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Guía completa del Syrah: historia, claves y 10 botellas destacadas

Hace aproximadamente tres décadas, el escenario vitivinícola internacional comenzó a mostrar signos de agotamiento frente al predominio absoluto de las dos grandes variedades globales: el Cabernet Sauvignon y el Chardonnay. En ese contexto, diversos productores del Nuevo Mundo identificaron en el Syrah al candidato ideal para ofrecer una alternativa con la potencia necesaria para competir en las ligas mayores. Esta cepa no solo goza de una amplia distribución geográfica, sino que ha demostrado una adaptación excepcional desde los años setenta en Australia —nación clave en su posicionamiento global—, además de consolidarse con éxito en España, Italia, Chile y, de manera muy especial, en la Argentina.

Uno de los atributos fundamentales para que una uva alcance el estrellato es su flexibilidad enológica, y el Syrah cumple este requisito con creces. Su plasticidad permite la creación de una gama diversa de productos, que abarcan desde frescos rosados y espumantes hasta tintos de gran estructura, complejidad y un notable horizonte de guarda. Estos elementos, combinados con el ambicioso Plan 2020 de marketing impulsado por la industria australiana a inicios del siglo XXI, fueron los motores que permitieron que el Syrah se convirtiera en una tendencia mundial.

En Argentina, el Syrah ganó protagonismo en San Juan y Mendoza, adaptándose a distintos terruños y estilos de vinificación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para comprender la relevancia actual de este cepaje, es imperativo analizar su trayectoria histórica. En primer lugar, debemos reconocerlo como la joya varietal del valle del Ródano. Durante mucho tiempo, su origen exacto fue un misterio, lo que dio lugar a relatos legendarios cargados de misticismo y controversia.

Entre las teorías más difundidas, una sostenía que sus raíces se localizaban en la antigua ciudad persa de Shiraz (al suroeste del actual Irán), de donde habría sido trasladada a la Galia por los fenicios o, siglos más tarde, por los cruzados. Otra hipótesis apuntaba a que la cepa era originaria de Siracusa, la histórica ciudad ubicada en la costa sudoriental de Sicilia, en pleno Mediterráneo.

Los vinos Syrah ofrecen aromas de especias, frutas negras y notas ahumadas, con un perfil distintivo que suele dividir opiniones entre los consumidores (Freepik)

No obstante, la ciencia ha puesto fin a las especulaciones. Mediante técnicas de identificación genética, se demostró que el Syrah es una variedad autóctona de la región comprendida entre el lago Lemán y los Alpes. En 1999, un análisis de ADN reveló que el varietal es el resultado del cruce de dos uvas del sureste de Francia que nunca alcanzaron fama global: la Mondeuse Blanche y la Dureza. Por esta razón, su epicentro de cultivo histórico se sitúa en el Ródano, al sur de Francia.

Es precisamente en esta región francesa donde se producen algunos de los tintos más venerados por coleccionistas y expertos, provenientes de apelaciones célebres como Hermitage, Côte Rôtie, Condrieu, Saint-Joseph, Cornas, Chateauneuf du Pape y Crozes Hermitage. Con el paso de los años, la variedad también se erigió como el emblema de Australia, donde se la denomina Shiraz, ocupando un lugar de prestigio equivalente al que posee el Malbec en el mercado argentino.

Las condiciones geoclimáticas de Argentina favorecen la producción de Syrah con perfiles diversos, desde ejemplares jóvenes hasta grandes vinos de guarda (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ejemplares más reconocidos de origen francés suelen ser tintos de gran vigor y solidez, con una carga tánica importante que les otorga una longevidad excepcional. Esto los hace candidatos ideales para la crianza en madera y el reposo en botella, aunque conservan una frutosidad atractiva en su etapa de juventud.

En términos sensoriales, el Syrah ofrece descriptores que pueden resultar particulares para algunos paladares. Se caracteriza por notas de especias, aceitunas negras y matices salvajes (como cuero y carne). También presenta perfiles ahumados y exóticos derivados de los compuestos naturales de la piel de la uva, junto con evocaciones a brea y alquitrán. En cuanto a la fruta, predominan los tonos negros: ciruelas, grosellas y arándanos, complementados con destellos de chocolate o café. Sin embargo, es su perfil animal el que suele generar opiniones divididas entre los entusiastas.

La realidad del Syrah en territorio argentino

Productores de regiones como Patagonia y la Quebrada de Humahuaca apuestan por el Syrah como cepaje diferencial y emblema local (Freepik)

En la Argentina, el Syrah ocupa un espacio consolidado en la elección del consumidor de tintos, con exponentes destacados de Luján de Cuyo y San Juan. Es en esta última provincia donde la variedad ha encontrado un arraigo especial; sus condiciones climáticas y geográficas, similares a regiones de Australia, facilitaron su expansión hasta convertirla en el estandarte de los vinos sanjuaninos. Pese a ello, solo un grupo selecto de etiquetas es hoy catalogado como alta gama.

La historia del Syrah nacional con nombre propio en la etiqueta comenzó gracias a la visión de Raúl de La Mota, considerado el patriarca de la vitivinicultura en el país, cuando en la década de los setenta trabajaba en una prestigiosa bodega de Barrancas, Mendoza. Sin embargo, hubo que esperar veinte años para la aparición de una versión moderna que transformara la percepción del mercado, elaborada con frutos de alta calidad provenientes de Alto Agrelo.

Cada etiqueta seleccionada muestra la diversidad y riqueza de estilos que puede ofrecer esta emblemática cepa en la actualidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aquel resurgimiento le otorgó un prestigio inmediato, llevando a muchas bodegas a incorporarlo en sus líneas, desde opciones de consumo masivo hasta etiquetas de lujo. No obstante, con el fin de la fiebre del varietalismo, solo perduraron aquellos vinos capaces de expresar el carácter del terruño. Aunque es una de las uvas más relevantes del mundo, su desarrollo en Argentina ha sido limitado. San Juan intentó posicionarla como competidora del Malbec mendocino debido a su afinidad con el sol, pero el despegue definitivo fue esquivo.

Actualmente, se percibe un nuevo impulso. La cepa demuestra su capacidad para dar vida a rosados frescos y tintos jóvenes, así como a grandes vinos de guarda. En un país con diversidad de suelos, la Región de Cuyo concentra la mayor superficie cultivada, destacándose los valles de Mendoza y San Juan.

El Syrah argentino representa el 5,5% del total de la vid del país, aunque su potencial aún está en desarrollo y expansión (Freepik)

Estadísticamente, el Syrah representa cerca del 5,5% de la superficie total de viñedos en el país, aunque ha sufrido una retracción del 10% en sus hectáreas durante la última década. Esto sugiere que, a pesar de su aporte a la diversidad, todavía busca un nicho diferenciado que sí han logrado otras cepas como el Cabernet Franc.

A pesar de la incertidumbre para algunos, un grupo de enólogos trabaja convencido de que el Syrah puede ofrecer un carácter de lugar único. Es una planta de gran adaptabilidad a diversos climas y suelos, además de ser sumamente resistente a las enfermedades habituales de la vid. Su naturaleza tánica y pigmentación intensa permiten lograr desde notas florales y frutales hasta perfiles más ahumados, dependiendo del entorno.

Con el crecimiento del Valle de Uco, se ha extendido su uso para estilos inspirados en la Provence y en los blends GSM (Grenache, Syrah, Mouvedre) del Ródano. Los técnicos destacan, además, su excelente afinidad al ser ensamblado con Merlot y Cabernet Sauvignon.

En regiones como el Valle de Uco y San Juan, el Syrah encuentra condiciones óptimas para expresar su potencial y diversidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por lo general, los vinos de Syrah se distinguen por su cuerpo y profundidad de sabor, aunque el estilo final depende de la zona y la mano del winemaker. El paso por madera y el tiempo en botella añaden capas de complejidad. Su atractivo radica en su capacidad para sobresalir por su distinción en cualquier degustación, compitiendo con los mejores.

En la Quebrada de Humahuaca, diversos productores ya apuestan por esta uva como un diferencial regional. Un fenómeno similar ocurre en la Patagonia, donde la Bodega Del Fin del Mundo busca ponerla en valor basándose en la historia familiar ligada a sus orígenes. Con siete veces más superficie plantada que el Cabernet Franc, el Syrah tiene todo el potencial para generar un mayor impacto en el mercado nacional.

Selección de 10 Syrah para descubrir

La variedad Syrah destaca por su intensa pigmentación, taninos firmes y aromas complejos que van desde la fruta negra hasta notas animales y especiadas
EUROPA PRESS/DO VALDEPEÑAS

  • Callia Syrah: Elaborado en San Juan por Bodega Callia, tiene un precio de $5.500. Es un clásico de las góndolas que combina uvas de distintos valles, ofreciendo una excelente relación calidad-precio con notas especiadas y frutas maduras.
  • Marguerite Rosé Syrah: De la bodega The Wine Plan en la Zona Este de Mendoza, cuesta $15.000. Un rosado con buena estructura y acidez, que aprovecha la calidez de su zona de origen.
  • El Enemigo Syrah, Viognier: Producido por Aleanna en Gualtallary, Valle de Uco, a $29.750. Inspirado en el estilo del Ródano, destaca por su frescura, taninos granulosos y notas de frutos del bosque.
  • En la actualidad, enólogos argentinos experimentan con Syrah en blend y varietales, buscando nuevos perfiles para captar el interés del público (Imagen Ilustrativa Infobae)

  • Finca Ollantay Syrah: De Bodega El Bayeh en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, a $30.000. Proviene de vides de pie franco y ofrece un perfil cárnico y especiado con gran tipicidad.
  • Clos del Molle Ingrato Syrah: De Achala Bodega Exótica en el Valle de Traslasierra, Córdoba, por $38.000. Un vino orgánico con mucha fuerza, carácter del Viejo Mundo y matices de granito.
  • Pascual Toso Alta Syrah: Elaborado en Barrancas, Maipú, por Pascual Toso a $48.000. Un tinto con cuerpo y notas de crianza bien integradas, donde la madurez está siempre asegurada.
  • Alma Mater GSM: De la bodega Matervini en el Valle de Uco, con un valor de $66.000. Un blend donde el Monastrell y el Grenache acompañan al Syrah (19%), resultando en un vino de taninos firmes y final prolongado.
  • El Syrah aporta una alternativa sofisticada dentro del segmento de vinos tintos, conquistando tanto a consumidores clásicos como a paladares curiosos (Imagen Ilustrativa Infobae)

  • Surpina Blend de Historias: Producido por Del Fin del Mundo en Neuquén a $130.500. Un homenaje a las raíces armenias de la familia, con un toque de Petit Verdot, que destaca por su estructura y profundidad.
  • Iaccarini Winemaker Selection: Un blend de 85% Syrah y 15% Cabernet Franc de San Rafael, Mendoza, a $135.000. Presenta capas de frutas negras y hierbas, con una gran capacidad de guarda.
  • Expresiones de Barrancas: De Finca Flichman en Maipú, a $166.500. Un ensamblaje con base de Syrah que refleja el carácter tradicional y elegante del terruño con un estilo sofisticado.

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