La Línea A del Metro de Los Ángeles ha marcado un hito global en la ingeniería de transporte al convertirse en el sistema de tren ligero más largo de todo el mundo en 2023. Gracias a una reciente expansión que demandó un financiamiento de 1.500 millones de dólares, el corredor ahora alcanza una longitud total de 48,5 millas (78 kilómetros). Sin embargo, este crecimiento no se detiene aquí; para el año 2031, se proyecta que la red incorpore estaciones adicionales en Claremont y Montclair, lo que elevaría su extensión final a las 58 millas (93 kilómetros), según los planes de desarrollo regional.
Un legado que inició en 1990
La trayectoria de esta vía, conocida anteriormente como la Línea Azul, comenzó su operación en 1990, posicionándose desde entonces como un eje fundamental para la movilidad ferroviaria en la metrópoli de Los Ángeles. A lo largo de las décadas, el trayecto ha experimentado diversas fases de integración. Un paso decisivo ocurrió en 2014 con la construcción de un túnel estratégico en el centro de la ciudad, facilitando la unión del tramo original con el corredor Union Station–Pasadena–Azusa, que solía operar bajo la identidad de la Línea L.
Esta fusión administrativa y operativa se completó formalmente el año pasado, permitiendo que la Línea A superara la marca del Coast Tram de Bélgica. El sistema europeo ostentaba previamente el récord mundial con una extensión de 42 millas, cifra que ahora queda relegada ante la magnitud del proyecto californiano. La meta principal de este crecimiento es fomentar una movilidad regional eficiente que logre conectar los sectores periféricos con el núcleo urbano, mitigando al mismo tiempo los problemas de tráfico vehicular.

La etapa más reciente de este ambicioso proyecto añadió 14,6 kilómetros (9 millas) de vía, inaugurando las terminales de Glendora, San Dimas, La Verne/Fairplex y Pomona Norte. Estas nuevas infraestructuras no solo amplían la cobertura geográfica, sino que facilitan el acceso a sitios de alto interés como el parque Raging Waters, Glendora Village, la Universidad de La Verne, el recinto ferial del condado y el dinámico Distrito de las Artes de Pomona.
Impacto estratégico y conectividad regional
Con una inversión que supera los 1.500 millones de dólares en sus tramos más nuevos, la Línea A busca transformar el acceso a servicios básicos y oportunidades educativas. Especialmente para los residentes del corredor oriental de California, la conexión directa con centros culturales y académicos promueve un desarrollo local sin precedentes en una de las áreas más pobladas del estado.
Las proyecciones de uso son optimistas. La Autoridad de Construcción de la Extensión Foothill de la Línea Dorada del Metro estima que el volumen de usuarios en el segmento recientemente habilitado sobrepasará los 8 millones de pasajeros cada año. Esto consolida al tren ligero como la alternativa predilecta para desplazamientos dentro del Valle de San Gabriel y sus zonas aledañas.
El programa Foothill Gold Line y el futuro del proyecto

Actualmente, el desarrollo continúa bajo el esquema del programa Foothill Gold Line. El objetivo a corto plazo es sumar otros 5,1 kilómetros hacia el este, buscando unir Pomona con Claremont y eventualmente con Montclair. No obstante, la planificación divide el trayecto Pomona–Claremont del tramo hacia Montclair para facilitar la gestión de recursos y abordar retos técnicos específicos.
Se prevé que la selección del equipo encargado del diseño y la ingeniería para el segmento hasta Claremont se defina en los próximos meses. Las estimaciones oficiales indican que las faenas constructivas arrancarían en 2027, con la meta de abrir las puertas al público en 2031. Por otro lado, la llegada del tren a Montclair depende de la asignación de presupuestos por parte del condado de San Bernardino. Actualmente, esta última fase se encuentra en una etapa de anteproyecto, reflejando las complejidades financieras y la coordinación necesaria para ejecutar obras de esta envergadura en Estados Unidos.
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