La calma en el mercado energético internacional pende actualmente de un hilo, o mejor dicho, de un corredor marítimo de solo tres kilómetros de amplitud. El incremento de las hostilidades en Medio Oriente, con el enfrentamiento directo entre Irán e Israel, ha centrado nuevamente la atención global en el Estrecho de Ormuz. Este punto geográfico es crucial para la circulación de aproximadamente 20 millones de barriles diarios de petróleo y refinados, además del Gas Natural Licuado (GNL) proveniente de Qatar, consolidándose como el núcleo de una crisis que amenaza con alterar el orden económico mundial.
Analistas del sector coinciden en que, si bien una interrupción total del tránsito es una posibilidad extrema, el simple temor a un bloqueo o el encarecimiento de la logística ya están presionando los valores al alza. La suma de posibles ofensivas contra infraestructuras críticas y el alza en las pólizas de seguros proyecta un escenario de alta volatilidad que podría empujar al Brent a superar la marca de los tres dígitos.
El Estrecho de Ormuz: Entre el riesgo físico y la especulación
Para Emilio Apud, quien fuera secretario de Energía de la Nación, el panorama actual se divide en dos dimensiones. La primera es el llamado “efecto especulación”, donde el precio se eleva preventivamente por cobertura de riesgo. La segunda, de mayor gravedad, sería el impacto real derivado de una obstrucción física del paso.
“En el Estrecho de Ormuz hay una franja de tres kilómetros de ida y de vuelta donde pueden pasar los grandes barcos tanque. Con que se hunda un barco en uno de los dos canales, se genera un problema tremendo”, advirtió Apud.
El especialista puntualizó que la red de ductos actual no bastaría para compensar el volumen de crudo que quedaría bloqueado. Ante la falta de esta ruta, las embarcaciones tendrían que desviarse hacia el norte, circunnavegando el continente para entrar por el Canal de Suez, una maniobra que sumaría al menos dos semanas de navegación y dispararía los costos de operación.

A pesar de la complejidad, Apud estima que un cierre extendido es poco probable por los intereses internacionales, particularmente de Estados Unidos.
“A Estados Unidos lo que menos le interesa es que se dispare el petróleo y la inflación. Irán tampoco puede permitirse tener una fragata cortando el paso por mucho tiempo”, indicó el experto.
Asimismo, mencionó que el propio Donald Trump figura entre los principales interesados en la estabilidad de precios, aunque fue enfático al señalar que
“si el estrecho efectivamente se bloquea de forma total, el barril superará ampliamente los USD 100”.
La prima de riesgo y el impacto en la oferta global
Desde un enfoque técnico, Matías Togni, analista en la firma Next Barrel, sostiene que el cierre del corredor podría ser “virtual” incluso antes de volverse físico, debido a factores financieros.
“Lo que sube mucho es la prima de riesgo de los barcos petroleros y eso hace que, aunque haya tráfico, se den avisos de frenar las operaciones”, sostuvo.
En la industria se estima que una demora de apenas cuatro o cinco días en los envíos hacia Asia —con China e India como receptores principales— provocaría una escasez de oferta inmediata. Togni proyecta un alza directa del 5% en el petróleo, llevándolo a valores cercanos a los 80 dólares por barril, cifras que no se veían desde abril de 2025.
A diferencia de episodios anteriores, el analista señala que la estrategia iraní de presionar a naciones vecinas mediante ataques introduce una variable de alto riesgo. Existe la posibilidad de que terminales o depósitos resulten dañados. Si la confrontación escala regionalmente, los precios altos podrían persistir. Por otro lado, un informe de Montamat & Asociados indicó que el mercado observa con cautela las posibles interrupciones en este punto crítico. Previo al conflicto, se esperaba una baja en los precios, pues se proyecta que la oferta mundial superará la demanda por 3 millones de barriles hasta inicios de 2027.
¿Cómo beneficia esta crisis a Argentina?
De manera paradójica, la inestabilidad en Oriente Medio ofrece una faceta favorable para la economía de Argentina, aunque esto convive con riesgos inflacionarios internos. Los especialistas indican que el país tiene una posición estratégica gracias al aumento en su capacidad exportadora desde la cuenca neuquina.
Emilio Apud subrayó que un incremento en las cotizaciones globales “aumenta el flujo de caja a las petroleras que están exportando”. Actualmente, el petróleo nacional se vende al exterior a unos USD 70 por barril. Una suba internacional podría acelerar las inversiones en Vaca Muerta al mejorar la rentabilidad de los desarrollos no convencionales.

Por su parte, Matías Togni vislumbra un “doble beneficio” para el sector energético local. Hasta hace poco, la sobreoferta global forzaba al crudo argentino a venderse con un descuento de entre el 3% y el 4% frente al Brent.
“Además de aumentar el precio del Brent por la tensión bélica, el conflicto también levantará parte o la totalidad de ese descuento que aplicaba el país para vender su petróleo en el extranjero”, detalló el analista.
El costo en los surtidores y la inflación doméstica
No obstante, la mejora en los ingresos por exportación tiene una contrapartida negativa en el consumo interno. En un contexto de alta inflación, cualquier suba en el petróleo presiona la estructura de costos de la economía. Apud aclaró que el crudo representa aproximadamente el 40% del precio final del combustible en las estaciones de servicio.
El encarecimiento del barril impacta directamente en el transporte de pasajeros y mercaderías, generando un efecto multiplicador en los precios de productos esenciales. En conclusión, mientras para la industria y la entrada de divisas el conflicto es un motor, para el ciudadano común es un factor de presión inflacionaria. Argentina registró en enero un récord histórico de producción con 882.200 barriles por día (un alza del 16,5% interanual), impulsado por Vaca Muerta, cuya extracción saltó un 35,5%.

Varianza en los mercados financieros
La tensión bélica impacta de inmediato en las finanzas globales. Gustavo Neffa, director de Research for Traders, anticipó que la apertura de los futuros de petróleo podría mostrar incrementos de 5 a 10 dólares debido a los riesgos en Ormuz.
“Pasar de un Brent de USD 73 a USD 77/81/87/90/94 en semanas podría ser un escenario si escala más el conflicto: impactará en la inflación”, advirtió.
Asimismo, Alicia García-Herrero, de Natixis, previó una jornada de fuerte aversión al riesgo en las bolsas mundiales, con posibles caídas de entre el 1% y el 2%. También anticipó bajas en los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. y un salto inmediato del crudo de entre el 5% y el 10%.
Finalmente, analistas como Billy Leung (Global X ETFs) y David Roche (Quantum Strategy) coincidieron en que la volatilidad afectará especialmente a los sectores más sensibles. La profundidad del impacto financiero dependerá de si las acciones militares son breves o si derivan en una confrontación regional prolongada que obligue a los inversores a replantear sus carteras a largo plazo.
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