De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental
“es un estado de bienestar que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todo su potencial, aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a su comunidad. Tiene un valor intrínseco e instrumental y es un derecho humano fundamental”
.
Bajo esta premisa, un reciente estudio internacional ha encendido las alarmas sobre la situación actual de los adultos jóvenes. Los datos indican que casi el 50% de este grupo demográfico padece complicaciones de salud mental con relevancia clínica, una cifra que resulta ser cuatro veces superior a la registrada en sus padres y abuelos.
El análisis determina que la población de entre 18 y 34 años experimenta una baja constante en su aptitud para lidiar con los retos cotidianos y mantenerse productiva. Esta tendencia negativa se ha vuelto más evidente al compararla con el rendimiento de generaciones precedentes.
La investigación apunta a cuatro factores determinantes que justificarían hasta el 75% de esta problemática: el debilitamiento de los lazos familiares, la reducción de la espiritualidad, el acceso a smartphones a edades cada vez más tempranas y el incremento en la ingesta de alimentos ultraprocesados.

El reporte, desarrollado por el Global Mind Project de la organización Sapien Labs, recolectó información de más de un millón de personas en 85 naciones. Según este estudio, la brecha generacional en el bienestar psicológico se profundiza cada año. Tara Thiagarajan, científica en jefe del proyecto, detalló que
“la salud de la mente, evaluada por la métrica del Cociente de Salud Mental (MHQ por sus siglas en inglés), representa nuestra capacidad de sortear los desafíos de la vida y funcionar productivamente”
.
Este indicador, conocido como MHQ, ofrece una visión integral que combina aptitudes y dificultades emocionales, sociales y físicas que definen el desempeño diario de un individuo.
Un dato relevante del informe es que los adultos mayores de 55 años conservan niveles de MHQ próximos a los 100 puntos, lo cual se considera el estándar para una población con buena salud mental.

Por el contrario, los adultos más jóvenes reflejan una caída ininterrumpida en sus resultados. Este descenso se volvió mucho más agudo durante la pandemia del COVID-19 y, hasta la fecha, no se ha observado una recuperación en los indicadores.
Silvia Blitzer Golombek, experta regional para Latinoamérica de la plataforma, señaló que
“desde hace cuatro años hemos venido explorando qué aspectos de la vida moderna están generando esta tendencia negativa. Y han surgido cuatro factores principales que juntos, predicen esta crisis en la salud mental global»
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Al profundizar en estas causas, Blitzer Golombek indicó que
“los dos primeros factores, los vínculos familiares y la espiritualidad, remiten a dimensiones socioculturales que se encuentran en retroceso en las generaciones jóvenes. Tener vínculos familiares estrechos tiene que ver con cuán cercanos son los relacionamientos familiares. Quienes viven con más apego familiar tienen cuatro veces más posibilidades de enfrentar retos y tener menos síntomas depresivos»
.

En relación al componente espiritual, la especialista aclaró que este se asocia con una fuerza motivacional que no es necesariamente religiosa.
“Eso se traduce en tener un fuerte vínculo con la naturaleza, o tener una mascota, o un hobby. Cosas que nos enriquecen. Esas personas tienen hasta un 30% menos de tendencias suicidas, por ejemplo”
, añadió.
Sobre el impacto de la tecnología, se detalló que el uso precoz de dispositivos móviles es un factor crítico. En Argentina, la precocidad en el uso de smartphones ubica al país en el puesto 13 a nivel global entre adultos jóvenes, una de las cifras más altas de la región, vinculando este contacto temprano con un deterioro mental posterior.
Finalmente, se identificó el peso de la nutrición. El consumo de alimentos ultraprocesados representaría entre el 15% y el 30% de la carga total de afecciones mentales. En este aspecto, tanto jóvenes como adultos mayores en el contexto argentino muestran patrones similares en el ranking mundial.

Respecto al impacto social, Tara Thiagarajan enfatizó que
“hoy en día, casi la mitad de los jóvenes adultos sufre problemas de salud mental de importancia clínica que afectan sustancialmente a su capacidad para desenvolverse de forma productiva en la vida diaria”
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Análisis del panorama en Latinoamérica
El estudio sitúa a Argentina en la posición 34 de 85 países evaluados. Otros países de la región muestran variaciones: Colombia y Paraguay ocupan el puesto 25, mientras que Uruguay empata en el 34. Por su parte, Perú se ubica en el 46 y México en el 52.
Se observó que en América Latina existe una resiliencia mental superior en los adultos mayores frente a los jóvenes. Las naciones hispanohablantes lideran el ranking global de vínculos familiares fuertes, y varios países de la región integran el Top 10 de salud mental para mayores de 55 años.
En cuanto a la espiritualidad, existe una diferencia notable: mientras los adultos mayores en Argentina están en el puesto 50, los jóvenes descienden al 54, evidenciando cómo los factores sociales y culturales impactan a las nuevas generaciones.

Thiagarajan advirtió que el declive es más severo en naciones ricas y desarrolladas, donde el gasto en salud no ha frenado la tendencia.
“Para resolverlo, tendremos que abordar sus causas fundamentales en lugar de limitarnos a tratar los síntomas. Durante los últimos cuatro años hemos estado investigando estas causas fundamentales para comprender qué aspectos de la vida moderna están impulsando esta tendencia”
, explicó.
La experta concluyó con un llamado a la acción inmediata:
“Un futuro en el que la mitad de la humanidad sea incapaz de afrontar los retos de la vida y funcionar de forma productiva tiene graves consecuencias sociales. Por lo tanto, debemos actuar ahora para revertir la crisis que se está desarrollando entre los adultos jóvenes y proteger a las generaciones futuras. Y no basta con ampliar el acceso a la atención sanitaria estándar actual. Estas pautas apuntan claramente a la necesidad de un cambio estructural ascendente, centrado no solo en el tratamiento, sino también en los factores ambientales que moldean las mentes jóvenes en primer lugar”
.
Desde la ONG responsable del informe, se destaca que la crisis de salud mental en las generaciones jóvenes se mantiene vigente en 2026, consolidando un fenómeno de dos décadas. Las instituciones educativas y las familias enfrentan desafíos inéditos que no afectaron a generaciones pasadas.
Finalmente, el reporte sentencia que
“un futuro en el que la mitad de la humanidad no puede sortear los desafíos de la vida y funcionar productivamente tiene consecuencias sociales muy graves. Por lo tanto, la obligación es clara: debemos actuar ya para revertir la crisis que está afectando a los adultos jóvenes y salvaguardar a las generaciones futuras”
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