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Tres alimentos esenciales para reducir el riesgo de demencia

Diversas investigaciones científicas han confirmado que la alimentación desempeña un rol fundamental en el mantenimiento de la salud cerebral y en la disminución de las probabilidades de desarrollar demencia. Pese a que no existen fórmulas infalibles para prevenir esta condición, expertos en neurología y nutrición coinciden en que la adopción de ciertos patrones alimenticios puede mitigar los factores de riesgo vinculados a su aparición.

La neuróloga Jessica Schultz señala que la dieta es una de las herramientas preventivas más potentes con las que contamos hoy en día. Entre los modelos nutricionales más avalados se encuentra la dieta MIND, la cual fusiona principios de la alimentación mediterránea y la DASH. Este régimen prioriza la ingesta de legumbres, frutas, hortalizas, pescado y granos integrales, mientras sugiere reducir drásticamente el consumo de sodio, grasas saturadas y azúcares procesados.

De acuerdo con la Academia de Nutrición y Dietética, este enfoque alimentario tiene la capacidad de frenar el deterioro cognitivo, por lo que su implementación es vista como una acción clave para minimizar los riesgos cerebrales. En este contexto, especialistas como la nutricionista Elizabeth Shaw han determinado tres alimentos específicos, respaldados por evidencia científica, que deberían formar parte de nuestra rutina para proteger la función mental a largo plazo.

Frutos secos y su aporte a la circulación

El primer grupo alimenticio destacado son los frutos secos, con especial énfasis en las nueces. Estos elementos son pilares de la dieta MIND debido a su riqueza en grasas insaturadas, vitamina E, magnesio, fibra, potasio y folato. La doctora Schultz puntualiza que su alto contenido de arginina, un aminoácido esencial, favorece la producción de óxido nítrico, una sustancia que ayuda a regular la presión arterial y asegura que el cerebro reciba un flujo sanguíneo constante y saludable.

Las nueces ayudan a tener energía. Foto: (iStock)

Reportes especializados indican que las personas que consumen al menos 70 gramos de frutos secos a la semana presentan un 17% menos de riesgo de sufrir deterioro cognitivo en comparación con quienes los omiten de su plato. Su facilidad de almacenamiento permite que sean integrados de forma sencilla en desayunos, mezclados con yogur o avena, o como un tentempié nutritivo entre comidas.

Pescados grasos: Aliados estructurales

Como segundo componente esencial aparece el pescado graso, preferiblemente en conserva por su accesibilidad. Jillian Weiss, experta en nutrición, resalta el valor de variedades como el salmón, la caballa, las anchoas, las sardinas y el arenque. Estos alimentos son fuentes primordiales de ácidos grasos omega-3 (DHA y EPA), componentes críticos que forman parte de las membranas celulares del cerebro y son vitales para la estructura de las neuronas.

Pescados en conserva (iStock)

Existen evidencias que vinculan el consumo de estos pescados al menos dos veces por semana con una reducción en la incidencia de demencia. Esto se debe principalmente a las propiedades antiinflamatorias y neuroprotectoras de los ácidos grasos. El formato enlatado ofrece una solución práctica para añadir estas proteínas a ensaladas o preparaciones rápidas sin perder sus beneficios nutricionales.

Aceite de oliva y salud vascular

El tercer alimento indispensable es el aceite de oliva. Tanto Schultz como Weiss sugieren que este producto, emblema de la cocina saludable, aporta polifenoles y grasas monoinsaturadas que facilitan el control de los niveles de colesterol y glucosa en la sangre. Una circulación eficiente es determinante para la salud mental, dado que el cerebro requiere un suministro ininterrumpido de oxígeno y nutrientes.

Aceite de oliva, uno de los productos más solicitados fuera de nuestras fronteras (Europa Press)

Estudios recientes han demostrado que el consumo frecuente de aceite de oliva puede ayudar a ralentizar la pérdida de memoria y otras funciones cognitivas. Se recomienda priorizar el aceite de oliva virgen extra de alta calidad para su uso en aliños, salteados de vegetales o como complemento en platos horneados.

Acciones complementarias para la protección cerebral

Si bien la nutrición es un pilar, los profesionales enfatizan que el riesgo de padecer demencia se reduce de forma más efectiva cuando se combina con un estilo de vida integral. El doctor Rajesh Burela subraya que es vital añadir actividad física, un descanso reparador y una vida social activa. Weiss agrega que realizar ejercicio moderado, como mínimo 30 minutos diarios durante cinco días a la semana, optimiza la oxigenación cerebral y beneficia tanto al corazón como a la mente.

La interacción social constante también actúa como un escudo protector, ya que mantener vínculos humanos estimula el procesamiento mental, mientras que la soledad prolongada se ha asociado a una progresión acelerada de fallos cognitivos. Finalmente, Burela indica que dormir entre seis y ocho horas por noche es crucial, pues es durante el sueño cuando el cerebro logra eliminar desechos metabólicos y consolidar los recuerdos del día.

En conclusión, una estrategia basada en el consumo de frutos secos, pescado azul y aceite de oliva, sumada a las legumbres y bayas, junto con el movimiento constante y el descanso adecuado, representa una vía sólida para salvaguardar la salud cognitiva a lo largo de los años.

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