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Guerra abierta entre Pakistán y Afganistán tras bombardeos masivos

Las hostilidades entre Pakistán y Afganistán han alcanzado un punto de no retorno este viernes, transformando meses de fricciones fronterizas en lo que las autoridades ya califican como un conflicto bélico directo. Los bombardeos de la aviación paquistaní se concentraron en puntos estratégicos de Kabul y Kandahar, las urbes más importantes de territorio afgano, en respuesta a una serie de incursiones terrestres masivas.

De acuerdo con informes de seguridad, los enfrentamientos del viernes representan la escalada más violenta registrada en años. Tropas afganas lanzaron ataques simultáneos contra más de 50 puestos fronterizos bajo control de Pakistán. La reacción de Islamabad fue inmediata, desplegando una ofensiva aérea que no solo afectó a la capital, donde residen 6 millones de personas, sino también a la estratégica ciudad de Kandahar, bastión del líder supremo de los talibanes, el jeque Haibatulá Ajundzadá, además de golpear cuatro provincias situadas en la franja fronteriza.

Declaraciones de los mandos militares

El teniente general Ahmed Sharif Chaudhry, quien ejerce como portavoz de las fuerzas armadas paquistaníes, confirmó en una comparecencia de prensa que los ataques alcanzaron más de 20 puntos estratégicos en suelo afgano. Respecto al desarrollo de las maniobras, Sharif fue tajante:

«Eso es lo que se ha hecho hasta ahora. Esto continúa».

Desde la perspectiva de los talibanes, estas acciones fueron presentadas como una respuesta defensiva a agresiones previas ocurridas durante la semana. Zabihullah Mujahid, portavoz del gobierno de facto en Afganistán, manifestó en una rueda de prensa en Kandahar que su intención no era desencadenar una guerra total:

«Nuestra operación de anoche fue una operación de represalia y una respuesta a la operación de Pakistán, no un ataque para iniciar una guerra contra Pakistán».

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Un quiebre definitivo en la diplomacia

A pesar del tono de Mujahid, la cúpula política y militar de Pakistán parece haber descartado cualquier vía diplomática inmediata. El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, utilizó sus canales oficiales para advertir que el conflicto ha entrado en una fase irreversible:

«Nuestra copa de paciencia se ha rebosado. Ahora es una guerra abierta entre nosotros y ustedes».

Este estallido de violencia ocurre en un contexto de extrema fragilidad regional, mientras ambas naciones observan con cautela los posibles movimientos militares de Estados Unidos en el vecino Irán, lo que podría desestabilizar aún más el comercio y el flujo migratorio en la zona.

Impacto táctico y bajas reportadas

Los efectos de los bombardeos han sido verificados parcialmente. En Kabul, un militar afgano confirmó, bajo reserva de identidad, la destrucción de un depósito de municiones, hecho que fue respaldado por el análisis de imágenes satelitales. Por su parte, los medios estatales de Pakistán informaron sobre la aniquilación de otro arsenal en Kandahar.

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Las cifras de víctimas son contradictorias según la fuente consultada. Mientras que el portavoz paquistaní, Ahmed Sharif Chaudhry, sostuvo que al menos 274 combatientes fallecieron en la zona fronteriza, Zabihullah Mujahid redujo la cifra y afirmó que fueron 55 los soldados paquistaníes muertos durante la jornada.

Estrategias de combate y crisis humanitaria

El analista Ibraheem Bahiss, del International Crisis Group, señala que el conflicto está resaltando las fortalezas históricas de cada bando: la superioridad aérea paquistaní frente a la experiencia talibán en guerrillas terrestres. «Los paquistaníes han respondido al utilizar una fuerza abrumadora y eso aumenta la escala desde la perspectiva de Kabul, que busca cómo responder mejor», explicó Bahiss, añadiendo que «las dos partes siguen dando respuestas que consideran mesuradas, pero siguen subiendo la apuesta».

La raíz de la disputa se centra en las acusaciones de Islamabad sobre el refugio que el gobierno afgano brinda al Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP). Este grupo insurgente ha perpetrado múltiples ataques en suelo paquistaní, incluyendo un atentado suicida en Islamabad que cobró una decena de vidas en noviembre pasado. Pakistán sostiene que los talibanes permiten el entrenamiento de milicias a lo largo de los 2575 kilómetros de frontera compartida.

Presión internacional y fallidos intentos de paz

La situación ha encendido las alarmas en China y Rusia. Mientras Pekín mantiene vínculos diplomáticos, Moscú reconoció el año pasado a los talibanes como autoridad legítima. No obstante, informes del Consejo de Seguridad de la ONU sugieren una colaboración activa entre Kabul y grupos como Al Qaeda, señalando que «Al Qaeda seguía gozando del patrocinio de las autoridades de facto».

En el ámbito humanitario, la crisis es devastadora:

  • Expulsión de más de un millón de afganos residentes en Pakistán durante el último año.
  • Cierre intermitente de pasos fronterizos vitales para el comercio desde octubre.
  • Evacuaciones forzosas en aldeas paquistaníes como Jaiber Pajtunjuá y el distrito de Kurram.

Zar Wali, un agricultor local, relató la angustia de vivir bajo el fuego constante:

«Cuando comienzan los disparos desde ambos bandos, metemos a nuestros hijos en los sótanos y esperamos durante horas, sin saber qué va a ocurrir después».

Pese a los esfuerzos de mediación de naciones como Catar, Arabia Saudita y Turquía, el alto al fuego de octubre ha colapsado. Lo que antes era un apoyo tácito de Islamabad hacia los talibanes se ha transformado en un rechazo absoluto. El teniente general Ahmed Sharif Chaudhry concluyó recientemente que los actuales líderes afganos no conforman un Estado legítimo: «Son caudillos. Afganistán es un espacio donde se asienta una milicia no estatal».

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