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Día Mundial de la Anosmia: causas y riesgos de perder el olfato

El sentido del olfato desempeña una función esencial en nuestra rutina diaria, al ser la herramienta que nos permite identificar peligros como el humo, posibles fugas de gas o el mal estado de los alimentos que consumimos. A pesar de su relevancia, la disminución o ausencia total de esta capacidad sensorial suele ser minimizada y catalogada erróneamente como un inconveniente de menor importancia.

En este contexto, cada 27 de febrero se conmemora el Día Mundial de Concientización sobre la Anosmia. Este término médico define la pérdida absoluta de la capacidad olfativa, un trastorno que puede presentarse de manera abrupta y repentina.

Es frecuente que esta afección inicie como una hiposmia, que consiste en la reducción parcial del olfato, la cual puede avanzar paulatinamente hasta transformarse en una anosmia completa.

Sufrir esta condición conlleva repercusiones severas en la calidad de vida y el estado nutricional de las personas, dado que el olfato es responsable del 80% de la percepción del sabor. Al verse comprometido, la nutrición se ve afectada directamente. Asimismo, los pacientes pueden experimentar aislamiento social y desarrollar síntomas de depresión, razón por la cual es fundamental buscar asistencia médica ante los primeros indicios.

¿Qué implica vivir con anosmia?

A diferencia de otras discapacidades relacionadas con los sentidos, la anosmia suele pasar desapercibida, aunque su prevalencia en la sociedad es considerable.

La anosmia, o pérdida total del olfato, afecta al 5 % de la población mundial según datos de la Organización Mundial de la Salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio científico reciente, enfocado en individuos no diagnosticados pero con factores de riesgo asociados, determinó que el 14% de los participantes ya presentaba una disminución en su olfato sin ser conscientes de ello ni haber buscado tratamiento previo.

Las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que aproximadamente el 5% de los habitantes del planeta padece una pérdida total del olfato, mientras que entre un 15% y 20% de la población sufre algún tipo de disfunción olfativa. Si se aplican estas estadísticas al contexto de Argentina, se estima que más de dos millones de personas podrían estar lidiando con esta problemática.

Factores causales y subdiagnóstico

La comunidad médica advierte que los datos oficiales podrían no mostrar la magnitud real del problema.

El subdiagnóstico es sumamente elevado. Muchas personas pierden el olfato de manera progresiva y se acostumbran a vivir así, sin buscar ayuda médica»

, explicó Stella Maris Cuevas, especialista en olfato, quien fuera presidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA) y actual Directora del consultorio Trastornos del olfato y Gusto (CVOG).

La experta añadió que:

“Otras lo asocian erróneamente al envejecimiento o a cuadros pasajeros como un resfrío, sin saber que puede haber una patología de base que requiere tratamiento, y otras personas pueden nacer sin olfato, lo que se denomina anosmia congénita”

.

Se estima que más de dos millones de personas en Argentina conviven con algún grado de disfunción olfativa sin diagnóstico ni tratamiento adecuado (Imagen Ilustrativa Infobae)

La crisis sanitaria por COVID-19 puso el foco sobre esta condición, ya que la mayoría de los casos sintomáticos presentaron alteraciones en el olfato. Si bien para muchos fue algo temporal, otros pacientes mantienen secuelas persistentes tras la fase aguda de la enfermedad.

Al respecto, la doctora Cuevas detalló que:

“En los últimos años, recibimos un aumento notable de consultas por pérdida del olfato, en su mayoría transitorio, pero en otros casos se volvió crónico, generando un impacto psicológico considerable. Estamos ante una discapacidad invisible”

.

El impacto emocional es profundo: algunos pacientes se sienten desconectados de su entorno al no poder percibir aromas cotidianos como el perfume de un familiar o su propio olor corporal. La seguridad también se ve comprometida al no poder detectar fugas de gas, incendios o comida descompuesta.

Principales detonantes de la pérdida olfativa

Las razones detrás de la anosmia son múltiples y variadas, destacando las siguientes:

  • Infecciones de origen viral como la gripe, el resfriado común o el coronavirus.
  • Traumatismos craneoencefálicos severos.
  • Contacto frecuente con sustancias tóxicas.
  • Enfermedades crónicas como la rinosinusitis con pólipos nasales.
  • Trastornos neurodegenerativos, entre ellos el Parkinson o el Alzheimer.
  • El proceso natural de envejecimiento, particularmente tras cumplir los 60 años.
  • Presencia de tumores específicos.

El impacto de la anosmia puede extenderse a la nutrición, el bienestar emocional y la aparición de cuadros depresivos en quienes la padecen (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una de las causas más recurrentes es la poliposis nasal. Esta patología implica la formación de crecimientos benignos que bloquean las fosas nasales, impidiendo que los olores lleguen a los receptores y provocando congestión persistente.

“Muchos pacientes con poliposis nasal conviven durante años con síntomas como nariz tapada y pérdida del olfato sin consultar, pensando que es normal; pero no es así. Con un diagnóstico adecuado y tratamiento, pueden mejorar significativamente”

, enfatizó Cuevas.

Recomendaciones y diagnóstico oportuno

Es imperativo no ignorar la pérdida del olfato, especialmente si la condición se extiende por más de dos semanas. En estos casos, se debe acudir a un otorrinolaringólogo. El profesional realizará una endoscopía nasal y, de ser necesario, solicitará estudios de imagen como tomografías o resonancias para establecer un tratamiento eficaz.

Para la prevención, los especialistas sugieren:

  • Mantener una higiene nasal constante.
  • Evitar el tabaquismo y el contacto con químicos nocivos.
  • Cumplir con los esquemas de vacunación respiratoria.
  • Usar equipos de protección en ambientes contaminados.

Finalmente, se recuerda que no se debe subestimar la congestión nasal crónica ni las variaciones en el sentido del gusto, ya que ambas suelen estar estrechamente ligadas a la salud olfativa.

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