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Caso Olof Palme: El fin de un enigma de 34 años y 130 confesiones

Hace cuatro décadas, en una era previa a la inmediatez de las redes sociales, el mundo se estremeció ante un magnicidio que paralizó a las agencias de noticias y medios internacionales. El 28 de febrero de 1986, exactamente a las 23:21, el entonces primer ministro de Suecia, Olof Palme, fue asesinado mientras caminaba junto a su esposa, Lisbeth, por la concurrida avenida Sveavägen en Estocolmo. La pareja regresaba de una función de cine y se había despedido poco antes de su hijo Mårten y su novia. Palme, de 59 años y en pleno segundo mandato, había decidido prescindir de su escolta de seguridad aquella noche, quedando totalmente vulnerable. Fue entonces cuando un sujeto se aproximó por la espalda y disparó a quemarropa; el mandatario falleció al instante, mientras que un segundo proyectil hirió levemente a su cónyuge. El atacante logró escapar por unas escaleras cercanas.

La foto muestra la sangre de Olof Palme en el lugar donde cayó asesinado en febrero de 1986 (AP)

En el sitio del suceso se hallaron casquillos de un revólver Magnum .357, aunque el arma nunca fue localizada. La investigación inició con graves deficiencias, ya que la policía no estableció un cordón de seguridad riguroso, permitiendo que curiosos contaminaran la escena y destruyeran evidencias fundamentales.

Una trayectoria marcada por el pacifismo

Para entender la relevancia de Olof Palme, es necesario revisar su biografía. Nacido el 30 de enero de 1927 en una familia acomodada, se formó académicamente en el Kenyon College de Estados Unidos y en la Universidad de Estocolmo, donde se graduó como abogado en 1951. Su ascenso en el Partido Socialdemócrata Sueco fue meteórico: secretario personal del primer ministro Tage Erlander en 1953, parlamentario en 1958 y titular de diversas carteras ministeriales entre 1963 y 1967. En 1969, asumió la jefatura del gobierno, convirtiéndose en una figura global gracias a su férrea oposición a la guerra de Vietnam, postura que generó fuertes tensiones diplomáticas con Washington.

Olof Palme y su esposa Lisbeth en junio de 1970 (AP)

Tras perder las elecciones de 1976 —poniendo fin a 44 años de hegemonía socialdemócrata—, Palme no abandonó la esfera pública. Actuó como mediador de la ONU en el conflicto entre Irán e Irak y lideró comisiones internacionales de desarme. En el plano interno, tras el incidente de Three Mile Island, impulsó con éxito el desmantelamiento de los reactores nucleares en su país. Retornó al poder en 1982 con una agenda económica socialista que despertó el recelo del sector empresarial sueco.

La noticia conmocionó al mundo. La tapa del diario argentino Clarín del 1 de marzo de 1986 informa sobre el asesinato del primer ministro sueco Olof Palme

Décadas de sospechas y falsos culpables

La magnitud de la investigación fue tal que se comparó con casos como el de John F. Kennedy. Durante años, miles de personas fueron interrogadas y más de 130 individuos confesaron falsamente la autoría del ataque. El investigador jefe, Hans Melander, evaluó diversas pistas internacionales, incluyendo una posible conexión con Sudáfrica, debido a que Palme criticaba duramente el régimen del apartheid y financiaba al Congreso Nacional Africano.

El cine Grand en Sveavagen, Estocolmo. De allí salieron Olof Palme and y su esposa Lisbeth la noche del asesinato (REUTERS)

Otras hipótesis mencionaban sobornos de la empresa Bofors en ventas de armas a la India o represalias del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). El caso incluso obsesionó a figuras como el escritor Stieg Larsson, autor de “La chica del dragón tatuado”. No obstante, el único condenado fue Christer Pettersson, un hombre con problemas de adicciones que recibió cadena perpetua en 1989 tras ser identificado por Lisbeth Palme. Sin embargo, meses después fue liberado por falta de pruebas y de un arma homicida. Pettersson murió en 2004 y la viuda del primer ministro falleció en 2018 sin respuestas definitivas.

Una vista general del lugar donde fue asesinado Olof Palme hace 40 años (REUTERS)

El hallazgo del periodista Thomas Pettersson

La resolución del caso no llegó por canales oficiales, sino por la labor del periodista Thomas Pettersson, quien inició una investigación independiente en 2006. Sus sospechas se centraron en Stig Engström, un diseñador gráfico de la empresa Skandia, cuya oficina estaba a pocos metros del lugar del crimen. Engström, apodado “el hombre de Skandia”, estuvo presente la noche del asesinato y declaró como testigo, pero la policía lo descartó inicialmente.

La tumba de Stig Engstrom, quien murió en 2000 y que fue señalado como el asesino de Olof Palme (REUTERS)

El periodista descubrió que las versiones de Engström eran contradictorias y que llegó a mentir afirmando que intentó reanimar a Palme. Durante doce años, Pettersson analizó documentos, descartó teorías conspirativas y estudió el perfil del diseñador, quien se había suicidado en el año 2000. Se descubrió que Engström tenía formación militar, frecuentaba un club de tiro y tenía un vecino coleccionista de armas. Aunque su exesposa lo describió como alguien “cobarde”, los indicios apuntaban a él.

Christer Pettersson estuvo detenido como sospechoso de haber asesinado a Olof Palme, pero luego fue liberado (REUTERS)

En 2018, la revista y editorial Filter publicó estos hallazgos, lo que le valió al autor el premio Guldspaden en 2019. La solidez de la investigación periodística obligó a las autoridades judiciales a reabrir el expediente.

Olof Palme tenía 59 años cuando fue asesinado. Era padre de dos hijos (REUTERS)

Cierre definitivo del expediente

El 10 de junio de 2020, el fiscal jefe Krister Petersson anunció el fin de la investigación. En una comparecencia de dos horas, validó las conclusiones periodísticas, señalando que Stig Engström era el responsable material del magnicidio. Las descripciones físicas de los testigos coincidían con el diseñador y sus coartadas resultaron ser técnicamente imposibles.

La tumba de Olof Palme en el cementerio Adolf Fredrik en la ciudad de Estocolmo (REUTERS)

Pese a la resolución, no hubo una acusación formal en tribunales debido a que el sospechoso ya había fallecido. El fiscal admitió que no se recuperó el arma ni se hallaron pruebas de ADN nuevas, pero determinó que tras 34 años, no había elementos para cambiar el desenlace. Mårten Palme aceptó la resolución, aunque con cierta decepción por la falta de evidencia forense definitiva.

Rosas en la placa instalada en el lugar donde fue asesinado Olof Palme el 28 de febrero de 1986 (REUTERS)

Finalmente, el primer ministro Stefan Löfven reconoció los errores sistémicos cometidos por el Estado desde 1986, calificando el cierre del caso como un paso necesario para sanar una herida abierta en la sociedad sueca. Aunque el archivo se cerró burocráticamente, las autoridades admiten que las teorías conspirativas seguirán formando parte del imaginario público dada la relevancia histórica de Olof Palme.

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