Tras el operativo ejecutado por las fuerzas militares de Estados Unidos en Caracas en enero de 2026, que resultó en la captura de Nicolás Maduro, el panorama para los más de dos millones de migrantes venezolanos radicados en Colombia se ha tornado complejo. A pesar de este giro histórico en la política de su país de origen, una gran parte de esta población no contempla el regreso inmediato a su nación.
Para la mayoría de estos ciudadanos, la integración social y económica alcanzada en territorio colombiano, sumada a la consolidación de nuevos proyectos de vida, tiene un peso mayor que el cambio de mando en Venezuela. Los testimonios recogidos en diversas regiones indican que el arraigo construido durante los años de migración es un factor determinante para permanecer en el exterior.

Historias de superación y arraigo en suelo colombiano
Un caso emblemático es el de Cristopher Landázuri, quien arribó a la ciudad de Cúcuta en 2019 bajo condiciones de extrema vulnerabilidad, sin empleo ni un techo donde dormir. Tras atravesar una etapa crítica de desprotección, logró reconstruir su realidad y hoy se desempeña como operario de parques en la capital de Norte de Santander, en el oriente colombiano.
“Fui habitante de calle, pasé por las drogas y gracias a un programa de la alcaldía pude rehabilitarme (…) me enamoré de Cúcuta, me enamoré de Colombia, ya tengo mi vida acá”
El relato de Landázuri es un reflejo de los miles de venezolanos que han encontrado estabilidad en ciudades como Bogotá y en las diversas zonas de la frontera binacional, donde la seguridad y las oportunidades de progreso han transformado sus perspectivas de futuro.
Por otro lado, figuras como Antonio Alexander Hernández expresan una mezcla de esperanza y cautela. Aunque la noticia de la detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, durante la intervención militar estadounidense generó expectativas, el miedo persiste. Para Hernández, su retorno está condicionado a la existencia de una ley de amnistía, pues antes de migrar a Colombia, su nombre figuraba en listas de búsqueda de las autoridades venezolanas.
“Pienso volver (…) pero con una ley de amnistía, que nos permita regresar en paz”

Salud, educación y estabilidad: los frenos para el retorno
La seguridad económica y el bienestar familiar se posicionan como las principales barreras para emprender el camino de vuelta. Factores como la continuidad de empleos estables, el acceso a tratamientos médicos especializados y la educación de los hijos son prioridades que superan el entusiasmo político.
- Ariadni Benítez: Reside en la frontera y se dedica a la venta de café. Tras emigrar por una crisis de salud familiar, ha logrado un equilibrio que no desea abandonar. “Tengo estabilidad, mis hijas estudiando, por eso no tengo muy pensado regresarme”, aseguró.
- Isamar Celín: Ha manifestado que solo consideraría volver si el sistema sanitario venezolano garantizara condiciones similares al de Colombia, ya que su madre actualmente recibe tratamiento oncológico en Bogotá contra el cáncer.
- Diego Alexander Matute: Panadero en la capital colombiana, quien reconoce su deseo de ayudar en la reconstrucción de su patria, pero bajo condiciones claras.
“Por supuesto volvería, pero primero tiene que haber estabilidad económica y política”

Incertidumbre ante la transición política en Venezuela
La captura del exmandatario y su cónyuge ha sido recibida con una combinación de escepticismo y precaución. Aunque el operativo estadounidense marcó el fin de una era, la transición actual, liderada provisionalmente por Delcy Rodríguez mientras se organiza un nuevo proceso electoral, no ofrece aún las garantías materiales o de seguridad que los migrantes demandan.
Existe una percepción de desconexión entre los grandes movimientos políticos y la realidad cotidiana en las calles venezolanas. Beatriz Jhoana Ochoa, quien visitó la isla de Margarita tras ocho años de ausencia, relató que la vida parecía seguir un curso ajeno a las tensiones del poder.
“La gente en la playa, tomando, disfrutando, nadie hablaba del tema”
Esta aparente normalidad refuerza la idea entre la comunidad migrante de que el cambio político no se traduce automáticamente en una mejora de las condiciones de vida. Para miles de familias, el objetivo primordial sigue siendo proteger lo construido en Colombia y asegurar un porvenir que ya no dependa de la inestabilidad institucional de su país natal.

En conclusión, el impulso de mantener un empleo y una vida digna en el país de acogida define el horizonte actual de la migración venezolana, la cual ha decidido que sus destinos ya no estarán dictados únicamente por los vaivenes políticos de Caracas.
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