Una reciente investigación científica destaca que la incorporación de actividad física en la rutina diaria de los supervivientes de cáncer representa una herramienta vital para mejorar su pronóstico de vida. Según los hallazgos publicados el 17 de febrero de 2026 en la revista especializada JAMA Network Open, realizar incluso niveles moderados de ejercicio contribuye directamente a disminuir las probabilidades de fallecimiento a causa de esta enfermedad.
El estudio subraya que los beneficios son proporcionales a la intensidad y frecuencia del movimiento; es decir, el riesgo de mortalidad se redujo de manera más drástica entre aquellos pacientes que alcanzaron niveles superiores de ejercicio. Un dato relevante es que incluso los individuos diagnosticados con cáncer de pulmón o cáncer de recto que no eran activos previamente, pero que iniciaron rutinas deportivas tras conocer su diagnóstico, mostraron una notable mejoría en sus probabilidades de supervivencia.

“pueden motivar a los supervivientes de cáncer a ser tan activos como puedan tras un diagnóstico, incluso si no lo eran antes”
Esta es la conclusión principal del equipo de trabajo encabezado por Erika Rees-Punia, quien se desempeña como científica principal senior de la Sociedad Americana del Cáncer. Para llegar a estos resultados, el grupo de expertos analizó y agrupó la información de seis investigaciones de gran escala, logrando un seguimiento exhaustivo de más de 17.000 supervivientes cuya edad promedio se situaba en los 67 años.
Dentro de la muestra analizada, aproximadamente el 49% de los pacientes habían recibido un diagnóstico en etapas tempranas o intermedias de la enfermedad. En cuanto a la tipología de los tumores, los supervivientes de cáncer de vejiga representaron el 24%, seguidos por el de endometrio con un 22% y el de pulmón con un 18%, abarcando entre estos tres más de la mitad de los casos del estudio.
Reducción porcentual de la mortalidad
Las estadísticas obtenidas demuestran que cualquier grado de actividad física tuvo un impacto directo en la reducción de muertes relacionadas con el cáncer: un 33% menos de riesgo en pacientes con cáncer de vejiga, un 38% en casos de endometrio y un 44% para quienes padecían cáncer de pulmón.

La tendencia observada por los investigadores indica que, a medida que se incrementaba la intensidad del entrenamiento, las posibilidades de fallecer por diversos tipos de neoplasias continuaban descendiendo. Un hallazgo sorprendente fue que los supervivientes de cáncer de pulmón y recto que adoptaron el hábito del ejercicio después de su diagnóstico redujeron su riesgo de muerte en un 42% y 49%, respectivamente, en comparación con aquellos que se mantuvieron sedentarios tanto antes como después de la detección.
Por el contrario, el estudio advierte que las personas que solían ser activas pero abandonaron el ejercicio tras ser diagnosticadas no presentaron una disminución significativa en su riesgo de mortalidad. Esto resalta la importancia de la constancia en la actividad física durante todo el proceso oncológico.
“La actividad física tiene un beneficio significativo para los pacientes con cáncer en cualquier etapa de su camino contra el cáncer”
Así lo manifestó la Dra. Susan Maltser, vicepresidenta de medicina física y rehabilitación en la Zucker School of Medicine de Uniondale, Nueva York, y directora del Programa de Rehabilitación Oncológica en Northwell Health.

Maltser, quien analizó los resultados de forma externa, enfatizó que el ejercicio influye positivamente no solo en el bienestar emocional, sino en la evolución biológica de la enfermedad antes, durante y después del tratamiento médico. Según la especialista, el movimiento es una estrategia fundamental para contrarrestar la fragilidad física que suele acompañar a los procesos oncológicos.
“Sabemos que antes de que comiencen el tratamiento, durante el tratamiento, después del tratamiento y de por vida, la actividad física y el ejercicio tienen un impacto significativo no solo en su bienestar, sino muchas veces en la trayectoria de su cáncer”
La doctora explicó que los tratamientos contra el cáncer suelen ser debilitantes.
“Perdemos masa muscular con muy poca actividad, así que es importante ganar esa masa muscular”
. Además, puntualizó que cada tipo de cáncer genera limitaciones físicas particulares que deben ser atendidas de forma específica.
- En el cáncer de mama, las pacientes suelen presentar complicaciones en la movilidad del hombro.
- Los pacientes con cáncer de pulmón frecuentemente experimentan falta de aire o disnea.
- Quienes enfrentan sarcoma de extremidad inferior sufren una pérdida considerable del tono muscular.
Por ello, Maltser recalca que es vital reconstruir lo que el tratamiento o la enfermedad han deteriorado.

Como parte de su práctica clínica, la doctora prescribe a sus pacientes una receta de ejercicio personalizada, especificando rutinas y frecuencias. Su recomendación para quienes han sido inactivos es comenzar de forma progresiva, recordando que nunca es demasiado tarde para empezar.
El enfoque sugerido incluye acciones cotidianas que suman lo que ella denomina unidades de ejercicio:
- Realizar caminatas diarias constantes.
- Entrenar con levantamiento de pesas.
- Aparcar el vehículo a una mayor distancia para caminar más.
- Cargar las bolsas de las compras en lugar de usar un carrito.
- Realizar movimientos funcionales como agacharse correctamente para recoger objetos.
Para aquellos que ya mantenían una vida activa, la experta recomienda fervientemente sostener sus hábitos, pues existe evidencia científica sólida que respalda los beneficios de esta constancia.

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