El doctor Rafael B. Melero, especialista en reumatología dentro del Complejo Hospitalario de Ourense (CHOU), ha advertido que los pacientes diagnosticados con patologías reumáticas autoinmunes sistémicas «presentan tasas más altas de ansiedad y depresión que la población general», una realidad que ha sido corroborada por «diversos estudios» científicos.
Durante su intervención en la II Jornada para pacientes con enfermedades reumáticas autoinmunes sistémicas, celebrada en el Hospital Meixoeiro de Vigo, Melero enfatizó que «la afectación emocional no es algo anecdótico». Este evento, que contó con la presencia de cerca de 200 asistentes, se desarrolló bajo el marco del 11º Simposio SER, un encuentro organizado por la Sociedad Española de Reumatología para abordar las enfermedades autoinmunes sistémicas (EAS).
La conexión biológica entre inflamación y ánimo
Al profundizar en la salud mental, el experto señaló que, «en algunas patologías, como el lupus, por ejemplo, aproximadamente un tercio de los pacientes puede presentar síntomas depresivos en algún momento, y la ansiedad puede ser incluso más frecuente». Según explicó, existe un vínculo directo entre el cuerpo y la mente: «Inflamación y estado de ánimo no son mundos separados: se sabe que la inflamación sistémica puede influir en circuitos cerebrales relacionados con la motivación y el ánimo».
Estas condiciones de salud son de carácter crónico y suelen manifestarse a través de brotes, lo que genera un impacto profundo y multidimensional en la vida de las personas. No se limitan únicamente a dañar las articulaciones o ciertos órganos; su influencia se extiende al plano psicológico, laboral y social, afectando la condición física de manera fluctuante, continua o difícil de predecir.
Por su parte, el doctor José María Pego, presidente del Comité Organizador Local del simposio, subrayó la importancia de la detección temprana. «Un diagnóstico precoz, tratamientos adecuados y un enfoque multidisciplinar pueden marcar una gran diferencia y permitir una vida activa normal», afirmó, señalando además la recurrente aparición de fatiga intensa, dolor y diversas limitaciones funcionales que restringen el movimiento.
Impacto en la imagen corporal y productividad
Para el doctor Pego, «algunos de los síntomas son persistentes e invisibles, generando, también, un impacto psíquico importante». Mencionó que las alteraciones en la apariencia física, provocadas por la propia enfermedad o por los efectos de la medicación, suelen derivar en una pérdida de confianza, un problema crítico en etapas como la adolescencia. Asimismo, destacó el impacto en el ámbito profesional, que se traduce en absentismo, baja productividad y, en escenarios graves, incapacidad laboral.
La doctora Ana Vázquez, quien preside la Liga Reumatológica Española (LIRE) y su homóloga en Galicia, fue enfática al relacionar la sintomatología física con el bienestar emocional.
«El dolor, la impotencia funcional y las comorbilidades de estas patologías generan ansiedad y depresión, aspectos que inciden negativamente en la productividad, no solo laboral, sino, también, escolar y en la participación social»
, declaró. Vázquez aportó cifras alarmantes: el 99 por ciento de los pacientes requiere apoyo psicológico, el 92 por ciento necesita terapia ocupacional y un 65 por ciento precisa atención logopédica para tratar secuelas emocionales y cognitivas.
Reconocimiento de la salud mental como prioridad
En este contexto, la presidenta de la Asociación Gallega de Lupus (AGAL) y directiva de Felupus, Nuria Carballeda, calificó como «fundamental» el reconocimiento de los trastornos mentales asociados. Sostuvo que «es innegable que la aparición de una enfermedad autoinmune ocasiona un vuelco drástico en la vida del paciente», calificando estos cambios como «motivos más que suficientes para que la persona entre en un proceso de ansiedad, depresión o miedo…».
Carballeda defendió la necesidad de una «atención psicológica digna» integrada en los protocolos médicos convencionales. Esta visión fue respaldada por el doctor Melero, quien insistió en que es vital «reconocer que la salud emocional no es algo secundario: es parte del tratamiento médico». Añadió que «al reducir la inflamación, muchas veces se mejora el dolor, la energía y la función, repercutiendo positivamente en el estado de ánimo».
Finalmente, los especialistas resaltaron el papel clave de la Enfermería especializada y el aprovechamiento de recursos digitales como la plataforma inforeuma.com, desarrollada por la SER, recalcando que «es fundamental saber dónde buscar información de calidad». Melero concluyó que el éxito terapéutico no reside solo en bajar los niveles de inflamación, sino en «lograr que ese control se traduzca en una vida más plena y autónoma».
El futuro de la especialidad, según los expertos, apunta hacia una medicina personalizada apoyada en mejores biomarcadores y terapias dirigidas, sin perder de vista que la calidad de vida de los pacientes «es un objetivo clínico en sí mismo», bajo una visión integral de la salud del individuo.
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