Se han cumplido cuatro años desde que aquel 24 de febrero de 2022 marcara el inicio de la invasión a gran escala de Rusia sobre territorio ucraniano. Las crónicas visuales de este periodo son desgarradoras: desde el bombardeo a la maternidad en Mariupol hasta la aparición de fosas comunes y el éxodo de familias bajo puentes colapsados. Este enfrentamiento, que ya se cataloga como el más devastador en el continente desde la Segunda Guerra Mundial, entra en su quinto año de hostilidades. Actualmente, los intentos de mediación impulsados por la administración de Donald Trump no han logrado acercar posturas entre Moscú y Kiev para un cese al fuego.




Impacto humano y devastación civil
El balance de víctimas civiles es, según los organismos internacionales, incalculable. La Misión de Monitoreo de Derechos Humanos de la ONU ha verificado la muerte de al menos 14.999 civiles, aunque la organización admite que esta cifra es probablemente una subestimación del impacto real. Además, se contabilizan más de 40.600 heridos, incluyendo la lamentable pérdida de 763 niños. El reporte destaca que el año 2025 fue el más letal para los ciudadanos desde el inicio de la invasión, con 2.514 fallecidos y 12.142 personas heridas, lo que representa un incremento del 31% respecto al año previo. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud ha registrado ataques que dañaron o destruyeron 2.347 instalaciones sanitarias, afectando la prestación de servicios médicos en 2.851 ocasiones.





Un recuento masivo de bajas militares
En el plano bélico, las pérdidas humanas son masivas. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) estima que el total de soldados fallecidos, heridos o desaparecidos de ambos bandos podría ascender a 1,8 millones. De esta cifra, Rusia habría sufrido cerca de 1,2 millones de bajas, de las cuales se calculan 325.000 muertes en combate, la cifra más alta para una potencia en cualquier conflicto desde 1945. En cuanto a las fuerzas de Ucrania, se estiman entre 500.000 y 600.000 bajas, con un total de hasta 140.000 fallecidos. No obstante, el presidente Volodimir Zelensky declaró recientemente que la cifra oficial de soldados ucranianos muertos es de 55.000.




Estancamiento en el frente y cambios en el apoyo exterior
El desarrollo de la guerra de desgaste muestra un avance ruso sumamente lento y costoso en recursos. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra, Moscú mantiene el control sobre el 19,4% de la superficie ucraniana, habiendo capturado apenas un 0,79% adicional durante el último año. Es importante recordar que, previo a la invasión total, Rusia ya controlaba el 7% del país, incluyendo Crimea y partes del Donbás. En cuanto al respaldo internacional, el envío de equipo militar a Kiev disminuyó un 13% tras la suspensión de suministros por parte del gobierno de Trump. No obstante, los países de Europa intentaron mitigar este déficit aumentando su propia ayuda militar en un 67%.






Desplazamiento forzado y realidad actual
La crisis migratoria resultante es de proporciones históricas: casi 5,9 millones de ucranianos han huido de su país, de los cuales 5,3 millones se encuentran refugiados en Europa. A esto se suman 3,7 millones de desplazados internos dentro de una nación que contaba con más de 40 millones de habitantes antes de la guerra. Tras cuatro años de asedio, la vida cotidiana en ciudades como Kiev se caracteriza por la resiliencia ante los cortes de energía en invierno, la presencia de carpas de emergencia y los constantes funerales de jóvenes combatientes, retratando a una sociedad que resiste en medio de la tragedia.
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