El Ministerio de Comercio de China ha manifestado que se encuentra realizando un seguimiento exhaustivo a los recientes giros legales y comerciales en Estados Unidos. Esto ocurre tras el fallo emitido por el Tribunal Supremo norteamericano que puso en tela de juicio la permanencia de los gravámenes instaurados inicialmente durante la gestión de Donald Trump. Ante este escenario, Pekín subrayó que se encuentra analizando las repercusiones de dicha sentencia y que el país «protegerá firmemente sus intereses», según la información difundida por el organismo en su portal institucional. La administración china respondió así a la anulación de los aranceles que se amparaban en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA).
La postura oficial del Gobierno chino es contundente al exigir a la administración en Washington la «cancelación de sus medidas arancelarias unilaterales sobre sus socios comerciales». Esta demanda se produce en el contexto de la implementación de nuevos impuestos bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Esta normativa otorga al Ejecutivo estadounidense la potestad de aplicar tasas que podrían alcanzar el 15% por un lapso preliminar de 150 días. Según detalló la cartera de comercio, una vez concluido este periodo, cualquier extensión de estos aranceles dependerá obligatoriamente del visto bueno del Congreso de Estados Unidos.
Críticas al proteccionismo comercial
Por su parte, el vocero del Ministerio de Comercio dejó clara la postura de rechazo total frente a cualquier incremento tarifario de carácter unilateral. El funcionario enfatizó que
“en una guerra comercial nadie gana y que el proteccionismo no conduce a ninguna parte”
. El comunicado también destaca que las acciones de Washington, que incluyen tanto impuestos de represalia como los dirigidos específicamente al fentanilo, representan una transgresión a las normativas internacionales y a la propia legislación estadounidense. Para el gigante asiático, este tipo de medidas no generan beneficios tangibles para ninguna de las naciones involucradas.
De igual manera, se advirtió que la actual confrontación en el ámbito mercantil está socavando los vínculos bilaterales entre las dos superpotencias. El reporte oficial insiste en que estas tensiones perjudican el crecimiento de ambas economías, motivo por el cual China mantendrá una vigilancia estrecha sobre cualquier movimiento futuro de Estados Unidos. La autoridad ministerial precisó que la administración estadounidense podría estar considerando «medidas alternativas, como investigaciones comerciales», con el objetivo de hallar formas de sostener los aranceles previamente fijados.
El régimen liderado por Xi Jinping sostiene que el gobierno estadounidense persiste en una dirección proteccionista al recurrir a la Ley de Comercio de 1974, luego de que la base legal previa fuera invalidada por la justicia. Según la visión de Pekín, el hecho de que Washington apele a mecanismos legislativos distintos para evitar el levantamiento de las restricciones comerciales es una prueba de su intención de perpetuar los gravámenes mediante diversas tácticas y estrategias legales alternativas.
En lo que respecta al orden comercial global, el Ministerio reafirmó que China es un firme defensor del libre comercio y se opone tajantemente a cualquier política que pueda considerarse discriminatoria o que ignore las reglas fijadas por las organizaciones multilaterales. Frente a la imposición de sanciones y tasas unilaterales, especialmente las vinculadas a sectores críticos, el país asiático aseguró que intensificará el uso de sus herramientas diplomáticas y jurídicas para resguardar su economía.
Finalmente, el Ministerio de Comercio de China reiteró que no dudará en implementar las acciones que considere proporcionalmente necesarias si Estados Unidos persiste en mantener o elevar las barreras comerciales. Las autoridades chinas advirtieron que la protección de los intereses económicos del país es una prioridad y que cualquier intensificación de las fricciones comerciales representa un riesgo directo para la estabilidad de la relación entre Pekín y Washington.
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