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Juan Luis Cipriani reaparece con insignias de cardenal pese a sanción

El arzobispo emérito de Lima, Juan Luis Cipriani, de 82 años, ha vuelto a la escena pública a través de un material audiovisual compartido recientemente. El primer purpurado perteneciente al Opus Dei difundió este video con motivo del 25 aniversario de su nombramiento como cardenal, dignidad que le fue conferida por san Juan Pablo II durante el consistorio celebrado el 21 de febrero de 2001.

A pesar de que Cipriani se encuentra bajo una serie de restricciones disciplinarias impuestas directamente por el papa Francisco, el religioso se mostró en el video portando las vestiduras correspondientes a su alta jerarquía eclesiástica. Las sanciones vigentes, derivadas de una denuncia de abuso sexual, incluyen el exilio fuera de su país de origen, la prohibición estricta de vestir símbolos cardenalicios y el impedimento de realizar declaraciones públicas.

“Es un motivo de especial alegría poderme dirigir a todos, porque acabo de celebrar mis bodas de plata como cardenal. Veinticinco años buscando servir a la Iglesia, buscando servir al pueblo peruano, a todos”, expresó el religioso en su mensaje.

Esta no es la primera ocasión en que se cuestiona su cumplimiento de las normas vaticanas. En abril de 2025, se registró su presencia en la basílica de Santa María la Mayor durante las vísperas del sepelio de Francisco, donde fue visto nuevamente con sus paramentos ante más de un centenar de purpurados. Asimismo, su participación en las congregaciones previas al cónclave que seleccionó al papa León XIV generó una notable controversia en el ámbito religioso internacional.

La Santa Sede especificó en su momento que estas medidas de disciplina fueron aceptadas por el propio Cipriani y se hicieron efectivas tras su cese como máximo representante de la Iglesia en Perú durante el año 2019. Dichas decisiones se basaron en las acusaciones presentadas contra él; no obstante, en su reciente mensaje, el religioso evitó cualquier alusión directa al caso de pederastia.

En su intervención, se enfocó en su labor histórica: “He procurado en estos tiempos trabajar siempre por lograr, en primer tiempo, la paz y la libertad en el pueblo de Ayacucho, que me tocó servirlo con tanto cariño, y también esa paz a todo el Perú. Años difíciles, pero con la gracia de Dios logramos pacificar y hacer del Perú una patria estable y buena”.

Continuó enfatizando su identidad nacional y su determinación personal: “Antes que cardenal, soy peruano. (…) Por eso, el amor a mi patria ha sido siempre el que me ha acompañado en este servicio para hacer el bien, para buscar la verdad, sin tener miedo a nada ni a nadie. Así he vivido y así les agradezco porque me han acompañado con tanto cariño”.

El caso salió a la luz luego de que la víctima denunciara abusos ocurridos en 1983, cuando tenía 16 años, durante confesiones en un centro del Opus Dei en Lima

Cabe recordar que el 7 de enero del año pasado, el arzobispo emérito estuvo presente en Lima. En esa oportunidad, el entonces burgomaestre Rafael López Aliaga le otorgó la Medalla Orden al Mérito en el grado de Gran Cruz, destacando lo que calificó como una labor pastoral y académica incansable.

Antecedentes del caso

La gravedad del caso se hizo pública en abril del mismo año cuando un medio internacional reveló el testimonio de una víctima. Según el relato, los abusos sexuales ocurrieron en el año 1983, cuando el denunciante tenía apenas 16 años. Los hechos habrían tenido lugar durante sesiones de confesión en un centro del Opus Dei ubicado en la capital peruana.

El afectado aseguró haber reportado los abusos a sus superiores en la institución ese mismo año; no obstante, la congregación sostuvo que nunca recibió una notificación formal y no implementó medidas. Fue en 2018 cuando el caso llegó al Vaticano mediante una misiva entregada por Juan Carlos Cruz, integrante de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, con el fin de apartar a Cipriani de sus funciones.

Consecuentemente, en 2019, el papa Francisco decretó su jubilación, le retiró el derecho a portar hábitos de cardenal, le prohibió dar declaraciones a la prensa y ordenó su salida obligatoria de Perú. Mientras la víctima ha reportado haber sufrido presiones para cambiar su versión de los hechos tras contactar con la Santa Sede, el sancionado mantiene su postura de inocencia frente a los cargos.

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