doctora Martínez se muestra favorable debido al incremento de casos de depresión, aunque advierte que la prohibición no debe sustituir a la prevención y el acompañamiento educativo.
“Esto no puede ir sin acompañamiento de todas estas medidas de protección”
, puntualiza.
Finalmente, subraya la importancia de educar sobre el derecho a la intimidad, alertando que las plataformas gratuitas obtienen beneficios a través de algoritmos que perfilan la ideología, espiritualidad y vida privada de las familias. Asimismo, insta a fomentar el pensamiento crítico frente a la inteligencia artificial generativa, recordándoles a los jóvenes que, en la actualidad, ni siquiera lo que se ve en pantalla debe creerse sin cuestionar.
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