La convivencia con perros tiene un impacto directo y significativo en la calidad del aire de los espacios cerrados. Según una investigación liderada por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), las actividades habituales de los caninos —como rascarse, sacudirse o recibir caricias— provocan la dispersión constante de partículas en el ambiente. Este flujo incluye desde polvo y polen hasta restos vegetales y diversos microorganismos. Se determinó que, en el caso de las razas de mayor tamaño, la liberación de microbios puede llegar a ser entre dos y cuatro veces más alta que la producida por los seres humanos.
Este análisis, considerado un hito en el estudio del efecto de las mascotas en ambientes interiores, utilizó sensores de alta precisión para detectar ráfagas de contaminación cada vez que los animales realizaban algún movimiento. Los hallazgos confirman que esta emisión de partículas altera la composición de la atmósfera doméstica de forma permanente, incluso en habitaciones que cuentan con una ventilación adecuada.
Efectos en la salud y diversidad microbiana
La introducción de esta diversidad de microorganismos en el hogar no es necesariamente un factor de riesgo. Dusan Licina, profesor de la EPFL, señaló que existen evidencias sobre posibles beneficios para el organismo:
“La exposición a una variedad de microbios puede estimular el desarrollo del sistema inmune, especialmente entre los niños”.

Pese a este potencial efecto positivo, Licina mantuvo una postura prudente al advertir que la comunidad científica todavía no comprende con exactitud las consecuencias totales de estos microorganismos sobre la salud humana. El experto subrayó que el impacto varía considerablemente entre cada individuo y que se requiere una mayor profundidad en las investigaciones futuras.
Complementando esta visión, un equipo de la Universidad de Harvard aportó datos relevantes tras analizar la relación entre los microbios domésticos y la aparición de alergias infantiles.
En un estudio publicado en 2024, que incluyó el seguimiento de más de 800 familias en Estados Unidos, los investigadores concluyeron que los niños que crecen en hogares con perros presentan tasas de asma y alergias significativamente más bajas que aquellos en ambientes sin mascotas. La biodiversidad microbiana que los canes aportan al hogar podría ejercer un papel protector crucial en el desarrollo inmunológico de los menores.

Emisión de gases y comparativa con humanos
Entre los resultados más llamativos del estudio destaca la producción de dióxido de carbono (CO₂) y gas amoníaco por parte de los perros en niveles equiparables a los de las personas. No obstante, los científicos de la EPFL aclararon que la proporción de amoníaco respecto al CO₂ es más elevada en los perros, lo cual se atribuye a su dieta rica en proteínas, a su metabolismo particular y a su forma de respirar.
Respecto a los subproductos derivados del ozono, se halló que los perros generan un 40% menos de estos compuestos químicos que los humanos. Mientras que en las personas el ozono reacciona con grasas como el escualeno de la piel, en los canes este compuesto solo aparece de forma indirecta, principalmente a través del contacto físico cuando son acariciados por sus dueños.
El gas amoníaco, presente tanto en humanos como en animales, es un residuo natural de la digestión de proteínas que se libera en dosis pequeñas a través de los poros de la piel o mediante el proceso respiratorio.

Metodología del experimento en Suiza
La investigación se llevó a cabo bajo condiciones estrictamente controladas en una cámara ambiental situada en Friburgo, Suiza. Para las pruebas se seleccionaron tres perros grandes y cuatro chihuahuas pequeños, permitiendo a los expertos evaluar cómo influyen tanto el tamaño como la raza en la emisión de contaminantes.
En este espacio sellado, factores como la temperatura, la humedad y el filtrado de aire fueron monitoreados constantemente, lo que permitió asegurar que cualquier alteración en la calidad del aire se debía exclusivamente a la actividad de los animales. El equipo realizó un rastreo minucioso de cada partícula, gas y microorganismo liberado tanto por los canes como por los humanos presentes.
El estudio, cuyos resultados fueron difundidos la semana del 25 de febrero de 2026, ofrece una nueva perspectiva en el debate sobre la convivencia con mascotas y sus efectos en la salud a largo plazo. Finalmente, la investigación resalta que un perro de gran tamaño puede igualar el impacto respiratorio de un adulto humano en estado de reposo, añadiendo una nueva capa de entendimiento sobre cómo los animales modifican el entorno que habitamos.
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