Con un peso impresionante que alcanza los 30 kilos y una longitud de medio metro, la semilla de mayor tamaño en todo el planeta ha captado la atención de la comunidad científica. Este fruto, conocido popularmente como coco de mer, es el producto de la palmera Lodoicea maldivica. Esta especie vegetal es endémica de las islas Seychelles, específicamente de los territorios de Praslin y Curieuse, situados en las aguas del océano Índico, donde los expertos han dedicado décadas a desentrañar sus misterios biológicos.
A diferencia de otras plantas, esta palmera ha evolucionado mediante una técnica única para garantizar la supervivencia de su linaje. Según un estudio difundido por la revista especializada New Phytologist, esta capacidad le permite generar los frutos más voluminosos de los que se tiene registro y mantener su hegemonía en el bosque insular. Lo asombroso es que logra este desarrollo incluso en suelos extremadamente pobres en nutrientes, gracias a un sistema ultraeficiente que concentra agua y recursos vitales de una manera que dificulta el crecimiento de otras especies competidoras.
La Lodoicea maldivica realiza lo que los expertos califican como un gran esfuerzo para reproducirse. Su ciclo vital implica la producción de inmensas cantidades de polen y frutos de proporciones masivas que, debido a su peso, no pueden dispersarse a largas distancias, sino que caen directamente sobre la base de la planta madre. El Dr. Christopher Kaiser-Bunbury, integrante del Departamento de Biología de la Universidad Técnica de Darmstadt, explicó a la New Phytologist Foundation las implicaciones de este fenómeno:
“Esto supone un enorme gasto de energía en un suelo muy pobre en nutrientes, realmente no tiene sentido”
Para comprender cómo funciona este mecanismo, los investigadores pasaron varios años monitoreando estas palmas. Observaron que sus hojas, que pueden cubrir una superficie de hasta 10 metros cuadrados, funcionan como una compleja estructura de embudo. Esta disposición arquitectónica permite canalizar el agua de lluvia y los desechos orgánicos hacia el tronco de forma directa. Incluso el polen sobrante, si no es recolectado por los gecos, termina siendo reciclado por la propia planta. Respecto a la eficiencia de este sistema, el biólogo Kaiser-Bunbury señaló: “Incluso con una lluvia torrencial, se puede caminar por el bosque de palmeras casi sin mojarse”.

Los hallazgos de la investigación revelaron que en las cercanías del tronco de estas palmeras, la concentración de fosfato era hasta tres veces mayor en comparación con otras especies del mismo ecosistema. Este reservorio de agua y nutrientes es aprovechado fundamentalmente por las plántulas que brotan al pie de los ejemplares femeninos. Sobre esta especialización, el biólogo destacó en el informe: “Muchas plantas captan agua, pero no conocemos ninguna especie que lo haya perfeccionado tanto”.
A través de este proceso, el coco de mer tiene la capacidad de modificar su propio entorno, llegando a establecer palmerales dominantes en la isla de Praslin. Antes de que la sobreexplotación y la deforestación la pusieran en peligro crítico de extinción, esta era la especie predominante en la zona. Actualmente, diversos animales y vegetales han evolucionado de forma vinculada a esta palmera, manteniendo un ecosistema de coexistencia único en el mundo.
Nuevas líneas de investigación científica
Este trabajo científico, que contó con el respaldo de la Seychelles Islands Foundation, no se limitó a analizar la fisiología de la planta, sino que ha establecido las bases para futuras exploraciones académicas. En la actualidad, Kaiser-Bunbury se encuentra analizando la dinámica social y biológica del bosque de coco de mer basándose en estos descubrimientos recientes.

El objetivo principal ahora es entender la sostenibilidad de estos bosques bajo la intervención humana. El biólogo detalló cuáles son los próximos pasos en esta investigación estratégica:
“Nos gustaría investigar cómo se puede mantener la monodominancia de la palmera incluso si las personas gestionan activamente el bosque, por ejemplo, plantando nuevas palmeras. Nos interesa el impacto de esta forma de crecimiento agrupado en todo el ecosistema forestal y, en particular, en la fauna asociada”
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