A las puertas de la cuadragésima edición de los Premios Goya, el cine español se prepara para celebrar lo mejor del 2025. En este contexto, surge de nuevo la sombra de una de las figuras más icónicas de la industria: Pepa Flores, mundialmente admirada como Marisol. Pese a que su trayectoria profesional se extendió por apenas un cuarto de siglo, la malagueña acumula ya más de 40 años de retiro voluntario, una decisión firme con la que ha logrado eludir el constante acoso de los medios de comunicación.
Esa determinación de mantenerse al margen del foco público no flaqueó ni siquiera en el año 2020, fecha en la que fue distinguida con el Goya de Honor. En aquella ocasión, el galardón fue recibido por sus tres hijas: María Esteve, Celia Flores y Tamara Esteve. La última vez que la artista se puso frente a una cámara de cine fue en 1985, exactamente hace 41 años, bajo la dirección de Juan Caño.
El punto final con ‘Caso cerrado’
La obra que cerró su carrera fue Caso cerrado, un largometraje presentado originalmente en el Festival de San Sebastián. Este proyecto representó la culminación de un camino que comenzó en la infancia de la actriz. En el documental de 2022 titulado Marisol, llámame Pepa, la protagonista recordó sus orígenes con las siguientes palabras:
“Mi nombre era Pepa Flores González. Este fue mi nombre hasta que, a los 10 años, viajé a Madrid para actuar ante el Caudillo”
.
Antes de este adiós definitivo, Flores había cimentado su estatus de mito infantil y juvenil con producciones de éxito masivo como Un rayo de luz (1960), Tómbola (1962) y Las cuatro bodas de Marisol (1967). Sin embargo, conforme alcanzaba la madurez, la intérprete buscó de manera incansable distanciarse de la imagen de estrella que el país le había impuesto, priorizando su identidad como Pepa Flores por encima del personaje.
Para el director Juan Caño, la participación de la actriz en Caso cerrado fue una manifestación de su compromiso político. A sus casi 40 años, la artista era una militante comunista activa, una postura que se consolidó durante su matrimonio con el coreógrafo Antonio Gades, con quien estuvo unida sentimentalmente desde 1973 hasta su divorcio en 1986, tras su primera unión legal con Carlos Goyanes.
Un guion social y el encuentro con Antonio Banderas
El vínculo entre el director y la actriz se gestó en un escenario inusual: una manifestación contra la incorporación de España a la OTAN. Allí, Caño le propuso una historia sobre un empleado bancario involucrado en un desfalco, cuyo activismo lo ponía en la mira de las autoridades. Flores interpretó a la esposa del protagonista, un papel que reflejaba la decepción ideológica y el conformismo. Según el investigador Javier Barreiro en su libro Marisol frente a Pepa Flores, ella aceptó el reto porque la película cuestionaba la relación entre las finanzas, el sistema judicial y la libertad individual.

Un detalle relevante de esta producción es la aparición de un joven Antonio Banderas, quien apenas tres años antes había debutado en el cine de la mano de Pedro Almodóvar en Laberinto de pasiones. A pesar de contar con este reparto, el paso de la película por el Festival de San Sebastián no obtuvo el éxito comercial esperado y recibió críticas desfavorables. La propia actriz admitió posteriormente que su desempeño pudo ser mejor y confesó su incomodidad con el entorno del cine de aquel entonces.
Desde su retiro en Altea, su presencia pública ha sido sumamente escasa, limitándose a contados eventos de carácter familiar. Uno de los pocos registros recientes data del año 2016, cuando participó brevemente en un concierto de su hija Celia en el Teatro Cervantes de Málaga, demostrando que su conexión con el arte, aunque fuera del mercado comercial, sigue vigente.
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