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Impacto de volcanes e incendios en el clima global bajo la lupa

Un equipo de investigadores especializados ha logrado determinar con precisión cómo se separan los impactos de los grandes fenómenos naturales en la atmósfera terrestre. Este avance permitió desglosar el efecto específico de hitos climáticos como la erupción del Monte Pinatubo en 1991, los masivos incendios forestales ocurridos en Australia entre 2019 y 2020, y la explosión submarina del volcán Hunga Tonga en el Pacífico Sur durante 2022. Estos tres sucesos influyeron de manera directa en la temperatura de la estratosfera, dejando patrones que hoy pueden medirse con exactitud para comprender cómo la naturaleza altera los sistemas climáticos a escala mundial.

Desentrañando la señal climática

Tanto las erupciones volcánicas como los incendios forestales de gran magnitud tienen la capacidad de inyectar millones de toneladas de gases y partículas en el aire, lo que desencadena alteraciones planetarias. Hasta hace poco, distinguir el impacto de cada uno de estos eventos en un entorno climático tan complejo era equivalente a tratar de identificar una sola voz en medio del ruido de un salón abarrotado. Sin embargo, el nuevo método desarrollado permite aislar la “señal” vinculada a cada desastre natural, separándola del “ruido” provocado por otros factores atmosféricos diversos.

El estudio determinó que estos tres eventos excepcionales generaron perturbaciones notables en la estratosfera, aunque con efectos diferenciados entre sí. Se evidenció que el Monte Pinatubo provocó una combinación de enfriamiento en la troposfera y calentamiento en la estratosfera. En contraste, los incendios en Australia y la erupción del Hunga Tonga causaron variaciones térmicas importantes en la estratosfera, pero no dejaron una huella global sólida en la troposfera durante sus primeros dos años de impacto. Estas diferencias permiten a la comunidad científica perfeccionar la lectura de los procesos climáticos y el peso de la actividad humana en el calentamiento global reciente.

El factor humano vs. fenómenos naturales

Yaowei Li, científico visitante y antiguo investigador posdoctoral, lideró este análisis resaltando la urgencia de estudiar las respuestas del clima ante los forzamientos naturales. Esto es vital para interpretar con mayor fidelidad los cambios que sí son provocados por el hombre. Según Li:

“Comprender las respuestas climáticas a los forzamientos naturales es esencial para interpretar el cambio climático antropogénico”

. El investigador añadió que, según los datos analizados, ni la erupción del Hunga Tonga ni los incendios australianos parecen haber sido los causantes directos del incremento extremo de calor superficial registrado recientemente, lo que sugiere la intervención de otros factores.

Por otro lado, datos de la Organización Meteorológica Mundial indican que los años 2023, 2024 y 2025 se encuentran entre los tres más calurosos de la historia, alertando que la última década ha sido la más cálida registrada. El incremento térmico global se atribuye principalmente a las emisiones de gases de efecto invernadero acumuladas por la humanidad durante siglos, aunque las catástrofes naturales también aportan emisiones masivas que pueden alterar las tendencias a corto plazo.

Cifras de las emisiones naturales

El estudio detalla las emisiones naturales masivas analizadas:

  • Monte Pinatubo: Liberó cerca de 20 millones de toneladas de aerosoles en la estratosfera.
  • Incendios en Australia: Depositaron aproximadamente 1 millón de toneladas de humo entre la estratosfera y la troposfera superior.
  • Hunga Tonga: Lanzó cerca de 150 millones de toneladas de vapor de agua a la atmósfera alta, siendo la explosión más potente medida por satélite.

Metodología y hallazgos térmicos

Para identificar si estos eventos modificaban las temperaturas globales de forma detectable, se utilizó un método basado en la relación señal-ruido. El proceso consistió en filtrar otras influencias térmicas como los gases de efecto invernadero de origen humano, los ciclos volcánicos menores, la variabilidad interna de fenómenos como El Niño y La Niña, y los ciclos solares de 11 años. Con datos de sensores satelitales (como la Unidad de Sondeo Estratosférico SSU y unidades de microondas) recolectados desde 1986, se aislaron las señales térmicas de cada desastre.

La investigación confirmó tendencias de calentamiento en la troposfera y enfriamiento en la estratosfera durante décadas, provocadas mayoritariamente por la actividad humana. Tras suprimir estas tendencias largas, los efectos de los tres episodios se hicieron visibles. El Monte Pinatubo causó un descenso de hasta 0,7 grados Celsius en la troposfera global durante al menos dos años, ya que sus aerosoles de sulfato rebotaron la radiación solar al espacio. Simultáneamente, la estratosfera se calentó al absorber radiación terrestre.

En el caso de los incendios en Australia, las partículas de humo elevaron la temperatura de la estratosfera global en hasta 0,77 grados Celsius, un efecto que duró unos cinco meses sin alterar la troposfera de forma medible. Finalmente, el Hunga Tonga y su inyección masiva de vapor de agua también calentaron la estratosfera, pero sin generar cambios significativos en la troposfera global en los dos años posteriores al evento.

Este análisis detallado profundiza el conocimiento sobre la complejidad atmosférica y sirve como referencia para diferenciar el calentamiento causado por el ser humano de las alteraciones inducidas por catástrofes naturales excepcionales.

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