El reciente anuncio realizado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acerca de la desclasificación de documentos vinculados al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, ha puesto de nuevo en la palestra el debate sobre la transparencia institucional y la memoria democrática.
Esta medida adoptada por el Ejecutivo coincide con la conmemoración del cuadragésimo quinto aniversario del asalto al Congreso de los Diputados. Además, esta decisión responde significativamente a una petición que el escritor Javier Cercas, autor de la aclamada obra Anatomía de un instante, planteó públicamente hace algunos meses. Cabe recordar que este libro es un pilar fundamental para comprender los sucesos del 23-F y ha sido adaptado recientemente a la televisión.
A través de sus redes sociales, Pedro Sánchez manifestó que la desclasificación de estos archivos tiene como objetivo fundamental “saldar una deuda histórica con la ciudadanía”.
La postura de Javier Cercas, defendida en diversos espacios públicos y entrevistas, se basa en la idea de que la claridad histórica es indispensable para fortalecer la calidad democrática. El autor ha hecho hincapié, tanto en comparecencias como en televisión, en que “la memoria no puede permanecer cerrada durante décadas”, insistiendo en la urgencia de eliminar las especulaciones y los vacíos informativos que todavía rodean aquella jornada de 1981.
Transparencia frente a los bulos
Para el literato, el valor real de abrir estos archivos no consiste necesariamente en revelar secretos desconocidos, sino en frenar la divulgación de noticias falsas y teorías conspirativas que han viciado el relato histórico desde el inicio.
“No porque no sepamos la verdad, le dije al presidente, o porque esos papeles nos vayan a descubrir la verdad del golpe o porque contengan ningún secreto o el enigma oculto del 23-F, la verdad la sabemos desde hace mucho tiempo, yo mismo la conté en Anatomía de un instante, sino porque sobre el golpe de Estado del 23-F se han contado y se siguen contando, a día de hoy, desde el mismo momento en que se desencadenó el golpe, infinidad de trolas, de bulos y de bolas”
manifestó el escritor.

En este sentido, Javier Cercas reconoce que la publicación de la documentación oficial no acabará totalmente con la desinformación, pero sí complicará la labor de quienes pretenden difundir versiones alteradas de los hechos. El autor enfatizó: “Lo esencial, lo conocemos. En esos papeles no se va a desvelar nada esencial. El principal bulo es la idea de que existen todavía grandes incógnitas. No existen grandes incógnitas. Existen cosas anecdóticas, que son las que van a salir en esos documentos, con absoluta seguridad, y cosas que ya sabíamos, pero que se presentarán como nuevas”. De este modo, la consulta de fuentes primarias por parte de la población reforzará la transparencia democrática.
Asimismo, el autor subraya el rol fundamental de los medios de comunicación en este proceso. Según sus palabras, no se debe ocultar información, sino lograr “que se cuente la verdad”.
Debate político y el relato histórico
La apertura de los archivos del 23-F se da en un contexto de renovado interés por el golpe de Estado, impulsado también por la reciente emisión de la serie televisiva basada en el texto de Cercas. Sin embargo, desde la oposición se ha criticado la medida calificándola como una “cortina de humo”.
Ante estas acusaciones, Javier Cercas fue tajante al describir dicha interpretación como “una reacción estúpida de una oposición muy torpe”. El escritor aclaró su posición personal: “esto es una cosa correcta. Yo, cuando el presidente del Gobierno ha hecho cosas que no están bien, he dicho que no están bien. Y cuando hace cosas que están bien, digo que están bien. Punto”.
La situación política actual añade complejidad a un debate con posturas enfrentadas: mientras el Gobierno defiende el libre acceso a la historia, la oposición sospecha de las intenciones políticas tras el calendario de la desclasificación. En cualquier caso, para gran parte de la sociedad, esto representa una oportunidad para revisar y consolidar la memoria colectiva sobre un hito decisivo en la historia contemporánea de España.
La controversia sobre Juan Carlos I
Sobre la actuación del rey emérito Juan Carlos I durante la asonada militar, Cercas ha admitido que el monarca incurrió en ciertos “errores”, aunque sostiene la tesis de que su intervención fue vital, ya que “ningún otro podría haberlo hecho dado su puesto y autoridad”.
No obstante, esta perspectiva no es unánime. El periodista Antonio Maestre, en sus intervenciones en LaSexta, ha cuestionado si el discurso público de Cercas coincide plenamente con lo narrado en su libro, sugiriendo que la responsabilidad de la Corona podría haber sido superior.

Maestre ha llegado a afirmar que “el que paró el golpe no fue el rey, fue Tejero”, argumentando que si se revelaran las conversaciones privadas entre Juan Carlos I y los mandos militares, la visión sobre el papel de la monarquía en el 23-F podría transformarse profundamente.
Por último, el plan gubernamental establece que solo se mantendrán reservados los archivos que puedan “comprometer la seguridad nacional”, tal como dicta la ley de secretos oficiales. Con esta desclasificación, se espera que los ciudadanos puedan acceder sin restricciones, por primera vez en décadas, a un capítulo esencial del pasado reciente.
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