¿Se trata de un fenómeno pasajero de internet o de una identidad genuina? Durante las últimas semanas, los therians han acaparado la atención pública. Diversas plataformas digitales han comenzado a difundir de manera masiva grabaciones de adolescentes utilizando máscaras de cánidos y desplazándose a cuatro patas. La viralidad, impulsada por algoritmos de recomendación, ha expuesto escenas variopintas: desde personas con accesorios de reptiles hasta individuos que emulan comportamientos de acecho o aullidos, logrando posicionarse en la sección de sugerencias de millones de usuarios.
El término se ha vuelto tendencia en medio de bromas y cuestionamientos, motivando incluso la creación de contenido superficial sobre qué animal representaría a cada usuario según su horóscopo. No obstante, la veracidad de estos registros es objeto de debate; el avance de la inteligencia artificial ha dificultado la distinción entre lo que es real y lo que es una construcción digital, haciendo que casi cualquier representación parezca auténtica ante los ojos del espectador promedio.
Lo que inicialmente parecía una curiosidad limitada a pequeños grupos en Argentina o grandes urbes como Madrid y Barcelona, rápidamente escaló. A través de convocatorias en plataformas sociales, se anunciaron encuentros en localidades como Valladolid y Ávila. De esta manera, el fenómeno de los therians se materializó en territorio español, atrayendo el interés de los medios de comunicación. En ciertas provincias de Castilla y León, estos llamados no tuvieron el éxito esperado; sin embargo, en algunos puntos se registró la presencia de simpatizantes de Vox, quienes aprovecharon la aglomeración para manifestar consignas políticas contra el actual Gobierno.

Incluso en sitios emblemáticos como la Puerta del Sol en Madrid, donde se esperaba una gran concurrencia, la realidad distó mucho de la espectacularidad de los vídeos virales. Los asistentes portaban máscaras sencillas y carecían del despliegue estético que suele verse en internet. Lamentablemente, la jornada también estuvo marcada por situaciones de hostilidad, donde grupos de personas se dedicaron a mofarse de un joven que, según los reportes, apenas rondaba los 15 años de edad.
Raíces históricas y significado
Etimológicamente, la palabra therian proviene del vocablo griego ‘therianthrope’, que surge de la unión de los conceptos “bestia” y “ser humano”. Su origen se remonta a la década de los años noventa, específicamente en foros digitales dedicados a temáticas fantásticas y mitológicas. Originalmente, estos individuos formaban parte de una comunidad más extensa denominada ‘otherkin’, la cual agrupa a quienes no se perciben totalmente como humanos. Los therians se establecieron como un subgrupo particular que se identifica exclusivamente con animales que existen en el mundo real, tales como lobos, zorros, ciervos, perros o distintas especies de aves.
En sus inicios, este colectivo optaba por el anonimato, utilizando listas de correo y portales web rudimentarios antes del auge de redes sociales como Facebook. No obstante, el panorama cambió drásticamente entre 2020 y 2021. La plataforma TikTok se convirtió en el motor de visibilidad, mostrando a jóvenes realizando movimientos cuadrúpedos y portando indumentaria específica, lo que transformó una vivencia interna en una estética viral.

A pesar de que en las redes se perciba como una moda pasajera, quienes se consideran therians defienden su situación como una identidad profunda. Esta conexión con un animal específico es denominada técnicamente como ‘teriotipo’. Para ellos, no es un simple juego o una actividad recreativa, sino un proceso de construcción personal.
Desde la perspectiva de los psicólogos, esta conducta no es catalogada como una patología. Por el contrario, se interpreta como una manifestación de la búsqueda de pertenencia y de la identidad propia durante la etapa de crecimiento. En conclusión, aunque los therians existen, su realidad es muy diferente a la caricaturización de las redes sociales. No son personas que pretendan vivir exactamente como mascotas, sino individuos que buscan socializar y formar parte de una subcultura con sus propios códigos, valores y estéticas compartidas.
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