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Estudio revela el origen de la atracción de mosquitos por humanos

Con la llegada de las altas temperaturas, los mosquitos vuelven a escena, convirtiéndose en una presencia constante que genera molestias por sus picaduras y ruidos. No obstante, más allá de la irritación cutánea, estos insectos representan una amenaza seria por su capacidad para transmitir enfermedades graves, algunas de las cuales pueden resultar fatales.

Aunque hoy parezca una relación establecida, el vínculo entre estos insectos y las personas no siempre fue así. Especialistas de la Universidad de Manchester y la Universidad de Vanderbilt han logrado identificar el origen de la predilección de ciertos mosquitos asiáticos por la sangre humana. El análisis, difundido en la publicación Scientific Reports, sitúa este cambio evolutivo crucial en un periodo comprendido entre 2,9 y 1,6 millones de años atrás, una época previa a la existencia de nuestra especie actual.

Un vínculo forjado en el Pleistoceno

Los científicos enfocaron sus esfuerzos en el grupo Leucosphyrus de Anopheles, responsables directos de la transmisión de la malaria en humanos. Estos insectos empezaron a desarrollar su gusto por los homínidos cuando estos se establecieron en las regiones del sudeste asiático.

El proyecto, liderado por los investigadores Upasana Shyamsunder Singh y Catherine Walton, analizó el material genético de 40 ejemplares pertenecientes a 11 especies distintas del grupo Leucosphyrus. Estas muestras fueron recolectadas entre los años 1992 y 2020 en diversas áreas selváticas y rurales de Sondalandia, región geográfica que integra a Java, Sumatra, Borneo y la península de Malasia. El estudio incluyó tanto a mosquitos altamente antropofílicos como a aquellos que se alimentan exclusivamente de otros primates, como monos o gibones.

Utilizando la metodología técnica de reloj molecular, los expertos determinaron que la transición hacia la sangre humana ocurrió durante el Pleistoceno temprano. Esto coincidió con la expansión del Homo erectus y otros homínidos primitivos en las selvas tropicales asiáticas. Originalmente, estos insectos dependían de primates no humanos, pero una adaptación genética específica, denominada introgresión adaptativa, permitió este giro permanente. Este hallazgo sugiere que el Homo erectus tenía una presencia territorial mucho más robusta y consolidada de lo que se estimaba anteriormente en el registro fósil.

Impacto global y mortalidad actual

Mosquitos potencialmente transmisores de la malaria. (Target Malaria)

El estudio demuestra que la atracción por los humanos no fue una respuesta reciente al crecimiento poblacional del Homo sapiens. Al contrario, fue la convivencia con ancestros humanos anteriores lo que consolidó esta conducta. Esta herencia evolutiva explica por qué ciertos vectores actuales son tan eficaces en la propagación de patógenos entre comunidades humanas.

Las consecuencias de este vínculo milenario son críticas para la salud pública global. La malaria, propagada por el género Anopheles, causó la muerte de aproximadamente 610.000 personas en 80 países durante el año 2024. Comprender estas raíces evolutivas resulta fundamental para anticipar riesgos de nuevas enfermedades zoonóticas y diseñar mejores mecanismos de control que consideren el trasfondo biológico de estos insectos.

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