En el complejo engranaje político de la República Islámica, la autoridad máxima no reside en la presidencia, sino en la figura del líder supremo. Esta estructura de mando se mantuvo inalterable por más de tres décadas gracias a la capacidad de Ali Khamenei para moldear el sistema a su conveniencia. Aunque la Constitución le otorgaba facultades amplias sobre las instituciones estatales, durante sus 36 años en el poder, Khamenei extendió su dominio absoluto sobre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Este sábado, en un contexto de hostilidades extremas con Estados Unidos e Israel, el ayatollah perdió la vida durante un bombardeo aéreo masivo ejecutado por dichas potencias en el corazón de Teherán.
Los orígenes de Khamenei se remontan a 1939, cuando nació en Mashhad, una localidad al noreste de Irán que resguarda el mausoleo del imán Reza. Criado en una familia de clérigos de ascendencia azerí, su linaje se vincula tradicionalmente con el cuarto imán chií, Alí Zeyn-ol-Abedin. Esta herencia le proporcionó una legitimidad religiosa fundamental, simbolizada por el uso del turbante negro, distintivo de los descendientes directos de la familia del Profeta.

Trayectoria y formación del pensamiento radical
La formación teológica de Khamenei se inició en su ciudad natal bajo la tutela de figuras como el ayatollah Milani y el jeque Hashem Qazvini. Tras una breve estancia en Nayaf en 1957, regresó a su país para instalarse en Qom, donde fue discípulo del Gran Ayatollah Boroujerdi y, de manera determinante, del Ayatollah Khomeini.
Desde su juventud, mostró una profunda inclinación hacia el activismo político. Un hito clave fue su vínculo con Seyed Mojtaba Navvab Safavi, líder de los Fedais del Islam, quien ya en los años 40 impulsaba la creación de un Estado islámico. En 1957, su primer encuentro con Khomeini selló su destino político. Durante los años siguientes, Khamenei se convirtió en un opositor activo al régimen del Shah, lo que resultó en seis detenciones y periodos de encarcelamiento y exilio.
Khamenei formó parte de una élite clerical que se radicalizó en los años 60 como respuesta a las políticas de modernización y secularización del monarca. En 1963, participó en las movilizaciones en Qom contra la Reforma Agraria y el reconocimiento de derechos a las mujeres. Este grupo combinaba el fervor religioso con un marcado antiamericanismo y una oposición frontal a la influencia occidental y a Israel, compartiendo ciertos rasgos retóricos con la izquierda radical de la época.

La filosofía de Khamenei se cimentó en la premisa de que el Islam y los valores de Occidente son esencialmente irreconciliables. Pese a poseer una vasta cultura literaria y haber estudiado a autores como Víctor Hugo, su postura siempre fue autoritaria y conservadora. Defendía, por ejemplo, que el rol primordial de la mujer debía limitarse al ámbito familiar y patriarcal, rechazando la igualdad de género en la vida pública.
Tras sufrir un destierro de tres años en Iranchahr en 1977, regresó a la capital tras el triunfo de la Revolución de 1979. Su ascenso fue meteórico: se integró al Consejo Revolucionario, fue nombrado imán del rezo del viernes en Teherán y ocupó el cargo de adjunto en el Ministerio de Defensa.

El camino hacia el liderazgo absoluto
En el año 1981, alcanzó la presidencia de la nación. Ese mismo año, fue víctima de un atentado con bomba en la mezquita de Abouzar que le causó heridas permanentes y la parálisis de su brazo derecho. El ataque fue vinculado tanto al grupo Forqan como a los Muyahidines del Pueblo.
Con el deceso del ayatollah Khomeini en 1989, el Consejo de Expertos lo designó como nuevo Líder Supremo (rahbar). A partir de ese momento, Khamenei consolidó su autoridad apoyándose estratégicamente en el Ejército de los Pasdaran (Guardia Revolucionaria), otorgándoles un vasto imperio económico y privilegios que los convirtieron en el brazo ejecutor contra cualquier disidencia interna.
Bajo su mando, el régimen sofocó violentamente diversas crisis, tales como:
- Las protestas estudiantiles de 1999.
- El desafío reformista durante el gobierno de Jatami.
- El Movimiento Verde en 2009.
- Las manifestaciones por el costo de vida en 2017, conocidas como el movimiento del “pan”.

Khamenei controló además inmensos recursos financieros a través de entidades como la Fundación Astan Qods Razavi, que posee activos multimillonarios en Irán, India y Pakistán. Estos fondos, fuera del control del poder ejecutivo, le permitieron financiar su agenda regional en países como Irak, Siria, Afganistán y Líbano.
Mecanismos de opresión y control estatal

El aparato judicial fue otra de sus herramientas clave, operando con total independencia del gobierno para perseguir a los opositores. Khamenei estableció una estructura de gobierno paralela donde cada ministerio oficial tenía su contraparte en la oficina del Líder Supremo, asegurando el control real sobre áreas críticas como Inteligencia, Defensa y Relaciones Exteriores.
Como arquitecto del antisionismo y el antiimperialismo en la región, sostuvo activamente al régimen de Bashar al-Assad en Siria, a la milicia Hezbollah en Líbano y a Hamas en Palestina, posicionándose como el árbitro final de la geopolítica iraní hasta el día de su muerte.
El ocaso de un régimen sitiado
En el tramo final de su vida, la red de influencias conocida como el “eje de la resistencia” sufrió golpes demoledores. Hezbollah, su aliado más fuerte, perdió a gran parte de su mando militar, incluyendo a su secretario general Hassan Nasrallah, eliminado el 14 de septiembre de 2024.
Simultáneamente, Hamas vio diezmada su capacidad operativa tras el conflicto iniciado el 7 de octubre de 2023. El golpe de gracia estratégico ocurrió en diciembre de 2024, con el colapso del gobierno de Bashar al-Assad en Siria. La caída de Damasco cortó la conexión terrestre vital para el suministro de armas hacia el Mediterráneo.

Internamente, la economía se hundió con el desplome del rial, desatando protestas masivas en un centenar de ciudades. La respuesta de Khamenei fue una represión feroz; informes citados incluso por el presidente Donald Trump señalaron que cerca de “32.000 personas” habrían sido asesinadas por las fuerzas de seguridad en semanas recientes.
Un historial de terrorismo internacional
“Desde su llegada al poder en 1979, el régimen iraní ha estado implicado en asesinatos, complots terroristas y atentados terroristas en más de 40 países”
Este dato, revelado por el Departamento de Estado de Estados Unidos en 2020, subraya el carácter sistemático de las operaciones de la fuerza Quds en el exterior. Uno de los eventos más trágicos fue el atentado contra la AMIA en Buenos Aires en 1994, que dejó 85 personas muertas. Por este crimen, Interpol emitió alertas rojas contra altos cargos iraníes como Ali Fallahian, Ali Akbar Velayati y Mohsen Rezaei.
La lista de eliminaciones de disidentes en suelo europeo bajo su mando es extensa e incluye los asesinatos de:
- Abdolrahman Ghasemlou en Viena (1989).
- Kazem Rajavi en Ginebra (1990).
- Sadegh Sharafkandi y otros líderes kurdos en el restaurante Mykonos de Berlín (1992).
Tras el fallo de la justicia alemana que responsabilizó directamente a la cúpula iraní en 1997, Khamenei mantuvo una actitud desafiante. Años después, en 2011, declaró respecto a las sanciones diplomáticas europeas:
“Intentaron abofetearnos, pero recibieron una bofetada más fuerte”.
A pesar de las constantes negativas de Teherán, informes de inteligencia aseguran que Irán ha recurrido a redes criminales para ejecutar hasta 360 asesinatos selectivos en el extranjero. Ali Khamenei, quien forjó un régimen basado en el control férreo y la expansión de su ideología mediante el miedo, murió finalmente bajo el fuego en la misma ciudad donde ejerció su poder absoluto por más de tres décadas.
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